Liderazgo, autosuficiencia y visión civilizatoria del Líder mártir de Irán

(Xinhua/Shadati)

Dr. Shahab Norouzian Alam – Hispantv

Lo que sigue no es un manifiesto ideológico, sino el resultado de años de observación empírica y reflexión personal sobre un hombre que guio a Irán durante uno de los períodos más críticos y trascendentales de su historia moderna.

Como científico que ha experimentado tanto la tradición intelectual occidental como la transformación contemporánea de Irán desde dentro, considero que el legado del ayatolá Seyed Ali Jamenei —desde su visión civilizatoria hasta su compromiso práctico con la ciencia, la educación y el desarrollo nacional— merece una narrativa que vaya más allá de los titulares y las frases hechas.

Este es mi humilde intento de ofrecer precisamente eso.

El núcleo de su impacto en Irán

Lo más importante que puedo decir sobre la esencia de su impacto en Irán es lo siguiente: el ayatolá Jamenei transformó el país de uno dependiente de modelos importados a otro definido por lo que denomino “independencia activa”. Lo que los medios occidentales rara vez reflejan es que él consideraba las sanciones no como un callejón sin salida, sino como catalizadores de avances científicos e industriales.

En su marco intelectual, tres pilares son inseparables: la fe, el conocimiento y la resiliencia. Desde mi perspectiva, como alguien formado en las tradiciones académicas occidentales, esta combinación guarda similitudes con ciertas teorías del desarrollo endógeno, aunque con una diferencia fundamental: aquí, la fe no es una variable periférica, sino el motor que impulsa el conocimiento y la perseverancia.

Un filósofo sistemático del gobierno

El ayatolá Jamenei debe ser entendido como un filósofo sistemático del gobierno. Formuló una teoría integral de la ‘Civilización Islámica Moderna’, basada en principios como la justicia, la racionalidad, la espiritualidad, la independencia y el liderazgo centrado en la juventud.

Lo que considero especialmente llamativo —y que creo que puede invitar a la reflexión de una audiencia internacional— es su rechazo explícito de la modernidad occidental como el único modelo o el modelo universal de progreso. En su lugar, sostenía que cada civilización debe trazar su propio camino autóctono hacia el desarrollo.

Este legado consiste en la formulación de un modelo alternativo de buena gobernanza, creíble y arraigado en las realidades locales, no en oposición a Occidente, sino en una coexistencia crítica con él.

La universidad como centro neurálgico

Tras haber impartido docencia tanto en sistemas universitarios occidentales como en Irán, puedo afirmar que el énfasis que el ayatolá Jamenei otorgaba a las universidades me resultó a la vez familiar y singular. Consideraba la universidad como el “centro neurálgico de la ciencia, la innovación y la influencia social”.

Reiteradamente instó a los profesores a formar una generación que fuera simultáneamente “creyente, profunda, culta y firme», al tiempo que los alentaba a extender su influencia más allá de los campus universitarios y a comprometerse con la sociedad en su conjunto.

En la práctica, esta visión se tradujo en políticas científicas que priorizaban la independencia y otorgaban un fuerte énfasis a la equidad educativa. Su legado en la educación superior constituye un esfuerzo continuo por vincular el “conocimiento comprometido” con las “necesidades nacionales”, un concepto que, de distintas maneras, guarda afinidad con los debates occidentales sobre la responsabilidad social de las universidades.

El significado más profundo de la resistencia

En gran parte del discurso occidental, el término ‘resistencia’ suele reducirse a la confrontación militar o a consignas revolucionarias. Sin embargo, tras años de vivir y trabajar en ambas tradiciones intelectuales, puedo afirmar que, para el ayatolá Jamenei, la resistencia significaba algo mucho más profundo: la negativa a someterse a la voluntad de las potencias hegemónicas.

Él la concebía como un “proyecto de liberación civilizatoria”, fundamentado en la independencia, la justicia, la dignidad humana y la determinación de resistir la dominación externa.

