Cinco puntos claves de la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump

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Guillermo Abril-Macarena Vidal Liy

 

Los líderes de Estados Unidos y China se verán las caras esta semana en Pekín para tratar de extender la frágil tregua comercial sellada en octubre

Ante la inminente visita a Pekín del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el Ministerio de Exteriores de China ha desempolvado un viejo concepto soviético de la Guerra Fría: “la coexistencia pacífica”. Así están las cosas entre las dos superpotencias: “El mundo es demasiado pequeño como para que China y Estados Unidos se enfrenten”, plantea un vídeo propagandístico, cargado de subtexto, publicado el lunes por la Cancillería del gigante asiático.

 

La esperada cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, los líderes de las dos mayores economías del mundo, se celebrará entre el miércoles y el viernes y supone el primer viaje de un presidente estadounidense a Pekín en casi nueve años. Solo tras la masacre de Tiananmen en 1989 se produjo un paréntesis semejante hasta que ambos países retomaron relaciones diplomáticas.

El encuentro podría verse como un nuevo episodio de una antigua batalla: fue el propio Trump el último en visitar la capital china en 2017. Entonces, en su primer mandato, llevaba apenas nueve meses en el cargo. Acudió a Pekín con quejas por el “insostenible” desequilibrio comercial, quedó deslumbrado por el “despliegue impresionante” de su anfitrión y, al regresar, desató una guerra comercial que ha llegado hasta nuestros días.

Esta vez, la cita sigue la frágil entente sellada entre ambos mandatarios en Busán (Corea del Sur) el pasado octubre, tras un año de cañonazos comerciales en el que Pekín y Washington dieron muestras de que cuentan con armas como para hacerse un considerable agujero la una a la otra, una suerte de “destrucción mutua asegurada”, por seguir con la nomenclatura de la era soviética ―aunque, en este caso, en términos económicos―, con capacidad de arrastrar al precipicio a buena parte del planeta.

La visita en cualquier caso será previsiblemente un momento de alta pompa y circunstancia en el que la República Popular tirará la casa por la ventana para agasajar a su invitado. En circunstancias complicadas, eso sí. La guerra en Irán ―gran proveedor petrolero de Pekín― ha introducido un nuevo factor espinoso en una relación bilateral tan tensa como imprescindible para ambos.

Trump y Xi, durante su encuentro en Busan el pasado octubre
Estados Unidos llega a la reunión en una posición diferente a la que le hubiera gustado, en un momento de relativa debilidad: la guerra en Oriente Próximo ha impactado en las alianzas con sus socios en Europa y Asia, la confianza de los aliados en Washington se ha debilitado, sus arsenales se han visto reducidos y la impopularidad de la ofensiva presiona a Trump para conseguir un acuerdo con Teherán.

El republicano puede necesitar la ayuda de Pekín, algo que pone a Xi en situación de ventaja. Por su parte, China pretende establecer una etapa de estabilidad estratégica en la relación entre los dos colosos, al tiempo que promueve sus prioridades: Taiwán ―sobre todo―, los aranceles y, en general, el comercio.

La guerra en Irán

El conflicto en Oriente Medio ya obligó a posponer la cita, que había estado prevista inicialmente para mediados del pasado abril. El presidente estadounidense llega ahora con el conflicto convertido en una herida abierta que necesita cerrar: las subidas del combustible y el descontento de los ciudadanos ponen en peligro en noviembre, según los sondeos, el dominio republicano de ambas cámaras del Congreso. Y con él, la capacidad de desarrollar la agenda política presidencial.

Trump puede necesitar la ayuda de Xi para conseguir que Irán acceda a un acuerdo, para cesar cualquier transferencia de armamento a Teherán y para que Pekín consienta en reducir o eliminar sus compras de crudo procedente de la República Islámica. Pero, a su vez, China también se ve perjudicada por la continuación de la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz. “Hasta qué punto Irán sea dominante en esta cumbre será clave para ver qué resultados concretos y qué acuerdos se cierran en ella”, explica Brett Fetterly, de la consultora The Asia Group (TAG).

Abbas Araghchi

El cara a cara viene precedido por la visita a Pekín, la semana pasada, del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, que perfiló el ascendente que el gigante asiático tiene sobre Teherán. Araghchi agradeció los “esfuerzos incansables” del Gobierno chino por evitar que la crisis se desborde, y mostró confianza en alcanzar una solución al estrangulamiento de Ormuz: la cuestión, afirmó, “podría resolverse a la mayor brevedad”.

 

Taiwán

Es, seguramente, el asunto fundamental de esta visita para China. Pekín podría buscar que Trump cambie el lenguaje oficial con el que Estados Unidos se refiere a la isla de régimen democrático para utilizar términos más favorables a la posición de la República Popular, que se atribuye la soberanía de Taiwán y que no renuncia al uso de la fuerza para lograr la anexión.

“Querrían que dijera algo como que se opone a la independencia de Taiwán, o que apoya la unificación pacífica. Y les encantaría que dijera algo que pudiera socavar la autoridad del presidente [taiwanés] Lai Ching-Te”, apunta Melanie Hart, antigua asesora sobre China en el Departamento de Estado de EE UU y actualmente con el think tank Atlantic Council.

