OIT: La formación a lo largo de la vida debe ser una prioridad estratégica
Eduardo Camín
A medida que la digitalización, la inteligencia artificial (IA), la transición ecológica y los cambios demográficos reconfiguran los mercados de trabajo en todo el mundo, un nuevo informe de la OIT insta a los gobiernos a situar el aprendizaje permanente como un pilar central de la política económica y social. En buen romance los expertos de la OIT, sostienen que sin sistemas de aprendizaje permanente sólidos e inclusivos, las transformaciones digital, verde y demográfica corren el riesgo de profundizar la desigualdad.
Basado en nuevas encuestas a trabajadores, análisis de vacantes en línea, datos institucionales y una revisión de 174 estudios sobre lo que funciona en materia de formación, el informe Aprendizaje permanente y competencias para el futuro advierte que, sin una mayor inversión en sistemas de aprendizaje inclusivos, estas transformaciones corren el riesgo de ampliar las desigualdades entre países y dentro de ellos.
El Director General de la OIT, Gilbert F. Houngbo señaló que “El aprendizaje permanente es el puente entre los empleos de hoy y las oportunidades del mañana. No se trata solo de empleabilidad y productividad, sino también de apoyar el trabajo decente, impulsar la innovación genuina y construir sociedades resilientes, lo que lo convierte en un elemento central de cualquier estrategia exitosa para el crecimiento y el desarrollo sostenible”. El aprendizaje permanente es el puente entre los empleos de hoy y las oportunidades del mañana. No se trata solo de empleabilidad y productividad, sino también de apoyar el trabajo decente, impulsar la innovación genuina y construir sociedades resilientes.
Cambios en competencias y mayores desigualdades entre países
El informe destaca que “los cambios profundos que está experimentando el mundo del trabajo tienen importantes implicaciones para las necesidades de competencias. Las tecnologías digitales, incluida la IA, están cambiando la forma en que se realiza el trabajo, mientras que la transición hacia economías ambientalmente sostenibles está transformando los sistemas de producción y los empleos.” Sin olvidar que, al mismo tiempo, el envejecimiento de la población en muchas regiones está generando mayores demandas sobre los trabajadores de mayor edad y aumentando las necesidades de cuidados.
Solo el 16 % de las personas de entre 15 y 64 años declaró haber participado en formación estructurada durante el año previo a la entrevista, con pocas diferencias entre países. Entre los trabajadores a tiempo completo con contrato permanente en empresas formales, la participación es mayor, con un 51 % que recibe formación por parte de su empleador. Esta brecha evidencia desigualdades en el acceso al aprendizaje, especialmente entre trabajadores formales e informales y según los niveles educativos.
Más allá de las competencias digitales y verdes
Una conclusión clave del informe es que centrarse de manera estrecha en las competencias técnicas no es suficiente. En países con distintos niveles de ingresos, los empleadores buscan cada vez más combinaciones de competencias. Las competencias digitales y verdes son importantes, pero suelen requerirse junto con competencias cognitivas básicas, socioemocionales y manuales. Los trabajadores con estos perfiles de competencias “integrales” tienen más probabilidades de acceder a empleos con mejores salarios y condiciones de trabajo.
El análisis original de la OIT sobre datos de vacantes en línea muestra una fuerte demanda de una combinación de competencias digitales, de comunicación, trabajo en equipo y resolución de problemas. Las competencias socioemocionales por sí solas representan más de la mitad de las solicitadas en países como Brasil, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos, y más del 40 % en Egipto, Jordania, Sudáfrica y Uruguay. También existe una alta demanda de competencias cognitivas y técnicas.
Por ahora, las competencias específicas en IA representan solo una pequeña parte de la demanda total de
competencias. Se espera que esta demanda crezca, pero también refleja el hecho de que muchos trabajadores utilizan herramientas de IA listas para usar que no requieren conocimientos especializados. En su lugar, dependen de competencias básicas sólidas como la alfabetización digital, el pensamiento crítico y las habilidades sociales.
La OIT estima que, a nivel mundial, el 32 % de los trabajadores realiza tareas relevantes para el medio ambiente. El informe advierte que los empleos vinculados a la transición ecológica no son automáticamente empleos decentes. Sin la combinación adecuada de competencias y políticas, estas nuevas oportunidades pueden no traducirse en mejores condiciones de trabajo.
El informe también destaca las crecientes necesidades de cuidados. Se prevé que la demanda mundial de trabajadores de cuidados de larga duración aumente de 85 millones en 2023 a 158 millones en 2050. Sin embargo, muchos trabajadores del sector de los cuidados siguen enfrentando malas condiciones laborales, lo que pone de relieve que las competencias suelen estar infravaloradas y mal remuneradas en sectores esenciales para la sociedad.
El aprendizaje permanente como prioridad de política pública
El informe propone un enfoque integral del aprendizaje permanente, que vaya más allá de la educación formal para abarcar oportunidades de aprendizaje y formación en los lugares de trabajo y en la sociedad en su conjunto. El aprendizaje permanente es más que empleabilidad y productividad. Sustenta el trabajo decente, la innovación genuina, la ciudadanía activa y la inclusión social, lo que lo convierte en una piedra angular de cualquier estrategia eficaz de crecimiento y desarrollo sostenible.
Sin embargo, en muchos países los sistemas de aprendizaje siguen fragmentados y crónicamente infra financiados. Incluso en los países de ingresos altos, el 34 % destina menos del 1 % de sus presupuestos públicos de educación al aprendizaje y la educación de adultos.
En los países de ingresos bajos, esa cifra asciende al 63 %. Los países de ingresos altos suelen contar con marcos institucionales más desarrollados, pero persisten desafíos importantes, como la escasa coordinación entre instituciones y las desigualdades en el acceso a las oportunidades de aprendizaje.
