COP26: Mucho título, pocos frutos

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Juan Guahán – Question Latinoamérica |

Comenzó  en Glasgow, Escocia, la vigesimosexta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26)”. Es posible que sea demasiado título para los escasos frutos que estas reuniones producen, mientras la humanidad padece los efectos de esos cambios.

Son muestras de cómo afectan al futuro del planeta los incendios y fenómenos naturales (inundaciones, sequias, huracanes, terremotos, deshielos), cada vez más frecuentes e intensos.

Mock COP26”: organizaciones llaman a jóvenes de todo Chile a participar en encuentro mundial sobre crisis climática - Ladera SurEstudios realizados determinaron que tales riesgos están vinculados al cambio climático que se manifiesta en incrementos de la temperatura, producto de emisiones de gases relacionados con la actividad humana y el modelo económico vigente.

Ciertos aspectos del mundo industrial y el objetivo de desmesuradas ganancias tienen que ver con ese fenómeno. Se verificó mediante la medición de las temperaturas existentes, en tiempos preindustriales, desde fines del siglo XIX y su evolución posterior.

 Así llegamos

El gran predecesor de este nuevo encuentro es el Acuerdo de París, firmado en el marco de la COP21, celebrada en 2015, pero que entró en vigencia en noviembre de 2016. El objetivo del ambicioso acuerdo suscrito por cerca de 200 países en la capital francesa fue limitar el calentamiento mundial por debajo de 2 ºC, preferiblemente a 1,5 ºC, en comparación con los niveles preindustriales.

Pero, seis años después, la meta no fue cumplida y las previsiones sobre lo que puede pasar con el calentamiento global en el futuro no son para nada alentadoras.

Si bien en la declaración final de la cumbre del G20 que se realizó en Roma el fin de semana los países que integran este grupo –19 países industrializados y emergentes más la Unión Europea– confirmaron el pacto para mantener el aumento de la temperatura del planeta a un máximo de 1,5 grados y pidieron acciones “significativas y efectivas” para lograrlo, son estos mismos países los causantes de 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

De acuerdo al informe dado a conocer a mediados de octubre por la organización Transparencia Climática, luego de un pequeño descenso en 2020 causado básicamente por la detención de las actividades que aparejó la pandemia de coronavirus, las emisiones comenzaron a incrementarse nuevamente. Otros estudios publicados en la previa de la COP26 señalan que no sólo están aumentando las emisiones liberadas a la atmósfera, sino que la concentración de partículas de CO2 es cada vez mayor.

En la semana previa al cónclave de Glasgow desde la Organización de las Naciones Unidas se alertó en un informe acerca de las “tendencias preocupantes” y de la inacción de la mayoría de las 196 naciones que firmaron en 2016 el compromiso de descarbonizar sus economías. Con los planes para reducir los gases de efecto invernadero declarados por los gobiernos actualmente, la temperatura del planeta subirá 2,7 ºC, un dato por demás grave si se tiene en cuenta que el objetivo ya mencionado del Acuerdo de París era de un grado y medio.

Si bien se celebró que con la llegada de Joe Biden al gobierno Estados Unidos, a diferencia de lo que sucedió durante la administración de Donald Trump, cuando tuvo una salida prácticamente simbólica del Acuerdo de París, volvió a imponer, al menos en lo teórico, una agenda verde, ese país sigue siendo el que más contamina el mundo.

Si bien en la actualidad las emisiones de China duplican las de Estados Unidos, Estados Unidos a lo largo de la historia contaminó la atmósfera más que cualquier otro país del mundo.

Las metas planteadas difícilmente sean cumplidas, lo que casi con seguridad llevará a nuevas frustraciones, como la meta de mantener vigente el objetivo de que las emisiones no aumenten más allá de 1,5 ºC la temperatura del planeta, poner una fecha final al uso de energías basadas en carbón y otorgar 100.000 millones de dólares para el financiamiento anual de políticas sobre el clima, algo que acordaron las naciones ricas.

Otras iniciativas, aún más ambiciosas y, por lo tanto, mucho más complejas de lograr, son que todos los autos que se vendan en los próximos 20 años sean eléctricos, terminar con la deforestación para el final de la década, debido a que los bosques juegan un papel crucial en la eliminación de carbono a la atmósfera, y también figura en la agenda la meta de reducir las emisiones de metano hacia la atmósfera.

 Antecedentes

Diversas reuniones y debates internacionales se ocuparon del tema. En el año 2015 se reunió la “COP21”. Bajo el nombre de “Acuerdos de París” se plantearon objetivos destinados a frenar tales incrementos de temperatura. Se estableció que para fines de este siglo XXI la temperatura no debía crecer por encima de los 2° grados respecto a la existente a fines del siglo XIX. Más de 190 países adhirieron a ese acuerdo, que se encuentra vigente.