Para el público occidental familiarizado con la teoría poscolonial, esta concepción puede resultar sorprendentemente familiar, ya que comparte elementos de la tradición intelectual que busca la emancipación de las estructuras de dominación.

No obstante, difiere en un aspecto fundamental: está arraigada en el pensamiento islámico y se formula como un proyecto constructivo, más que meramente opositor. Su objetivo último no es el conflicto permanente, sino la construcción de una civilización autosuficiente que permanezca libre de cualquier dependencia estructural de potencias extranjeras.

Acercamiento a la juventud occidental

Uno de los aspectos menos conocidos del liderazgo del ayatolá Jamenei fue su acercamiento directo, sin intermediarios, a la juventud occidental mediante una serie de cartas abiertas. En ellas, invitaba a los jóvenes a conocer el islam a partir de sus fuentes primarias y no a través del filtro de los medios de comunicación partidistas.

Les dijo: “El futuro de sus naciones está en sus manos”, reconociendo el profundo deseo humano de buscar la verdad y alentándolos a pensar de manera crítica e independiente. También planteó una idea que, a mi juicio, suele quedar relegada en las narrativas occidentales: que el terrorismo es una preocupación compartida a nivel mundial, pero que el mundo islámico ha sido su víctima más prolongada y profunda, y que determinadas grandes potencias han desempeñado históricamente un papel en su creación.

En última instancia, su mensaje fue un llamamiento a la juventud occidental para que mirara más allá de las narrativas oficiales, examinara directamente los hechos y las fuentes primarias, y recuperara su capacidad de comprender por sí misma las complejidades del mundo contemporáneo.

La revolución inconclusa

Para el ayatolá Jamenei, la Revolución Islámica nunca fue un acontecimiento concluido, sino un “proceso continuo y abierto”. En su declaración sobre la ‘Segunda Etapa de la Revolución’, trazó una hoja de ruta para la siguiente fase de ese proceso.

Desde una perspectiva analítica comparada, esta nueva etapa representa la transición de la República Islámica de un Estado islámico hacia una civilización islámica; un cambio que va más allá de las estructuras de gobierno para incorporar sus principios rectores al tejido cultural, científico, educativo y social de la sociedad.

La aspiración final es presentar al mundo un modelo moderno de civilización que sea, al mismo tiempo, funcional y autosostenible, capaz de ofrecer respuestas independientes y autóctonas a los desafíos fundamentales de la época contemporánea.

Una reflexión final

A quienes solo han conocido al ayatolá Jamenei a través de titulares y breves videos, les ofrezco esta reflexión como profesor que ha conocido tanto Occidente desde dentro como Irán desde dentro: si desean comprenderlo, deben mirar más allá del ciclo diario de noticias y observarlo a través del prisma más amplio de su visión civilizatoria.

Véanlo como el filósofo que cuestionó los supuestos de un orden mundial unipolar y formuló una alternativa basada en la justicia, la independencia y la autodeterminación.

Véanlo como el académico que escribió poesía, se dirigió directamente a la juventud occidental mediante cartas abiertas y la animó a buscar la verdad a través de la investigación independiente, en lugar de aceptar narrativas heredadas.

Véanlo como el líder que consideraba las sanciones más severas no como obstáculos, sino como oportunidades para impulsar la innovación científica, el desarrollo tecnológico y la autosuficiencia industrial.

Para apreciar plenamente su legado, es necesario comprender el proyecto civilizatorio que buscó construir: una visión orientada a crear un mundo más justo, más independiente y más humano, libre de los dictados tanto de la hegemonía oriental como de la occidental.

Ese es el hombre al que hoy millones de personas dan el último adiós.

* El Dr. Shahab Norouzian Alam es profesor asociado en la Universidad Iraní de Ciencia y Tecnología. Anteriormente se desempeñó como secretario general de la Unión de Asociaciones de Estudiantes Islámicos de Europa.