En los países de ingresos más bajos, las barreras estructurales, como la financiación limitada y la infraestructura insuficiente, restringen aún más el alcance y la eficacia de los sistemas de aprendizaje. También destaca la necesidad de una gobernanza sólida, coordinación, financiación y diálogo social. Sin medidas decisivas, advierte el informe, las transformaciones que configuran el futuro del trabajo corren el riesgo de dejar atrás a grandes segmentos de la fuerza de trabajo mundial.
Un marco de injusticias en el sistema capitalista

La historia de los pueblos conlleva un sueño: el del progreso, que surge precisamente de confrontarse una y otra vez a lo mismo, en una especie de repetición continua. La compulsión de repetición o, simplemente, la repetición per se es un concepto que Sigmund Freud definió para intentar dar un fundamento al impulso de los seres humanos a repetir actos, pensamientos, sueños, juegos, escenas o situaciones desagradables o incluso dolorosas.
Los discursos actuales con su retórica parecieran formar parte de este estado de cosas. Vivimos en el eterno retorno de una época marcada por la conjunción de múltiples crisis, donde cada una de ellas revela deficiencias arraigadas desde hace mucho tiempo en nuestros sistemas y políticas imperantes. Detrás de esas fallas se esconden desigualdades estructurales del capitalismo que, con cada perturbación, llevan a millones de personas a quedarse aún más rezagados.
Todos estos elementos generan la percepción de que algo en la sociedad es profundamente injusto y el malestar social que evoca es una de las causas más importantes de la inestabilidad social en la actualidad.
La informalidad sigue siendo un obstáculo importante y una de las causas profundas que impiden lograr una protección inclusiva, adecuada y eficaz de todos los trabajadores. Mas de dos mil millones de trabajadores en todo el mundo se ganan la vida en la economía informal, con derechos y protecciones limitados.
Mas de 685 millones de personas viviendo en la pobreza extrema, la mayoría de ellas en África subsahariana y en economías frágiles y afectadas por conflictos, incapaces de procurarse recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas de agua potable salubre, alimentación, saneamiento, salud y vivienda. Estas carencias son una afrenta a la dignidad humana y, por lo general, están interrelacionadas con otras tantas injusticias, como el trabajo infantil y el trabajo forzoso.
Según estimaciones de la (OIT), casi 138 millones de niños – 59 millones de niñas y 78 millones de niños – se encuentran en situación de trabajo infantil, lo que representa cerca del 8 por ciento de todos los niños a nivel mundial; entre ellos, 54 millones realizan trabajos peligrosos que pueden perjudicar su salud, seguridad o moralidad. A su vez 3 millones de personas mueren cada año a causa de accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo.
Esto equivale a más de 7.500 muertes diarias por causas laborales; la tragedia humana que ello supone, junto con la pérdida de rendimiento económico y productividad, generan más injusticia. El empleo decente sigue siendo el
principal medio para garantizar el bienestar material y la mejora del nivel de vida, ya que permite a las personas trabajar con dignidad y fomenta la inclusión social.
La tasa global de desempleo se mantiene en torno al 4,9 % en 2026 (185,8 millones de personas), repitiendo los porcentajes de 2024 y 2025, según las estimaciones de la (OIT), que sin embargo alerta de una ralentización en la mejora de las condiciones laborales.
La imposibilidad de acceder al empleo tiene consecuencias importantes para las perspectivas de los jóvenes de insertarse satisfactoriamente en el mundo del trabajo después de terminar los estudios. Llevamos años escuchando y creando diferentes jurisprudencias en la materia, no obstante, en cada conferencia, en cada informe se escucha más de los mismo.
Uno de cada cinco jóvenes (de 15 a 24 años) no estudia, ni trabaja ni recibe formación. La realidad es que más del 60 por ciento de la población mundial empleada trabaja en la economía informal, con el doble de probabilidades de vivir en la pobreza que los de la economía formal. Están suficientemente reconocidos en la legislación y a menudo desprotegidos en la práctica, y se enfrentan a riesgos mucho mayores en caso de conmociones externas y fluctuaciones de los ciclos económicos.
El trabajo ocasional está muy extendido en los países en desarrollo e incluso está cobrando relevancia en los países de ingresos altos, en particular el trabajo por llamada, en el que los trabajadores se presentan a trabajar acudiendo a una llamada y cobran sólo cuando se los necesita. La intermitencia y la escasez de horas que caracterizan a este tipo de trabajo suelen ser involuntarias y están asociadas con frecuencia al subempleo por insuficiencia de horas. Esta
situación de inseguridad se solapa con la informalidad cuando los umbrales mínimos de horas de trabajo impiden el acceso a las prestaciones de la seguridad social.
Por otra parte, el aumento de los riesgos relacionados con el clima y los fenómenos extremos ha erosionado aún más la seguridad económica. El cambio climático representa un peligro para los empleos, los medios de vida y las empresas, y produce efectos dispares en las distintas partes del mundo. Los países de ingresos bajos y medianos sufren (y sufrirán) un impacto mayor a consecuencia del cambio climático que los países de ingresos más altos en cuanto a la volatilidad de las temperaturas, la exposición a enfermedades tropicales y de transmisión hídrica y la exposición al aumento del nivel del mar, entre otros muchos factores.
Todo esto y mucho más acontece en estos momentos. Es la disección del instante en el que núcleo del problema es extraído del olvido y la indiferencia. Y esta realidad, que debería generar debates muy serios y conclusiones determinantes para el cambio, se convierte en anécdota o comentario de tertulia onusiana. La idea de justicia social está expuesta a ese riesgo… al menos hasta la próxima conferencia.
*Periodista uruguayo residente en Ginebra, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)