Desmantelan la “Rape Academy”: una escuela de violación on line

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Una investigación internacional ha sacado a la luz un entramado conocido como “Rape Academy”, un ecosistema criminal en línea donde casi mil hombres de distintos países se coordinan para intercambiar videos de agresiones sexuales, instrucciones para drogar a mujeres y estrategias para eludir la justicia. Lejos de ser un caso aislado, este espacio funciona como una verdadera “academia” del abuso, estructurada en foros y chats cifrados, con roles técnicos, jurídicos y psicológicos al servicio de la violencia sexual sistemática.

Cómo funciona la “Rape Academy”

Las pesquisas documentan que los miembros se organizan en grupos cerrados, principalmente a través de sitios porno con contenido de “sleep” (mujeres inconscientes o sedadas) y canales de mensajería cifrada. Desde allí, comparten videos de abusos, muchos grabados en contextos de pareja o intimidad, y detallan paso a paso cómo drogar a las víctimas, qué sustancias usar y en qué dosis para reducir el riesgo de ser descubiertos.

Uno de los nodos clave identificados es un sitio pornográfico que registró más de 60 millones de visitas en un solo mes y aloja decenas de miles de videos etiquetados con términos como “#passedout” o “#eyecheck”, usados para verificar que la víctima está inconsciente antes de la agresión. A través de ese portal se rastreó un grupo de Telegram denominado “Zzz”, con alrededor de mil participantes que compartían instrucciones, contactos y contenido de abusos como si se tratara de un curso continuo de violación.

Casi mil implicados y una “academia” global

Los investigadores estiman que uno de los chats centrales de esta red llegó a reunir cerca de mil hombres activos, cifra que se ha convertido en referencia para dimensionar la estructura de esta “Rape Academy”. Psicólogos y expertos que han analizado estos grupos explican que no se trata solo de consumo pasivo de pornografía extrema, sino de una dinámica de “hermandad” criminal donde se normaliza y celebra el abuso sexual.

En estos espacios, algunos usuarios ofrecen incluso servicios “especializados”: proveedores de sustancias sedantes, supuestos asesores legales que explican cómo minimizar las probabilidades de condena, e individuos con conocimientos técnicos que orientan sobre cómo borrar huellas digitales. Todo ello configura un entorno de aprendizaje entre pares que, en la práctica, funciona como una academia para formar y perfeccionar violadores, escalando el daño a nivel transnacional.

Venta de drogas, transmisión en vivo y lucro

Las revelaciones también muestran un componente económico explícito: dentro de la red se ofrecen sustancias líquidas “sin sabor ni olor” para sedar a las víctimas, enviadas a distintos países mediante mensajería, pagadas con criptomonedas. Algunos miembros organizan transmisiones en vivo de violaciones a mujeres inconscientes, cobrando entradas de alrededor de 20 dólares por espectador, lo que convierte la violencia sexual en un espectáculo monetizado en tiempo r

Los videos se almacenan y distribuyen en plataformas que se autodefinen como “moralmente libres”, donde el contenido se aloja “para siempre” mientras no haya una orden directa para retirarlo. Etiquetados de forma sistemática, los clips funcionan como lecciones prácticas para otros usuarios, que comentan, piden consejos y comparten experiencias propias, reforzando una cultura de impunidad y competencia entre agresores.

Reacción de autoridades y debate sobre cifras

Tras la publicación del informe, reguladores como Ofcom en el Reino Unido han iniciado acciones limitadas, sancionando a la empresa responsable de uno de los sitios por no aplicar controles de edad y no evaluar el riesgo de sus contenidos, aunque sin ordenar la retirada específica de los videos de abusos.

Lo que sí señalan los datos es que, aunque el núcleo organizado de la “Rape Academy” ronda el millar de implicados en ciertos grupos, el alcance del ecosistema que lo sostiene es mucho mayor, con decenas de millones de visitas a contenidos que normalizan la violación de mujeres dormidas o inconscientes. Para especialistas y activistas, el caso demuestra que la violencia sexual ha dejado de ser una suma de incidentes aislados para convertirse en una práctica coordinada y “multitudinaria” en la esfera digital, ante sistemas legales y de moderación incapaces de seguir el ritmo de estas redes.