Soldados taiwaneses posan con una bandera de Taiwán en unos ejercicios militares en Taichung el pasado 27 de enero

No conviene subestimar la relevancia que le da el Gobierno chino a este asunto. “La cuestión de Taiwán constituye el núcleo de los intereses fundamentales de China y la base política de las relaciones entre China y Estados Unidos”, aseguraba la semana pasada Lin Jian, portavoz chino de Exteriores. Reclamó a Washington el respeto absoluto del ambiguo corpus de acuerdos que rigen el statu quo: “una condición indispensable para garantizar un desarrollo estable, sano y sostenible” de los lazos. Es previsible que Xi presione a Trump para retrasar o reducir la venta de armamento estadounidense a Taipéi.

“Voy a mantener esa conversación con el presidente Xi”, declaró el lunes el republicano al ser interrogado por la prensa sobre el apoyo a Taiwán en materia de defensa. “Al presidente Xi no le gustaría que lo hiciéramos”, dijo.

Comercio, aranceles y tierras raras

La corriente que se mueve bajo la superficie de la cumbre es, en gran medida, comercial. Los dos líderes se dieron un respiro en octubre tras llevar la pugna arancelaria a un nivel estratosférico, y después de que Pekín mostrara, con sus restricciones a la exportación de tierras raras, que tiene capacidad de réplica de sobra. En la capital china cunde la sensación de victoria en la batalla tarifaria, pero también de que, en cualquier momento, puede regresar la contienda.

Spotlight on Rare Earths, Soybeans as US-China Trade Talks Loom
Scott Bessent y He Lifeng conversarán sobre tierras raras

Para calentar motores de cara a la cumbre, los enviados comerciales de ambos países, Scott Bessent y He Lifeng, tienen prevista una nueva ronda de negociaciones en Corea del Sur este miércoles. “La reunión de última hora aumenta las perspectivas de que el viaje de Trump dé lugar a resultados positivos y sustanciales”, valoraban los analistas de Trivium China en un reciente boletín. Servirá para concretar acuerdos y rebajar la presión de los líderes en el cara a cara.

A Trump lo acompañará además una delegación de primeros espadas de las multinacionales estadounidenses, entre los que figuran Tim Cook (Apple) y Elon Musk (Tesla), ambos con muy buena relación con el Gobierno chino, lo que subraya la dimensión económica de la cita.

China “intentará, en la medida de lo posible, conseguir que Estados Unidos desista de algunas de sus acciones, tanto en lo que respecta a aranceles como a investigaciones sobre las prácticas comerciales chinas bajo el artículo 301 [con el que Trump busca imponer una nueva ronda arancelaria]. Si se pueden conseguir acuerdos en los que China haga adquisiciones sustanciales de productos de vacuno o agrícolas, de porcino, de aviones Boeing, Pekín querrá obtener cosas a cambio de ello”, agrega Kurt Campbell, fundador de la consultora TAG y antiguo secretario de Estado adjunto durante la Administración del demócrata Joe Biden.

Washington aspira a conseguir que China se comprometa a la compra, entre otras cosas, de más de 500 aviones Boeing. También de productos agrícolas como el vacuno o la soja, algo que daría un impulso al sector agrícola y ganadero en los Estados rurales que representan la gran base electoral republicana. Trump también espera conseguir la cooperación de Pekín en cuestiones como las tierras raras y el tráfico de fentanilo. Estos acuerdos, que dulcificarían la relación, serán clave.

Ganar tiempo

“Mi impresión es que Pekín pretende ganar tiempo, margen de maniobra y alivio de la presión estadounidense para poder fortalecerse ante la próxima ronda de disputa con Estados Unidos”, valora Jon Czin, director para China del Consejo de Seguridad Nacional también en la era Biden, en una charla en línea con corresponsales. En su opinión, ambos líderes tienen interés en transmitir que el resultado del encuentro ha sido “positivo”.

Por parte de Estados Unidos, gran parte de la lógica que sustenta el actual acercamiento diplomático consiste también en ganar tiempo para fortalecer la resiliencia interna en lo que respecta a las tierras raras: una de las principales inquietudes de la administración Trump es que China pueda reimponer controles a las exportaciones, algo que supondría un duro golpe a la actual estabilidad estratégica de la relación.

Inteligencia artificial

La IA podría estar en la agenda de la cumbre, de acuerdo con algunos medios como The Wall Street Journal. El objetivo de las discusiones sería establecer medidas de seguridad antes de que se produzca una crisis, abordar los riesgos que plantean modelos de IA que se comportan de forma imprevista, los sistemas militares autónomos o los ataques de actores no estatales. Algunos analistas consideran, sin embargo, poco probable un diálogo significativo: “La falta de confianza entre ambas partes es profunda. Y siguen empeñadas en superarse mutuamente”, aseguran desde Trivium. “Es poco probable que ninguna se muestre dispuesta a ceder”.

*Corresponsales en Pekín y Washington el El País de España