Fracking en México, más dependencia y devastación
Silvia Ribeiro
El 5 de mayo 2026 se realizó en la UNAM el foro “¿ Fracking en México?”, convocado por un amplio espectro de redes y alianzas, entre ellas la Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (Renacer), la Alianza Mexicana contra el Fracking (más de 40 organizaciones que llevan años trabajando en el tema), la campaña Agua para tod@s, la Contraloría Nacional Autónoma del Agua, la Organización Nacional de Comités de Ordenamiento y Defensa del Territorio (Onodet) y la red de científicos Contratox. Contó con dos mesas, una de científicos y científicas y otra de comunidades afectadas y amenazadas por la expansión del fracking.
Son un resumen muy útil para informarse –incluso sin conocimientos previos– sobre qué es y qué problemas trae el fracking y conocer la visión de las comunidades afectadas.
Acudieron comunidades de la Huasteca potosina y veracruzana, de Coahuila, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo y Puebla. Rogel del Rosal, de la Contraloría del Agua en la Huasteca Potosina, compartió que más de 400 comunidades en esa área han sesionado varias veces y no permitirán que allí se expanda el fracking. “Quieren decidir sobre nuestra tierra, nuestra agua y nuestra vida, pero no nos toman en cuenta” denunció Del Rosal, y agregó que las comunidades no están representadas en el panel de expertos que convocó la Presidencia.
Luca Ferrari, del Centro de Geociencias de la UNAM, explicó que la fractura hidráulica es una forma extremadamente onerosa de obtener pocos recursos energéticos. Hay que abrir 100 pozos de fracking para producir lo mismo que uno de petróleo. Además, la vida útil de esos pozos es muy breve: al tercer año sólo producen 10 por ciento de lo que se extrajo el primer año. Para compensar la caída de producción se abren pozos nuevos todo el tiempo, por lo cual la ocupación de territorio –y la contaminación– es muy alta.
Debido al rápido declive, no es una respuesta a largo plazo, quizá sólo para una década, estimó Ferrari. Requiere enormes volúmenes de agua, cientos de sustancias químicas tóxicas y gran despliegue de infraestructura y técnicas específicas que no se manejan en México, por lo que la explotación la deberán hacer empresas extranjeras, las mismas que producen gas con fracking en Estados Unidos y lo exportan a México. La inversión que se requiere es muy alta, por lo que no es económicamente viable; solamente funciona con subsidios. Ya sucede así en Estados Unidos e igual será en México.
Sesenta por ciento del gas en México va para la industria, sobre todo para la de exportación; no es para cubrir necesidades de la población. Urge revisar a qué y a quiénes se dedica la energía y cómo cubrir las necesidades de México con fuentes renovables que no generen más dependencia.
Beatriz Olivera Villa, de Engenera AC, explicó que, además de pozos, se requieren una gran cadena de infraestructura, muchos lagos contaminantes de aguas residuales tóxicas, centros de procesamiento, transporte y gasoductos, por lo que la inversión necesaria para los pozos de fracking proyectados es de dos a cuatro veces el total del presupuesto de Pemex. ¿Quién pagará esto?
Manuel Llano Vázquez, de Cartocrítica, agregó que el uso de agua para el fracking es de entre 8 y 80 millones de litros anuales por pozo, volumen que aumenta cada año, al inyectarse cada vez a mayor profundidad. La demanda de agua para los prospectos de fracking en México va de 50 a 100 por ciento del agua disponible en esas cuencas y acuíferos; en zonas áridas es más de la que existe disponible. Es agua limpia que se contamina con compuestos químicos, muchos de ellos tóxicos, cancerígenos o radiactivos.
Yolanda Pica, experta en agua y toxicología, de Contratox, explicó que no existe nada “sustentable” en el fracking. Las nuevas técnicas consisten en la posible reinyección de aguas residuales; esto sólo es posible en un rango de 40 a 70 por ciento y no dejan de ser tóxicas. Agregó que esas técnicas se desarrollaron para optimizar la ganancia, no la sustentabilidad, y si no son rentables, las empresas no las aplicarán.
Andrés Barreda, de la Facultad de Economía y de Renacer, explicó que el fracking nunca fue una técnica neutra: fue desde el origen un instrumento creado por Estados Unidos como arma geopolítica para sobreponerse a su crisis de acceso al petróleo. Está subsidiado con inmensas cantidades de dinero público para asegurar las ganancias de las empresas que lo controlan en Estados Unidos, que serán las mismas que lleguen a México, ya que México no tiene la capacidad.
Avanzar el fracking en México es subsidiar a las empresas que ya devastaron Texas y otros estados y transferir a nuestro país los costos ambientales y sociales. No es aumentar la soberanía energética ni nacional, sino lo contrario, es favorecer a empresas estadunidenses, aumentando exponencialmente los impactos en comunidades envenenadas y creando nuevas zonas de sacrificio.
* Investigadora uruguayho-mexicana del grupo ETC