Inventarios mundiales de petróleo caen a su nivel más bajo en ocho años

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Los inventarios mundiales de petróleo se encaminan a niveles históricamente bajos, en un contexto marcado por la guerra contra Irán y las restricciones al tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz. Goldman Sachs estima que las reservas totales rondan hoy unos 101 días de demanda global y podrían caer hasta 98 días antes de que termine mayo, el umbral más bajo en alrededor de ocho años.

El cierre o fuerte limitación del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo— ha atrapado centenares de buques petroleros y gaseros, alterando radicalmente las rutas de suministro. Esta disrupción, sumada a más de 50 días de guerra en Irán, ha sacado del mercado decenas de miles de millones de dólares en crudo y ha impulsado el Brent por encima de los 120 dólares por barril, en máximos de varios años.

Ante el encarecimiento del crudo y la reducción de oferta, varias potencias han recurrido de forma acelerada a sus reservas estratégicas para amortiguar el impacto en precios y abastecimiento interno. Analistas advierten que parte del volumen contabilizado en las estadísticas globales corresponde a stocks de emergencia difíciles de movilizar, lo que deja al mercado con menos margen real para enfrentar shocks adicionales de oferta.

Pronósticos de bancos y agencias internacionales

Informes recientes señalan que, si no se normalizan pronto los flujos desde el Golfo Pérsico, el mundo podría entrar en la segunda mitad del año con niveles de cobertura de inventarios peligrosamente ajustados. Aunque la Agencia Internacional de la Energía había proyectado para 2025–2026 una fase de mayor holgura en la oferta, la combinación de conflicto geopolítico, sanciones y cuellos de botella logísticos ha puesto en entredicho esos escenarios de superávit.

El desplome de inventarios incrementa el riesgo de nuevos repuntes de los precios del petróleo justo antes de la temporada alta de consumo, con efectos directos sobre la inflación global y el costo del transporte. Los países altamente importadores y con menor músculo financiero son los más vulnerables a este choque, mientras economías como la de Estados Unidos se enfrentan a la perspectiva de una crisis energética si persiste la caída de sus propias reservas comerciales.