Marco Rubio y las puertas giratorias del petróleo
Leopoldo Puchi
En los primeros meses de 2025, a pocas cuadras de la Casa Blanca, funcionarios del Departamento de Estado revisaban informes de inteligencia y escenarios para Venezuela. Sobre la mesa estaban siempre los mismos temas: seguridad y migración. Sin embargo, la cuestión de fondo era más concreta: cómo tomar el control del país con las mayores reservas de crudo del mundo.
Esa misma noche en un hotel de lujo de Nueva York, se desarrollaba una reunión paralela. Ejecutivos petroleros, lobistas y tenedores de bonos discutían sobre licencias y oportunidades de negocio en Venezuela. Lo que estaba en juego no era solo quién gobernaría el país, sino quién se beneficiaría del petróleo. 

Puertas giratorias y dos estrategias
Algunos de los participantes habían pasado del gobierno a las empresas; otros hacían el recorrido inverso. Es lo que se conoce como puertas giratorias, donde se mezclan intereses públicos y privados. En el caso venezolano, esa dinámica de esas puertas ayuda a explicar por qué la política estadounidense avanzó en 2025 en direcciones a veces contradictorias.
Durante varios meses coexistieron dos enfoques en Washington. El primero apostaba por un entendimiento con Nicolás Maduro. Sus promotores argumentaban que la prioridad debía ser garantizar estabilidad energética en el contexto de la guerra en Ucrania. Figuras como Harry Sargeant encarnaban esa visión pragmática.
El segundo enfoque apuntaba al derrocamiento de Maduro, preservando parte del aparato estatal. Asesores vinculados a Chevron y al mundo financiero, como Ali Moshiri, impulsaban un “modelo Venezuela” que combinaba cambio político, estabilidad institucional y control de los recursos petroleros.
Donald Trump se decidió por la segunda opción y el 3 de enero los militares estadounidenses atacaron. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, pero una constante permanece: las puertas giratorias entre funcionarios, empresarios y asesores financieros siguen siendo el eje de la política hacia Venezuela. Lo que había comenzado en Washington y Nueva York se consolidó en Miami como una red que gestiona fondos multimillonarios provenientes de la venta del petróleo venezolano.
Claver-Carone
En esta nueva etapa aparece la figura de Mauricio Claver-Carone, estrecho aliado de Marco Rubio, llamado por algunos medios como el “virrey de Trump en Venezuela”. Sin ocupar un cargo formal, su influencia se extiende desde lo político hasta la asignación de contratos. A través de emisarios enviados a Caracas, ha logrado que Venezuela contrate firmas como Centerview Partners y el bufete Hogan Lovells para la reestructuración de una deuda de miles de millones de dólares.
Cuentas del Tesoro
Los legisladores demócratas han denunciado que los ingresos petroleros pertenecientes a Venezuela, depositados en cuentas del Tesoro estadounidense, han sido gestionados sin auditoría independiente. Desde allí, Rubio determina cuándo se utilizan esos recursos y a qué gastos se destinan.
Para algunos observadores, el esquema recuerda experiencias anteriores de intervención estadounidense en países petroleros. En Irak, tras la invasión de 2003, la administración provisional creada por Washington quedó marcada por denuncias de corrupción. Incluso el programa Petróleo por Alimentos, concebido años antes bajo supervisión internacional, terminó envuelto en escándalos de sobornos, extorsiones y tráfico de influencias.
Carrera política
La intervención estadounidense en Venezuela está hoy en manos de redes híbridas donde se mezclan Estado, corporaciones, asesores privados y actores políticos con intereses propios.
Marco Rubio está entre los beneficiarios de un statu quo que, por ahora, parece tener pocos incentivos para modificarse, ya que garantiza a Washington el control sobre el Estado venezolano y, al mismo tiempo, fortalece las redes financieras y políticas que respaldan sus aspiraciones presidenciales.
Entre firmas de asesoría, licencias petroleras y gestión discrecional de fondos multimillonarios, se consolida un particular modelo de tutela extranjera que evidencia cómo las puertas giratorias pueden servir tanto a Washington como a intereses privados.
* Politólogo y analista poíitico. Cofundador del Movimiento al Socialismo, fue ministro de Trabajo