La Argentina de Milei: crece el consumo de carne de guanaco

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La comercialización de carne de guanaco en Argentina se instaló como una consecuencia directa del modelo Milei, que dejó en mínimos históricos el consumo de carne vacuna y forzó a muchos hogares a buscar alternativas más baratas. En ese contexto de caída del poder adquisitivo y encarecimiento de los cortes tradicionales, este producto exótico comenzó a ganar visibilidad y llegó a las góndolas de varias provincias como opción de reemplazo.

La carne de guanaco en Argentina empezó a ofrecerse de manera formal en regiones patagónicas como Santa Cruz y Chubut, con precios que rondan los 6.500 pesos por kilo en combos familiares, muy por debajo de los valores de la carne vacuna, que en algunos casos superan los 25.000 pesos por kilo. El desembarco de esta proteína, hasta ahora marginal para la mayoría de los argentinos, despertó interés por su valor nutricional —alto en proteínas y bajo en grasas— y por su rol como alternativa ante bolsillos golpeados.

El impacto de la crisis cárnica bajo Milei

Según informes recientes, el consumo de carne vacuna cayó a un piso de entre 47,3 y 49,9 kilos por habitante al año a comienzos de 2026, el nivel más bajo en dos décadas, en buena medida por la combinación de inflación, liberación de precios y ajuste del modelo Milei. El encarecimiento acelerado de la carne de vaca, con subas de hasta 40% en pocos meses, empuja a muchos consumidores a reemplazarla por pollo, cerdo y ahora por opciones más polémicas como el guanaco o incluso el burro.

En este escenario, la carne de guanaco se presenta en góndolas y carnicerías como una opción “más económica”, con campañas que destacan su origen local y su aporte proteico frente a la imposibilidad de muchas familias de sostener el consumo tradicional de asado, milanesas y guisos con carne vacuna. Para sectores críticos, esa normalización del consumo de especies silvestres es también una postal del deterioro socioeconómico bajo el actual modelo, en un país que se definía orgullosamente como “el país de la vaca”.

Debate ambiental y sanitario

El avance de la carne de guanaco reavivó viejas discusiones sobre el manejo de la especie, que en provincias como Santa Cruz y Tierra del Fuego alterna entre ser considerada recurso aprovechable y patrimonio a proteger. En años anteriores, normas que habilitaron la caza y la industrialización del guanaco ya habían sido objeto de polémica entre científicos y ambientalistas, que alertaban sobre el riesgo de sobrecaza y de alteración del equilibrio con la ganadería ovina.

Especialistas advierten, además, que la faena de fauna silvestre exige mataderos específicos, protocolos de trazabilidad y controles sanitarios reforzados, algo que no siempre está garantizado en un contexto de urgencia económica y recortes presupuestarios. La pregunta de fondo es si el Estado, en plena aplicación del programa de ajuste, puede fiscalizar con rigor un mercado emergente que combina alta exposición mediática, presión económica y una demanda en expansión.

Una polémica que refleja el momento del país

En redes sociales, videos virales ironizan con que “en el país de la vaca ahora comemos guanaco”, mientras otros defienden la iniciativa como una forma pragmática de aprovechar una especie de la que se denuncia superpoblación en algunas zonas patagónicas. La aparición simultánea de carne de guanaco y de burro en ferias y mercados del interior alimenta el rechazo de parte de la población, poco familiarizada con estas opciones y golpeada por la pérdida de poder de compra.

Más allá de la grieta entre detractores y defensores, la carne de guanaco en Argentina ya está instalada en el mercado formal y se convirtió en símbolo de un giro forzado en la dieta nacional, impulsado por la crisis del modelo Milei. La discusión promete seguir creciendo a medida que este producto salga de la Patagonia e intente conquistar el paladar —y el bolsillo— de consumidores de grandes centros urbanos como Buenos Aires y el Gran Rosario, donde la carne vacuna era hasta hace poco un rasgo de identidad cotidiana.