El avance evangélico redefine el poder y también el fútbol en Brasil

Juraima Almeida

El declive contemporáneo de la selección brasileña de fútbol dejó de ser una mera crisis deportiva para consolidarse como el síntoma más nítido de una profunda mutación demográfica y política. El mal momento que atraviesa la selección de Brasil no solo ha provocado críticas por sus resultados, sino también un intenso debate sobre las razones detrás del aparente fin del histórico jogo bonito.

La inesperada y prematura eliminación de Brasil en los octavos de final del Mundial 2026 ante Noruega no solo dejó en shock al planeta fútbol, sino que desató una profunda crisis de identidad en el país sudamericano. Más allá de los análisis estrictamente deportivos, una fascinante teoría socio-religiosa viene ganando fuerza entre especialistas para intentar explicar el declive sostenido de la selección más ganadora de la historia, vinculando directamente los cambios demográficos y culturales del país con el rendimiento dentro de la cancha.

De acuerdo con el informe elaborado por Ricardo Lobato llamado «El ocaso de la inventiva: cómo el discurso explica la (nueva) matriz brasileña» («The twilight of inventiveness: how the pitch explains the (new) brazilian matrix»), publicado el 8 de julio de 2026,la reciente eliminación ante Noruega en los octavos de final del Mundial 2026 expuso una fractura identitaria. El análisis revela cómo la histórica matriz sincrética, que combinaba devoción católica con ritmos populares, fue suplantada por la Teología de la Prosperidad en un año electoral decisivo.

Del “Joga Bonito” a la disciplina evangélica. La premisa sugiere que el cambio en la demografía religiosa de los futbolistas brasileños ha alterado la “idiosincrasia” del equipo. Tradicionalmente, el catolicismo, con sus figuras protectoras y santos populares, convivía con una cultura de alegría, improvisación y cierta relajación que, según los defensores de esta teoría, alimentaba el mítico Joga Bonito.

El argumento sostiene que el auge del evangelismo en el vestuario —donde la disciplina, la sobriedad y un enfoque de vida más conservador son pilares— ha influido en la dinámica grupal:

  • Transformación de la personalidad: Se argumenta que la nueva cultura religiosa fomenta una actitud más introspectiva y rígida, lo cual, para algunos críticos, limita la espontaneidad y la audacia necesaria para el desborde creativo en el último tercio del campo.
  • El culto al liderazgo individual: Dentro de este nuevo paradigma, algunos analistas ven una tendencia donde el brillo individual se sobrepone al colectivo, centrando la fe y el éxito en la figura de un solo jugador, lo que podría desestabilizar la armonía táctica necesaria.Transição religiosa: evangélicos serão maioria nos próximos dez anos

El contraargumento: La profesionalización vs. la cultura. Es necesario analizar esta teoría con cautela. Si bien es un hecho que la influencia evangélica es notablemente mayor en la Seleção actual que hace 30 años, atribuir el declive futbolístico exclusivamente a una cuestión de fe puede ser una simplificación peligrosa.

  • Factores estructurales: El declive de Brasil responde a una combinación de factores mucho más complejos: la exportación temprana de talento, la pérdida de identidad táctica frente a sistemas europeos hiper-organizados y la falta de continuidad en procesos de selecciones nacionales.
  • Profesionalismo no es falta de creatividad: La disciplina y la sobriedad, lejos de ser impedimentos, son rasgos presentes en selecciones altamente exitosas. El problema de Brasil podría no ser su religión, sino su dificultad para adaptar su talento tradicional a las exigencias tácticas y físicas de la élite contemporánea.

¿Qué sigue?

La religión en el fútbol brasileño es un tema tan pasional como el propio deporte. Aunque la transformación sociológica en el país es real y se refleja en sus vestuarios, intentar buscar en la Biblia la respuesta a las carencias tácticas del equipo es ignorar los problemas de fondo.

El politólogo, consultor y podcaster latinoamericanista Elvin Calcaño publicó un extenso hilo en la red social X en el que plantea una hipótesis que rápidamente se viralizó: el avance del evangelismo en Brasil habría transformado la identidad cultural de su futbol y, con ello, parte de las características que hicieron de la canarinha una potencia mundial.

