La solidaridad ayuda a recuperar Venezuela tras los terremotos
Victoria Korn
Entre las medidas económicas anunciadas destacan un programa de financiamiento que establece una asignación mensual durante los próximos seis meses para las personas más afectadas, garantizando una contingencia de ingresos permanentes, la activación de la cartera hipotecaria en la banca pública y privada con un subsidio de hasta el 80%, la exoneración de tasas e impuestos relacionados con registros de alquiler y compra de inmuebles y la prohibición de exportar materiales de construcción, para garantizar el abastecimiento interno durante la reconstrucción.


El miedo colectivo
Tras el paso de un terremoto, un huracán o una inundación devastadora, el miedo colectivo suele activar una alarma casi automática: el temor a una epidemia inminente. Sin embargo, la ciencia médica y la evidencia epidemiológica global sostienen una realidad radicalmente distinta. Los desastres naturales, por sí mismos, no son generadores de epidemias.
La Organización Mundial de la Salud ha sido enfática y persistente en la divulgación de este hecho para evitar el pánico innecesario y la asignación errónea de recursos humanos y económicos durante las crisis. Uno de los mitos más arraigados que la OMS combate activamente es el riesgo epidemiológico que supuestamente representan los cadáveres de las víctimas de desastres naturales.
Es una tragedia que no tiene precedentes en la historia contemporánea del país.
Los terremotos que golpearon especialmente al estado de La Guaira, con zonas como Caraballeda
y Los Corales entre las más afectadas, dejaron un escenario de luto nacional, miedo social y enorme incertidumbre sobre la reconstrucción. El desastre llega después de años de sanciones, bloqueo financiero, restricciones petroleras y una agresión sostenida que debilitó las capacidades del Estado venezolano justo antes de enfrentar una emergencia de esta magnitud.
El área de impacto de los terremotos abarca aproximadamente a 60 por ciento de la población venezolana, algo que nunca se había vivido en el país. Aunque Venezuela ha enfrentado inundaciones, deslaves y sismos de menor magnitud, esta combinación de destrucción, daños urbanos, temor por las réplicas y afectación social dibuja un futuro incierto para miles de familias.
El impacto no se limita a los edificios colapsados: muchas viviendas quedaron con grietas, daños estructurales o condiciones que impiden a sus habitantes regresar con seguridad.
Las imágenes de rescates, cuerpos bajo los escombros y edificios destruidos han marcado profundamente a la población. A ello se suma el temor por las réplicas, especialmente en construcciones que resistieron el primer impacto, pero quedaron “sentidas” y requieren evaluación técnica. Hoy el clima social mezcla consternación, miedo y duelo. Cada nuevo movimiento mantiene la alarma en las zonas más afectadas y vuelve más compleja la tarea de protección civil, bomberos y comunidades organizadas.
Sanciones, ayuda “pírrica” y un pueblo solidario

La crítica a las medidas coercitivas de Estados Unidos es ampliamente compartida en Venezuela: la población conoce el daño que han causado sobre la economía y las capacidades del Estado. Es “pírrica” la ayuda de 150 millones de dólares anunciada por Washington, al compararla con los miles de millones de dólares bloqueados por la política de sanciones y con los ingresos petroleros secuestrados por EEUU desde enero.
Obviamente, no se puede hablar de solidaridad real mientras se retienen recursos que Venezuela necesita para reconstruirse.
Los periodistas extranjeros que cubran los acontecimientos en Venezuela, resaltan la respuesta popular dentro de un país, acostumbrada a la solidaridad durante los años de chavismo. En los primeros momentos tras los sismos, especialmente en La Guaira, se organizaron caravanas de motorizados que llevaron alimentos, insumos, comida preparada y ayuda autogestionada.

