Respirar y seguir

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MARCOS SALGADO | La semana que termina dejó una sensación de cierta descompresión política del asedio de adentro y afuera contra las instituciones venezolanas, pero otros complejos frentes de batalla siguen abiertos y hasta parecen agravarse. El gobierno tiene un minuto para respirar y pensar cómo desarmar el asedio de los otros, y las taras propias.

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La reunión del canciller Elías Jaua con el mandamás de la política exterior estadounidense John Kerry durante la Asamblea de la OEA viene a quitarle fuerza a lo que podía convertirse en un problemático frente de tormenta para el gobierno venezolano si otros países con gobiernos de derecha en la región recibían al ex candidato presidencial Henrique Capriles como lo hizo la semana anterior el colombiano Juan Manuel Santos.

Este puede haber sido un encuentro dictado por las urgencias internas de Santos, o libreteado en la mesa de la conspiración permanente contra Venezuela que funciona en Bogotá, o ambas cosas, pero hacia dentro del gobierno venezolano encendió varias alertas. El gobierno contestó con dureza, aunque tal vez con cierto desorden comunicacional, mientras la oposición festejaba el primer logro más o menos importante en su campaña de desligitimación fronteras afuera.

Pero si esa semana pareció cerrar mejor para la oposición, en la que ahora termina los bolivarianos anotaron un par de tantos. En rigor, uno es un autogol. El llamado de la oposición a participar en las elecciones municipales del 8 de diciembre los regresa al dilema original: el sistema electoral es confiable cuando gano o tengo posibilidades de, y es susceptible de fraude cuando pierdo.

Hubiera sido más lógico y coherente que Capriles siguiera en su ataque contra Maduro y dejara para más adelante los posicionamientos al 8 de diciembre. El problema es que buena parte de la oposición que lo acompañó el 7-O y el 14-A cifra sus esperanzas de sobrevivencia partidaria en las alcaldías que pueda «morder» el próximo 8 de diciembre. Hasta en el partido del candidato perdedor habrá muchos que piensan más en alcaldías que en la urgente caída del «usurpador» Maduro.

El otro gol es la reunión Jaua – Kerry, tácito reconocimiento de la victoria bolivariana el 14-A. Casualidad o no, el encuentro se desarrolló casi en paralelo a la puesta en libertad con expulsión de Venezuela del disque cineasta estadounidense Timothy Tracy, detenido bajo sospecha de promover actos con fines desestabilizadores tras las elecciones de abril.

Los dos elementos otorgan un pequeño respiro a un gobierno que aún no se sacude el shock de la muerte del Comandante Hugo Chávez y que paso de los días agobiantes, tristes y frenéticos de los funerales directamente a la campaña electoral, luego a la resistencia a las maniobras destituyentes tras el llamado a «drenar la arrechera» de Capriles y sin un segundo de respiro al gobierno de calle que tiene a los ministros más arriba de un avión de acá para allá que pensando la política.

El gobierno de calle también marca el tono del tipo de comunicación que el presidente Nicolás Maduro ha elegido: encuentros pequeños y medianos con las bases de sustentación del chavismo pero también la acumulación de compromisos concretos que ahora los ministerios deberían cumplir sí o sí. Al mismísimo Chávez le costaba sangre, sudor y lágrimas que sus ministros cumplieran con todos los compromisos. Pero las deficiencias y las demoras en los proyectos no eran atribuidas por el pueblo al Comandante sino a su entorno. Ese mecanismo de deslinde no funciona para Maduro, ni para nadie más. Doble desafío.

Mención especial en esta semana para la reunión del Presidente y la plana mayor del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con la militancia partidaria en el poliedro de Caracas. Más de 10 mil militantes escucharon a Nicolás Maduro y también a Diosdado Cabello hablar de unidad. Maduro recordó que la palabra «unido» en el nombre del PSUV no es casual.

En el mismo acto y otros durante la semana Diosdado Cabello reclamó a la militancia unidad y disciplina para terminar con los rumores y las camarillas, un reclamo que se escucha -precisamente- en las bases chavistas, especialmente luego de la difusión (como parte de la acción destituyente de la derecha) de la supuesta grabación de Mario Silva, referente ineludible del chavismo durante 14 años, quien no fue acompañado con convicción por la dirección partidaria y mucho menos por las (nuevas) autoridades de Venezolana de Televisión, que levantaron La Hojilla antes que inmediatamente.

Un hecho que no puede ser subvalorado, y que se suma a otro escenario aún más importante, por eso lo dejamos para el final: la marcha de la economía y el recurrente problema del abastecimiento. En este último terreno, se resolvió parcialmente la provisión de papel higiénico y productos de la canasta básica con precios regulados, que son los que habitualmente desaparecen de las góndolas.

Hay que tener en cuenta que ningún sistema de distribución y venta puede soportar una demanda artificial, fruto del nerviosismo por la eventual ausencia futura de determinado producto. ¿Cuántos paquetes de harina PAN hay hoy en cada hogar venezolano, acopiados «por lo que pueda venir»? Muchos. En diálogo con corresponsales extranjeros, el viceministro de Políticas Alimentarias Rafael Patiño comentó que normalmente una partida de mil kilos de harina PAN dura dos días en un supermercado, pero en estas últimas semanas desaparece en dos horas.

Otro costado de este problema es la especulación. Cualquier microespeculador con tiempo y paciencia puede comprar muchos productos básicos por día y venderlos luego en circuitos informales a varias veces el valor. Hay casos extremos, como en el Zulia, donde las bandas de contrabandistas hacen estragos en el abastecimiento y las autoridades no aciertan medidas para evitarlo. Tal vez una clave sea que el control no debe basarse en la limitación a cada comprador sino la desarticulación de las bandas que operan a la vista de todos.

La marcha de la economía tiene un indicador muy preocupante: la inflación. Una de las problemáticas que generan más malestar entre las venezolanas y los venezolanos, especialmente en los sectores medios, zona fundamental de disputa electoral con una oposición que se acercó peligrosamente el 14-A.

Las cifras oficiales son muy preocupantes. El Banco Central de Venezuela, en su reporte mensual, informó que la inflación tuvo una fuerte aceleración en mayo de 6,1%, mayor a la de abril (4,3%) y a la del mismo mes del año 2012 (1,6%). En lo que va de 2013 la inflación es del 19,4%. En el mismo período de 2012 fue del 6,0%. De mayo de 2012 a mayo de 2013, la variación se situó en 35,2%.

¿Serán las mismas autoridades económicas que no frenaron la monumental sangría de divisas a través de CADIVI y que hoy enfrentan problemas de caja cuando el sector público tiene más de 130.000 millones de dólares colocados en el exterior los que lograrán ponerle el cascabel al gato?

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