El gran espía estadounidense acecha a Europa
EDUARDO FEBBRO| Sólo nos queda el espejo de nuestro propio desencanto. Y cierta tristeza humana y “geopolítica” a la hora de constatar que, frente al gran espía universal norteamericano vestido con el ropaje de la democracia, los europeos no sólo dieron muestras de una espantosa cobardía frente a Estados Unidos sino, también, que toda su potencia económica, todo su espacio comunitario, todo su Banco Central y su euro ni siquiera les sirvieron para crear un contrapeso numérico al lado del alucinante poderío norteamericano.