También desde comunidades de Caracas se impulsaron acciones solidarias para apoyar a personas que no podían entrar a sus viviendas o esperaban evaluaciones de seguridad. Esa red de apoyo mostró una capacidad de organización social que choca con la narrativa proestadounidense que presenta a Venezuela como un país sin respuesta interna ante la tragedia.
Para resaltar, la llegada de brigadistas internacionales, entre ellos rescatistas de El Salvador, República Dominicana y los llamados Topos de México, importantes en labores de búsqueda y rescate. Los equipos estadounidenses llegaron tarde y para lo analistas la operación de Washington fue más como una maniobra de control de daños y relaciones públicas que una ayuda proporcional al nivel de devastación. La intención es desviar la atención del impacto de las sanciones y presentarse como una fuerza benigna ante la sociedad venezolana.
Obviamente, Estados Unidos está utilizando la tragedia para ampliar su radio de dominio sobre Venezuela. Bajo la fachada de la reconstrucción,Washington busca ganar presencia en espacios estratégicos donde antes no tenía esa proyección, como el aeropuerto internacional de Maiquetía, una infraestructura clave para La Guaira y para la conectividad aérea, afectada por los sismos . Su reparación se convierte en zona sensible de intervención económica, logística y política.
Los analistas, recordando el terremoto de 2010 en Haití, alertan sobre los peligros de una intervención disfrazada de ayuda humanitaria, pero Venezuela mantiene condiciones distintas. Para el analista William Serafino «La tragedia se convirtió rápidamente en un escenario de guerra informativa, manipulación y desinformación. Atribuyeron el colapso de edificaciones a viviendas construidas por la Gran Misión Vivienda Venezuela, algo que fue desmentido incluso por personas no vinculadas al chavismo».
A pesar del deterioro producido por las sanciones, el Estado venezolano todavía conserva capacidades fiscales, financieras e institucionales para asumir una parte importante de la reconstrucción. Además, la industria petrolera no habría sufrido daños significativos, lo que deja al país con una base mínima de ingresos y autonomía, aunque limitada por el robo y la retención de recursos por la intervención estadounidense.
Sin dudas, los terremotos golpearon a Venezuela en un momento de vulnerabilidad fabricada por
años de agresión económica. La tragedia es natural en su origen, pero sus consecuencias están atravesadas por decisiones políticas, sanciones, bloqueo financiero y disputa geopolítica.
Ahora, la respuesta popular, la solidaridad internacional y la exigencia de levantar las sanciones aparecen como elementos centrales para impedir que la reconstrucción sea convertida en una nueva forma de control sobre el país.
Sin embargo, Serafino alertó que esa autonomía depende de que se liberen fondos actualmente bloqueados: pagarés, bonos, facturas por cobrar y recursos retenidos por decenas de miles de millones de dólares, incluidos activos en el Banco de Inglaterra. Esos fondos permitirían a Venezuela enfrentar con mayor independencia las tareas de reconstrucción. La verdadera ayuda internacional no debería consistir en donativos condicionados, sino en levantar sanciones, devolver recursos y permitir que el país use su propio dinero para responder a la emergencia, aseveró..
La narrativa
Un nuevo intento de la promocionada líder opositora María Corina Machado de obtener ayuda de Estados Unidos para regresar a Venezuela tras los devastadores terremotos que han sacudido al país sudamericano está provocando frustración entre altos funcionarios de Washington. En su país, nadie la extraña.
Machado celebró con un largo mensaje en X el 250 aniversario de la independencia de EEUU: «Nuestra más profunda gratitud al pueblo estadounidense; al presidente Trump y su administración». Las mofas en redes no se han hecho esperar: «Lo quiere seguir intentando. A ver si así vuelve el amor». «Éramos muchos y parió la abuela», ha escrito otra cuenta.
La tragedia se convirtió rápidamente en un escenario de guerra informativa, manipulación y desinformación. Algunas publicaciones atribuyeron el colapso de edificaciones a viviendas construidas por la Gran Misión Vivienda Venezuela, pero la mayoría de los edificios colapsados correspondían a construcciones privadas. Estas narrativas busca erosionar la legitimidad del Estado venezolano y minimizar el peso real de las sanciones, disminuyendo la visibilidad de los esfuerzos de rescate venezolanos.

Serafino señaló que hay imágenes de rescates complejos, incluso en edificios a punto de caer, que circulan dentro de Venezuela pero son desplazadas por la maquinaria de bots, laboratorios mediáticos y medios alineados con los intereses de Estados Unidos.La disputa narrativa, explicó, será decisiva para la reconstrucción. Si la prensa internacional instala la idea de un Estado incapaz y caótico, se abre espacio para justificar mayor intervención externa.
Si, por el contrario, se visibiliza el papel de las sanciones, la retención de recursos y el trabajo de las comunidades y rescatistas venezolanos, la discusión cambia de lugar: ya no se trata solo de recibir ayuda, sino de exigir que se devuelvan los recursos necesarios para reconstruir el país. Para Serafino, ahí se jugará una parte central del futuro político inmediato de Venezuela.
*Periodista venezolana, analista de temas de Centroamérica y el Caribe, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)