De acuerdo con Calcaño, el futbol brasileño estuvo históricamente ligado a una cultura marcada por el sincretismo entre el catolicismo y las religiones de origen africano, una mezcla que —afirma— se reflejaba en un estilo de juego creativo, alegre y colectivo. Sostiene que, conforme el evangelismo ha ganado presencia entre los futbolistas brasileños, esa identidad cultural también habría cambiado:selección de brasil

1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando Brasil arrasaba en los mundiales sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo. Pero así era cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño. Hoy los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos.

Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad. Es decir, acaba con el fútbol-fiesta. Los actuales jugadores de la selección brasileña llegan rezando a los partidos…Ahora tocar los tambores e invocar los santos del sincretismo afrobrasileño es cosa del diablo. Está muy mal visto. Se volvieron tristes, marciales y predecibles. Tanto en sus vidas como en la cancha.

Jugadores cristianos brasileños. Foto: Reproducción.
Alisson Becker, Pedro Guilherme y David Luiz son algunos ejemplos de atletas que atribuyen el éxito de su carrera a Dios

2. En el catolicismo cuando uno se equivoca o le va mal debe reflexionar y buscar causas para mejorar. En la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el mundial es porque Dios así lo quiso. Y si pierden estrepitosamente como ahora es porque los tiempos de Dios son perfectos…En tales condiciones el jugador nunca es responsable, en última instancia, de los malos resultados. Se busca ganar y mejorar, pero siempre pensando en que pase lo que pase todo está en manos de Dios quien de antemano determina lo que va a pasar.

3. El evangelismo que llega a Brasil (y al resto de América Latina) es individualista. Es una religiosidad que articula la noción calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios, con la teología de la prosperidad neopentecostal. El evangélico privilegia lo individual frente a lo colectivo. La salvación es de cada uno. El fútbol brasileño de los Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romario, Rivaldo y Ronaldinho (cuando Brasil era insuperable en la cancha) tenía un componente profundamente colectivo tanto en su aspecto táctico como estético. Cosa muy difícil de cultivar hoy en jugadores evangélicos que se ven a sí mismos como actores individuales cada uno en búsqueda de su salvación privada.

4. El evangelismo es severo y castigador. Mientras que el catolicismo (sincrético) que imperaba en Brasil era abierto y matizado. Esto amplía la creatividad y la búsqueda de distintas opciones. El futbolista brasileño del jogo bonito era ante todo creativo. Veía los partidos cerrados como algo a superar creando e inventando jugadas. Hoy, con jugadores evangélicos, la selección brasileña luce predecible y sin imaginación.

Los datos cuantitativos presentados por Lobato reflejan un cambio drástico en la composición social de la nación vecina. En 1970, la población evangélica representaba apenas el 5,2% del total, con unos 4,91 millones de personas y una presencia nula en el plantel nacional. Para el año 2002, cuando Brasil alcanzó su quinta estrella en el Mundial, la cifra ascendió al 15,4% y convivía en un ambiente ecuménico donde figuras como Kaká y Lúcio se integraban sin tensiones.

El fino volante brasilero Kaká es un ferviente seguidor de la fe evangélica. Foto: Twitter @KAKA
El volante Kaká es un ferviente evangélico.

Sin embargo, las proyecciones para 2026 según este informe indican que los evangélicos alcanzan el 26,9% de la población total (unos 57,43 millones de fieles según el censo de 2022) o hasta un 35,8% según las proyecciones de mercado, consolidando una hegemonía abrumadora de 14 futbolistas sobre 23 en la plantilla actual.

Esta transición alteró por completo la convivencia interna del seleccionado. Lovato advierte que ritmos tradicionales como el pagode y el samba fueron «sistemáticamente silenciados en el vestuario» por prejuicios de los jugadores que los asocian a raíces afrobrasileñas. «El joven atleta surgido de las periferias urbanas pobres experimenta una mutación sociológica profunda al alcanzar la riqueza», detalla el documento, explicando el abandono de los lazos comunitarios en favor de la ostentación.

De las canchas periféricas a la cima del poder financiero

Según Lobato, la transformación del fútbol no es un fenómeno aislado, sino la manifestación visible de un proyecto integral: el ecosistema neopentecostal, originado en los suburbios de las grandes metrópolis y el Distrito Federal a mediados de la década de 1980 mediante iniciativas como «Atletas de Cristo», funcionó como una plataforma de lanzamiento institucional. En un lapso de cuarenta años, explica, esa red trepó desde los templos comunitarios hasta los pasillos del Congreso Nacional y los centros de decisión corporativa.

