Operaciones regionales de injerencia electoral
Jorge Elbaum – Pagina12
América Latina y el Caribe atraviesan un nuevo recrudecimiento de la ofensiva neocolonial. Su matriz aparece descripta en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación (G4G), una modalidad híbrida de intervención que ya no se limita al terreno militar. Uno de sus frentes principales apunta a condicionar los procesos electorales de la región mediante presiones económicas, maniobras financieras y operaciones mediático-culturales.
En esa lógica, el objetivo no es derrotar a las fuerzas armadas de un país, sino erosionar su capacidad soberana hasta convertirlo en una entidad incapaz de decidir sin consulta, aprobación o beneplácito de los centros de poder global de Occidente.
Esta forma de conflagración amplía el campo de batalla: convierte en objetivos legítimos no solo a los enemigos declarados, sino también a oponentes, competidores e incluso súbditos. Su finalidad es imponer sometimiento, dependencia, resignación, tutela y vasallaje. La G4G fue conceptualizada en 1989 por William Lind y otros oficiales del Pentágono, y reaparece hoy como soporte operativo de la Doctrina Donroe, presentada por Donald Trump a fines de 2025. Entre sus recursos centrales figuran las iniciativas de disociación cognitiva, orientadas a separar a las ciudadanías de los soportes identitarios que sostienen la noción de soberanía nacional.
El antecedente de Cambridge Analytica, contratada por la derecha doméstica para favorecer el triunfo electoral de Mauricio Macri en 2015, anticipó dos filtraciones recientes de alto impacto: HondurasGate y Proyecto Jupiter. Ambas operaciones, orientadas a hackear la voluntad de distintos segmentos electorales, exhiben la persistencia de la injerencia estadounidense y el papel de empresas que actúan como mascarón de proa de los intereses imperiales. El HondurasGate remite a la filtración de audios —WhatsApp, Signal y Telegram— que exponen conversaciones entre referentes de la derecha hondureña y que comenzaron a circular a fines de abril de 2026.
Entre los interlocutores figuran el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (foto) y el actual mandatario de ese país, Nasry Asfura. Las conversaciones describen un plan internacional para incidir de manera subrepticia en la política hondureña y financiar ataques mediáticos contra gobiernos de izquierda en América Latina, especialmente contra México, Brasil y Colombia. Claudia Sheinbaum confirmó haber escuchado los audios y denunció la existencia de “una derecha internacional vinculada con grupos de España, Estados Unidos, Argentina y otros países” dedicada a difundir noticias falsas. Pocos meses antes, el 1 de diciembre de 2025, Hernández había sido indultado por Donald Trump de la condena a 45 años de prisión que recibió por introducir 500 toneladas de cocaína en los Estados Unidos.
La campaña electoral hondureña también mostró el peso creciente de las plataformas sociales apalancadas por inteligencia artificial. Según los audios filtrados, esas herramientas contribuyeron de manera decisiva al fraude que impidió la continuidad en el gobierno del partido de la entonces presidenta Xiomara Castro. Los diálogos del HondurasGate revelan además el financiamiento destinado a manipular periodistas y sembrar temor entre quienes resistían el sometimiento hemisférico. En una de esas conversaciones, Hernández solicita fondos a Asfura para crear una “unidad de periodismo digital” con sede en Estados Unidos, destinada a fabricar campañas de desprestigio contra Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y los expresidentes hondureños Manuel Zelaya y Xiomara Castro. Allí también se acuerda desviar 300 mil dólares del Ministerio de Infraestructura hondureño y se informa que Javier Milei aportaría otros 350 mil dólares.
El Proyecto Jupiter, con epicentro en Colombia, expone otro capítulo de esa malversación electoral. Financiado por magnates estadounidenses y empresarios colombianos, desplegó una campaña de desinformación y manipulación de la opinión pública que utilizó la IA para falsear las propuestas del Pacto Histórico y agitar el temor a una crisis económica ante un eventual triunfo de Gustavo Cepeda. Esa misma tergiversación sistémica —eficaz entre sectores desprovistos de herramientas críticas— se aplica con crudeza en Brasil de cara a las elecciones del 4 de octubre, y podría proyectarse de forma progresiva sobre Argentina después del Mundial de fútbol. Con su cañonera institucional, Donald Trump sancionó a magistrados de la Corte Suprema brasileña para respaldar a Jair Bolsonaro y nominó a dos grupos delictivos brasileños como organizaciones terroristas, con el propósito de instalar una asociación automática entre gobiernos de izquierda y criminalidad.
Elon Musk aparece como uno de los operadores de esa “verdad virtualizada”, al orientar algoritmos capaces de amplificar el daño político contra Lula. En ese marco, las economías de plataforma y la Inteligencia Artificial (IA) funcionan como caballos de Troya del reforzamiento imperial de Washington en la región. La operación combina dos estructuras: un pilar material, orientado a capturar resortes económicos, financieros y comerciales —como la promocionada “ayuda” del Departamento del Tesoro a Javier Milei en 2025—, y una guerra cognitiva amplificada por la infraestructura de IA, las redes sociales y la propaganda mediática tradicional.
Tres dispositivos concentran hoy la capacidad de injerencia electoral: las deepfakes, la microsegmentación y los sesgos algorítmicos estandarizados. Las primeras permiten fabricar imágenes, videos o audios verosímiles, aunque generados artificialmente. La microsegmentación identifica predisposiciones, miedos y debilidades de grupos específicos de votantes para dirigirles mensajes diseñados a medida: por ejemplo, convencer a propietarios de mascotas de que los progresistas pretenden imponer impuestos sobre perros y gatos. Los sesgos algorítmicos, a su vez, permiten a las grandes corporaciones orientar recomendaciones y contenidos de acuerdo con sus intereses económicos y neocoloniales. Un caso revelador es la investigación sobre las elecciones legislativas colombianas, en las que Grok —el chatbot de X entrenado con IA— respondió con datos falsos, información incompleta o sesgos contra el Pacto Histórico. La batalla por la soberanía ya se libra también en ese terreno electoral. Conocer sus mecanismos es el primer paso para enfrentarlos.
Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/04/operaciones-regionales-de-injerencia-electoral/