Sucesor de António Guterres: los cuatro aspirantes se miden en la ONU
Pablo Rodríguez
En Nueva York, los cuatro aspirantes a secretario general de las Naciones Unidas exponen esta semana ante la Asamblea General su visión para el futuro de la organización, en crisis casi terminal. Se trata de Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal), quienes participan en diálogos interactivos televisados y abiertos a los Estados miembros, que pueden seguirse también en línea.
Los encuentros, convocados por la presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, marcan el momento más visible de un proceso de selección que debe concluir en diciembre. Cada candidato dispone de diez minutos para una declaración inicial y luego hasta tres horas de preguntas sobre liderazgo, propuestas de reforma y los tres pilares de la magullada ONU: paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos.
Bachelet y Grossi comparecieron este martes en dos sesiones, por la mañana y la tarde de Nueva York, mientras que Grynspan y Sall lo harán este miércoles en el mismo formato. Los diálogos se transmiten en directo por UN Web TV, en un intento de dotar de mayor transparencia a una contienda que, en última instancia, se definirá en el Consejo de Seguridad de las superpotencias y luego en la Asamblea General.
En un contexto marcado por guerras, rivalidad entre potencias, crisis climática y la política belicista del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien resulte escogido asumirá el 1 de enero de 2027 un mandato de cinco años, renovable una sola vez, como principal administrador de la ONU y rostro político del multilateralismo.
Michelle Bachelet: capital político y giro latinoamericano
Michelle Bachelet llega a la carrera con el perfil más abiertamente político: dos veces presidenta de Chile, ex directora de ONU Mujeres y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos, su candidatura fue presentada formalmente por los gobiernos de Chile, Brasil y México, aunque el cambio de mando en Santiago dejó ese respaldo en entredicho y abrió una disputa doméstica sobre el uso de su figura en la escena internacional.
Sobre el papel, Bachelet podría capitalizar apoyos de buena parte de América Latina gobernada por fuerzas progresistas, así como de países europeos que priorizan la agenda de derechos humanos y la paridad de género en la ONU. Sin embargo, su historial crítico frente a violaciones de derechos en potencias como China o Rusia, así como las reservas de sectores conservadores en Estados Unidos, hacen menos probable que sea la favorita de los miembros permanentes.
Rafael Grossi: tecnócrata nuclear con guiños a las potencias
Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se presenta como un perfil técnico, centrado en seguridad internacional y supervisión nuclear, con experiencia de primera línea en expedientes sensibles como Irán, Corea del Norte y la guerra en Ucrania. Con el respaldo explícito del gobierno del ultraderechista argentino Javier Milei, se define como un candidato “no ideológico” que propone una reestructuración profunda de la ONU, “menos gordura y más músculo”, y un liderazgo dispuesto a “ponerse las botas” y estar físicamente en los focos de crisis.
Su historial de interlocución con Moscú en el contexto de las centrales nucleares ucranianas le ha dejado, según analistas, en buenos términos con el Kremlin, un dato clave en un proceso donde Rusia tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad. A su vez, su énfasis en eficiencia burocrática y seguridad puede resultar atractivo para Washington, Londres y París, que reclaman una ONU más operativa, aunque su cercanía al actual gobierno argentino podría generar recelos en gobiernos progresistas latinoamericanos que ya se alinearon con Bachelet.
Rebeca Grynspan: multilateralismo económico
La economista costarricense Rebeca Grynspan ha construido su carrera en el cruce entre desarrollo, comercio y cooperación internacional: fue vicepresidenta de Costa Rica durante el gobierno del socialdemócrata José María Figueres Olsen; secretaria general iberoamericana y, desde 2021, secretaria general de la UNCTAD, el órgano de la ONU para comercio y desarrollo. Su candidatura fue inscrita oficialmente por el gobierno de Costa Rica.
Grynspan podría cosechar apoyos de países de renta media que buscan reposicionar la agenda de desarrollo y financiamiento internacional en el centro de la ONU, así como de socios europeos que valoran su trayectoria en la comunidad iberoamericana. No obstante, el respaldo de un gobierno alineado con Washington y crítico de la influencia china en Costa Rica puede limitar su margen para ser la candidata de consenso del Sur Global, en un contexto donde varias capitales temen que el cargo quede demasiado inclinado hacia la órbita occidental.
Macky Sall: carta africana entre apoyos cruzados
Macky Sall, expresidente de Senegal y ex presidente de turno de la Unión Africana, se presenta como la única candidatura africana en la carrera, con un discurso centrado en el lugar del continente en el sistema multilateral y en su propia experiencia como mediador regional. Su nominación fue respaldada formalmente por Burundi, que ostenta la presidencia rotatoria de la Unión Africana, pero no ha conseguido hasta ahora el apoyo pleno del bloque ni de las actuales autoridades senegalesas, críticas con su gestión de las protestas que dejaron decenas de muertos entre 2021 y 2024.
Sall podría aspirar a apoyos selectivos de países africanos francófonos y de aliados tradicionales como Marruecos, con quien mantiene una relación estratégica estrecha, así como de Estados interesados en reforzar el peso africano en la ONU sin apostar por una figura demasiado cercana a las grandes potencias. Sin embargo, la división interna en África y las denuncias sobre represión política en su país reducen sus opciones de convertirse en la candidatura “unitaria” del continente, algo que suele ser determinante para negociar con el Consejo de Seguridad.
Bloques, vetos y escenario probable de apoyos cruzados
En conjunto, los perfiles de los cuatro candidatos muestran un tablero fragmentado: Bachelet encarna la apuesta por una mujer política con fuerte impronta en derechos humanos; Grossi, el tecnócrata de seguridad que seduce a potencias nucleares; Grynspan, el multilateralismo del desarrollo; y Sall, la carta africana con experiencia continental. El reparto de apoyos parece encaminarse a un juego de equilibrios donde América Latina se divide entre Bachelet, Grossi y Grynspan; África mide hasta dónde unirse detrás de Sall; y las potencias del Consejo de Seguridad tantean quién puede garantizarles interlocución fluida sin romper la legitimidad ante la Asamblea General.
En ese tablero, los bloques progresistas latinoamericanos y varios países europeos podrían inclinarse hacia Bachelet o Grynspan, mientras que sectores más conservadores en Occidente verían con buenos ojos la agenda de reforma de Grossi, siempre que no choque con sus intereses diplomáticos. Rusia y China, por su parte, valorarán tanto la disposición a un trato pragmático —donde la experiencia nuclear de Grossi y el talante negociador de Grynspan pesan— como la capacidad de resistir presiones de Washington, algo que puede limitar las opciones de candidaturas percibidas como demasiado alineadas con Estados Unidos.