Venezuela vuelve al FMI pero sin endeudarse

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Pablo Rodríguez

Venezuela dio esta semana un paso clave en su posición internacional al lograr que el Fondo Monetario Internacional reanudara formalmente sus relaciones con el país, tras siete años de suspensión que avalaron la “estrategia Guaidó” de desconocer a las autoridades venezolanas.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, presentó la decisión como “un paso muy importante para la economía venezolana” y “un gran logro de la diplomacia”, subrayando que detrás del lenguaje técnico del FMI hay un dato central: la mayoría de los países miembros reconoce a su gobierno como interlocutor legítimo.

El regreso al organismo multilateral no se plantea como una vuelta al viejo recetario de ajustes y deuda, sino como una estrategia soberana para recuperar derechos, voz y activos que son propiedad de la República. La medida permite a Caracas normalizar su representación en el Fondo, reincorporarse de lleno al sistema estadístico internacional y abrir la puerta al uso de derechos especiales de giro y reservas que estuvieron congeladas desde 2019 por la disputa sobre quién era reconocido como gobierno.

En declaraciones de última hora, Rodríguez marcó con claridad una línea roja: “No tenemos previsto ningún programa de endeudamiento. La recuperación de nuestra representación ante este organismo internacional es muy importante, es una gran noticia para Venezuela”, declaró durante un acto oficial transmitido por la televisión estatal. El mensaje apunta a despejar temores internos sobre eventuales condicionamientos del Fondo.

Para Miraflores, el movimiento tiene además un valor político: neutraliza años de gestiones opositoras destinadas a mantener a Venezuela aislada de los grandes organismos financieros y refuerza la idea de que la nueva etapa se construye con más aliados y menos bloqueos. La propia Rodríguez ha señalado que sectores “extremistas” intentaron, sin éxito, frenar el acercamiento en capitales europeas, mientras el gobierno trabajaba en silencio para desbloquear activos y abrir nuevas posibilidades de apoyo a servicios públicos y reservas internacionales.

En este contexto, la reanudación de relaciones con el FMI se presenta desde Caracas como una jugada defensiva y a la vez ofensiva: se rompe el cerco institucional sin aceptar una nueva camisa de fuerza financiera. El Ejecutivo apuesta a usar esta normalización como palanca para fortalecer la estabilidad macroeconómica, mejorar su perfil ante otros organismos como el Banco Mundial y la banca regional, y demostrar que Venezuela puede volver a sentarse en las grandes mesas de decisión sin renunciar a su agenda de soberanía.