Flavio Bolsonaro y Daniel Vorcaro

La penetración en la avenida Faria Lima, el corazón financiero de San Pablo, marcó el punto de maduración de esta estructura como una fuerza macroeconómica. El control de entidades bancarias digitales por parte de la Iglesia Universal del Reino de Dios ejemplifica, según Lobato, una inédita acumulación de capital líquido.

Esta red opera en alianza con operadores de alto perfil, entre los que destaca el rápido ascenso del Banco Master conducido por Daniel Vorcaro. Vorcaro inyectó, según Lobato, 300 millones de reales para quedarse con más del 20% de las acciones de la Sociedad Anónima de Fútbol (SAF) del Atlético Mineiro, garantizando su participación directa en la gestión del fútbol profesional.

Política y las redes de radiodifusión

El informe traza una línea histórica entre el Brasil modernista de 1958 y la  realidad actual. Durante la primera victoria mundialista, el Estado aprovechó el optimismo de la obtención del campeonato para apuntalar el Plan de Metas de Juscelino Kubitschek. Los dirigentes de aquella gesta, como Paulo Machado de Carvalho, sufrieron décadas más tarde el ahogo financiero de sus corporaciones mediáticas. En 1989, debilitada por las deudas, la familia de Machado de Carvalho y su socio Silvio Santos vendieron la cadena Rede Record por 45 millones de dólares al obispo Edir Macedo.

La transacción representó un punto de inflexión civilizatorio, explica Lobato, que facilitó la destrucción física de símbolos tradicionales en los estudios televisivos para imponer una nueva agenda cultural. En la actualidad, las inversiones

Os Careca: Edir Macedo,
Edir Macedo, obispo de la Iglesia Universal delo Reino de Dios

evangélicas se extienden con fuerza: Vorcaro destinó otros 30 millones de reales a la Liga Forte União (Futebol Forte União), bloque que gestiona los intereses comerciales de 35 equipos nacionales y mantiene contratos multimillonarios de transmisión vigentes hasta 2029 con plataformas digitales y cadenas tradicionales.

Lobato remarca que «el fútbol es la manifestación más clara de algo más amplio: el proyecto de poder neopentecostal en Brasil. Y afirmar que hay un plan más amplio detrás de todo ello no es ningún secreto de Estado ni nada oculto; los propios líderes evangélicos lo dicen abiertamente».

Para luego sumar: «El movimiento ha tenido como objetivo constante una ocupación generalizada y transversal de los cimientos culturales, políticos y económicos de la nación. Esta trayectoria responde precisamente a la pregunta sobre la macroinfluencia del neopentecostalismo en la república: se trata de un impulso manifiesto y sistémico por controlar los mecanismos de la notoriedad y el poder».

En ese punto señala que observar a la actual selección de fútbol «es como mirarse en el espejo de una sociedad que lucha por establecer un proyecto unificador, pero que sigue profundamente polarizada a pesar de los intensos reajustes políticos que se han producido en los últimos cuatro años».

Mientras que la red neopentecostal, en pleno auge, impulsa sistemáticamente su proyecto a través del poder legislativo, los medios de comunicación y el sector financiero bajo la bandera de la ‘teología de la prosperidad’, otros segmentos de la colectividad actúan sin una contranarrativa cohesionada». Lobato cierra el tema con una fuerte advertencia: «En el contexto de alto riesgo del ciclo electoral de 2026, este desequilibrio se vuelve imposible de ignorar. Una nación que carece de una visión sincronizada y global para su futuro ve inevitablemente cómo sus espacios estratégicos son ocupados por las instituciones más organizadas, pragmáticas y con mayor capitalización disponibles».

Sigue el debate sobre el hecho de lo que consideran son los efectos nocivos del evangelismo en la identidad de su fútbol. Porque ese debate puede extrapolarse a muchos otros ámbitos de esa sociedad. Y, por tanto, a cualquier otro país latinoamericano donde el evangelismo haya sustituido a la matriz católica (sincrética) como religiosidad mayoritaria. Al final, estos discursos de odio, vaciamiento democrático y destrucción de lo público que vemos en nuestros países no vienen de la nada.

*Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)