Rostros del fracaso en una Europa que protesta

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INÉS BENÍTEZ | Ingenieros sin empleo, empresas familiares que se derrumban, trabajadores precarios en un mercado laboral enfermo. Es España, pero se parece a Portugal, Grecia, Italia…

Foto: Mario Queiroz – IPS

“Consumimos mucho menos. Elegimos más lo que comemos y vamos buscando ofertas”, explica Esperanza ante la pregunta de IPS sobre cómo cambió su vida la merma de ingresos familiares en los últimos años.

Esperanza es enfermera especializada en geriatría con más de 13 años de experiencia laboral. Ella y su marido Antonio, también del gremio y especializado en urgencias, han visto reducido casi a la mitad el dinero de su hogar, en el que crían a dos hijos de dos y siete años.

Antonio está sin trabajo y cobrará la prestación por desempleo aún durante ocho meses. “De ganar 4.000 euros (5.068 dólares) entre los dos, hemos pasado a unos 2.000 (2.534 dólares)”, apuntó Esperanza, contratada en el Centro Regional de Transfusiones Sanguíneas de la ciudad sureña de Málaga.

La pareja baraja la posibilidad de emigrar a Alemania en busca de un salario “digno”.

En España, 35 por ciento de los asalariados perciben un máximo de 641 euros mensuales (814 dólares), monto del salario mínimo. Y 40 por ciento de los trabajadores por cuenta propia están en riesgo de pobreza, según un estudio de la Fundación Primero de Mayo, que alerta sobre el empobrecimiento creciente de la clase trabajadora.

Esperanza quería secundar la huelga general convocada para este miércoles 14, porque le “parece aberrante” esta situación, pero forma parte de los servicios mínimos que se deben mantener durante la jornada.

Impulsada por la Confederación Europea de Sindicatos, la Jornada de Acción y Solidaridad se vivirá con huelgas de 24 horas en España y Portugal, y parciales en Grecia e Italia, de tres y cuatro horas respectivamente.

En Francia, Polonia, República Checa, Eslovenia y Rumania hay convocatorias a manifestaciones, y se organizan actos de solidaridad en Alemania, Austria, Luxemburgo, Holanda y los países escandinavos.

La huelga general española, segunda que enfrenta el gobierno derechista de Mariano Rajoy en 11 meses, fue convocada en octubre por las centrales mayoritarias, Comisiones Obreras (CCOO) y Unión General de Trabajadores (UGT), junto a la Cumbre Social que agrupa a más de 150 organizaciones civiles.

Tras recoger alimentos para su familia en un comedor social, la malagueña Tamara cuenta a IPS que trabajó años “cuidando ancianos y como cocinera en hoteles”, pero se quedó “sin empleo y sin subsidio”. Vive sola, con dos hijos de 17 y 24 años; el primero estudia y el segundo está también desempleado.

Más de la mitad de los jóvenes no encuentran trabajo en España, tal como la cuarta parte de la población activa, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

En Europa hay 25,7 millones de desempleados –10,6 por ciento de la población activa– de los cuales 18,5 millones están en la zona euro, según estadísticas de Eurostat.

El desempleo no perdona ocupaciones. Hoy campea entre los ingenieros españoles, hasta hace poco tiempo profesionales codiciados.

“He pasado de ganar 100.000 dólares al año, trabajando en el extranjero en un organismo internacional, a 60.000 en una compañía que me contrató cuando llegué a España hace cinco años… y que ahora me ha despedido”, relata a IPS el ingeniero aeronáutico Josué Escudero, con dos hijos de tres y siete años y una esposa desempleada.

Las dificultades para encontrar empleo hicieron multiplicar el número de trabajadores por cuenta propia, que engrosó en 65.100 personas en el tercer trimestre de 2012, el mayor crecimiento que recoge la estadística del INE desde 2006.

“Dejé mi compañía porque no soportaba más el maltrato psicológico y la carga de trabajo”, cuenta Ali, una rusa que lleva 14 años en España, los últimos cinco en una firma mayorista de viajes. Ahora está embarcada en crear su propia empresa, relacionada con el turismo.

Pero ese sector de pequeñas y medianas empresas y negocios familiares acusa la caída del consumo.

“La situación está muy mal. No he vivido una crisis como esta”, observa María, que 32 años atrás fundó con su marido una sociedad de venta de zapatos en la que hoy trabaja con sus hijos. Llegó a tener ocho tiendas y 14 empleados en Málaga, pero tuvo que despedir a cuatro y ahora teme no poder mantener las cuatro que siguen abiertas.

“Si el consumo no funciona, no funcionamos nosotros”, expone María con lógica cristalina. Hace tres años que no toma vacaciones y se reconoce deprimida.

La situación no es muy distinta en Portugal.

“A pesar de que nunca antes lo hice, esta vez voy a hacer huelga”, dice a IPS la joven portuguesa Marisa Ribeiro, empleada de una empresa de transportes. “Me han anunciado que pierdo mi trabajo dentro de dos meses. ¿Qué más puedo hacer ante un futuro hipotecado por la señora Merkel?”, cuestiona.

Angela Merkel, jefa del gobierno alemán, encarna la austeridad que la Unión Europea adoptó como medicamento para la crisis económica.

La huelga general, convocada en septiembre por la Central General de Trabajadores de Portugal (CGTP) se anuncia con una adhesión sin precedentes, mucho más allá de los sindicatos que la componen.

“Nuestra vida familiar cambió radicalmente”, dice a IPS el albañil João Pedro Nogueira, casado y padre de dos hijas. Dos años atrás, pagaba menos impuestos y tenía “un sueldo decente”. Pero su salario cayó 22 por ciento y le eliminaron las dos pagas extraordinarias anuales, de vacaciones y Navidad.

“Mi modesto Opel se está deshaciendo, pero ni hablar de cambiar automóvil. Antes nos podíamos dar el lujo de almorzar fuera los domingos”, pero ahora es impensable “tal derroche”, dice.

De hecho, sus dos hijas sí desayunan fuera, en el comedor social de la escuela. Y esa fue para él la gota que rebasó el vaso. Está harto.

Entre sus compañeros de trabajo hay “mucho miedo ahora que los patronos pueden despedir sin mayor trámite”, afirma. Pero él está decidido: “dará la cara” este miércoles, adhiriéndose a la huelga. “Si me echan, emigro a Brasil o a Angola”.

En Portugal, los trabajadores más afectados por la crisis son los empleados públicos, “víctimas de una brutal reducción del salario y pérdidas de los subsidios de vacaciones y Navidad”, explica a IPS el secretario general de la CGTP, Armenio Carlos.

Según sus cálculos, “el poder de compra de estos trabajadores cayó entre 25 y 30 por ciento”. Y se anuncia que la recesión portuguesa se profundizará otro 2,5 por ciento para 2013.

* Con aportes de Mario Queiroz (Lisboa)