Argentina, cada vez más involucrada en el conflicto EEUU vs Irán

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Argentina reforzó su alineamiento con Estados Unidos e Israel al declarar al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán como organización terrorista, decisión que extiende a todo el cuerpo lo que en enero ya había hecho con su fuerza de élite, la Fuerza Quds. La medida responde, según el Gobierno, a la necesidad de adaptar la política de seguridad a la amenaza del terrorismo internacional y se apoya en antecedentes de investigaciones por los atentados a la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, que nunca fueron verificados.

El anuncio se conoció tras un pedido directo del ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, que había planteado en reuniones con autoridades argentinas la urgencia de que la Guardia Revolucionaria iraní fuera incluida en los listados de organizaciones terroristas. La decisión se suma a la previa declaración como terroristas de la Fuerza Quds y del grupo palestino Hamás, lo que consolida un giro de la política exterior argentina hacia posiciones alineadas con Washington y Jerusalén.

El decreto implica la incorporación formal del Cuerpo de Guardianes en el registro nacional de organizaciones terroristas y habilita sanciones financieras contra la estructura y los individuos asociados. Entre las medidas figuran el congelamiento de activos, límites operativos sobre movimientos de fondos y mayores controles para impedir que el sistema financiero argentino sea utilizado para canalizar recursos hacia actividades consideradas terroristas.

Teherán rechazó la decisión, la calificó de inaceptable desde el punto de vista del derecho internacional y defendió a la Fuerza Quds y al resto de la Guardia Revolucionaria como componentes de sus fuerzas armadas regulares. El portavoz de la cancillería iraní, Ismail Baghaei, advirtió que la medida “recibirá una respuesta adecuada” y abrió así un nuevo frente de tensión diplomática entre Irán y la Argentina.

Israel, en cambio, celebró la decisión del presidente Javier Milei y la presentó como un avance en la lucha global contra el terrorismo, destacando la sintonía con otras potencias occidentales que ya habían sancionado a la Guardia Revolucionaria. En Buenos Aires, el Gobierno enmarcó la medida en su estrategia de reposicionar al país en la agenda de seguridad internacional y en el reconocimiento a las víctimas de los atentados de los años noventa, aún bajo investigación en la justicia local.