Trump afirma que EEUU podría tomar Cuba “casi de inmediato”

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Durante una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida, Donald Trump aseguró ante empresarios y figuras políticas que Estados Unidos “tomará el control” de Cuba “casi de inmediato”, tras “terminar el trabajo” en Irán. La intervención ocurrió en un evento cerrado, con asistentes seleccionados, lo que refuerza el carácter de mensaje dirigido a donantes y élites políticas favorables a una línea dura hacia La Habana.

En ese contexto, el presidente evocó incluso el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln en el Caribe, sugiriendo que podría situarse a unos cien metros de la costa cubana como gesto de fuerza. La escena encaja con la retórica habitual de Trump, que combina amenazas de “honor” por “tomar Cuba” con la idea de que puede “hacer lo que quiera con la isla”, tal como ya había declarado en anteriores ocasiones.

Escalada de sanciones y cerco económico

Las palabras sobre el control de Cuba llegan justo cuando la Casa Blanca acaba de endurecer de nuevo las sanciones contra la isla, al declararla una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos. Una reciente orden ejecutiva amplía el régimen sancionatorio y permite bloquear activos de personas y empresas que operen en sectores clave de la economía cubana, como energía, defensa, minería y servicios financieros, o que hagan negocios con el Gobierno de La Habana.

Estas medidas se suman a un bloqueo energético que ha reducido drásticamente el suministro de petróleo a la isla, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro y la interrupción del crudo venezolano y mexicano bajo presión de Washington. Desde Cuba, el presidente Miguel Díaz‑Canel y el canciller Bruno Rodríguez han denunciado que el objetivo es “asfixiar” la economía y quebrar la voluntad política del pueblo, en lo que describen como guerra económica y apuesta por el belicismo estadounidense.

Presión política y amenaza de “toma de control amistosa”

La frase sobre tomar el control de Cuba no es un hecho aislado, sino el último peldaño de una serie de advertencias en las que Trump habla abiertamente de “tener el honor de tomar Cuba” y de poder “liberarla o tomarla”. En febrero, llegó incluso a plantear la posibilidad de una “toma de control amistosa” del país caribeño, en medio de tensiones por el bloqueo energético impuesto desde Washington.

Paralelamente, la Casa Blanca ha presionado a La Habana mediante amenazas arancelarias contra cualquier país que suministre petróleo a la isla, buscando aislarla de sus aliados y forzar concesiones políticas. Mientras tanto, sectores de línea dura en Florida y el Congreso reclaman que se aproveche la crisis económica y energética cubana para impulsar un cambio de régimen antes de que termine el año.

Reacción cubana y riesgo de mayor tensión regional

El Gobierno cubano ha respondido rechazando la idea de negociaciones bajo coerción y niega conversaciones sustantivas con Washington cuando estas se anuncian como preludio de una “toma” o “colapso” del sistema político de la isla. Díaz‑Canel ha insistido en que no habrá rendición ni capitulación posible, y que cualquier diálogo debe basarse en el respeto a la soberanía y al Derecho Internacional.

En este escenario, la retórica de control de Cuba alimenta un clima de confrontación en el Caribe, donde La Habana viene alertando sobre despliegues militares estadounidenses y sobre una guerra económica que busca someterla por hambre y escasez. Analistas advierten que el uso de frases como “Cuba es la siguiente” y la exhibición de poder naval refuerzan la lógica de amenaza permanente en la región, aunque, por ahora, la presión de Washington se expresa sobre todo mediante sanciones, bloqueo energético y discursos de fuerza más que a través de una operación militar declarada.