En su momento Donald Trump retiró a EEUU de dicho acuerdo, ahora Joe Biden volvió a ratificar su firma. Datos e investigaciones posteriores determinaron que esa suba no debía superar 1,5° grados. Por encima de esa temperatura el proceso sería irreversible y la destrucción del planeta podría ser indetenible.

Hoy estaríamos rondando un aumento de 1° grado y las estimaciones, de la propia ONU, indican que siguiendo las políticas actuales la temperatura, para fines de siglo, se incrementaría en 3,5° grados y si se basara en los compromisos asumidos por los países andaríamos entre los 2,7° y 2,9° grados de incremento.

Estas previsiones pueden parecer catastróficas, pero las evidencias científicas lo avalan, el reconocido físico inglés Stphen Hawking lo planteó en más de una oportunidad convocando a la búsqueda de otro planeta para continuar la vida. Los más ricos del planeta (Jeff Bezos, Elon Musk, Richard Branson) están preparando ese futuro e invirtiendo en esa dirección, al mismo tiempo que piden un lugar en las propias Naciones Unidas.

Para los miles de millones de humanos de a pie el problema es cómo salvar la tierra, que esos mismos poderosos (personas y países) están destruyendo. En este sentido, las emisiones de gases de invernadero (fundamentalmente dióxido de carbono y metano) son sus mayores causantes. Los principales países responsables de tales emisiones son: China, aporta el 27%; EEUU, el 13%; India, el 7%; Rusia, el 4,6%. Los países del G 20, que hoy terminan su reunión en Roma, suman el 78% de tales emisiones.

Muchos científicos confiaban que la desgracia de la pandemia de la covid-19, con su consecuente parate económico, produciría una fuerte retracción en la emisión de gases. Tal reducción fue corta y leve, con rápida recuperación. La producción de combustibles fósiles, una de las principales fuentes de energía, está entre las primeras causantes de estos incrementos.

Para revertir ese proceso sería necesaria una disminución de las emisiones de entre 10 y 12% anuales y por 10 años, para aproximarse a un tercio de lo que hoy se produce y contribuir al objetivo de contenerla en menos del 1,5° de incremento. Según esas mismas perspectivas, la posibilidad de llegar a ese objetivo no alcanza al 5%.

António Guterres, Secretario General de la ONU, dijo que “estamos encaminados hacia la catástrofe climática” agregando “la calefacción está encendida”. El funcionario más importante del mayor organismo mundial se refería a los efectos de cómo se llevó adelante –en este último siglo y medio- la industrialización, el escaso uso de energías renovables, las nefastas consecuencias de los masivos desmontes.

Todo ello, mal que le pese a algunos liberales, es producto de la actividad humana y sus efectos se pueden observar en la creciente disminución de los hielos que se van fundiendo haciendo crecer el nivel del mar. Éste se elevó -desde inicios del siglo pasado- 19 centímetros.

Ese nivel se elevaría, hacia fines del siglo actual, otros 65 cm. La respuesta de la dirigencia del mundo actual, que no quiere perder el “tren de la historia”, es construir defensas costeras para contener esa suba de los mares.

El mismo Guterres demanda el fin de los subsidios a los combustibles fósiles, cuya cifra actual es de 423 mil millones de dólares por año. Por eso la ONU hizo un video donde un dinosaurio les dice a los actuales dirigentes mundiales: “Es como si nosotros hubiéramos subsidiado a los meteoritos para que nos destruyan” y concluyó diciendo: ¡Estamos pagando para acabar con la especie (…) las prioridades deben cambiar si queremos que la humanidad y la tierra sobrevivan!”

En los últimos años China, Rusia e India, reclaman el derecho a profundizar su actual desarrollo, dado que llegaron tarde al que tuvo por protagonistas a Europa, EEUU y Japón. Otros países, por diferentes razones se suman a estas peticiones de no producir cambios verdaderos.

En estos días la BBC de Londres hizo pública una filtración de documentos originados en las cancillerías de Arabia Saudita, Argentina, Australia y Brasil, solicitando a la ONU que minimice la necesidad de dejar de usar rápidamente de los combustibles fósiles.

¡Así estamos!!!

Pero no a todos los países –o regiones-  están en las mismas condiciones ante este fenómeno. Por ejemplo, Canadá, Rusia y en cierto modo la vacía Patagonia, por su condición de ser espacios cercanos a los fríos polares y escasa población, son territorios con mejores condiciones de sobrevivencia y serán receptáculos de poblaciones migrantes que buscarán aprovechar el retardo del deterioro ambiental.

 

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)