Mundial: El verdadero motivo de la expulsión del árbitro somalí
Mariano Saravia
Pero lo del árbitro Omar Artan supera todo, porque tenía todo en regla, la visa correspondiente, la designación e invitación oficial de la FIFA para dirigir en esta Copa del Mundo, y hasta pasaporte diplomático. Para mayores antecedentes, estamos hablando de quien fuera designado el año pasado como mejor árbitro de toda África.Ante esta verdadera ignominia, las reacciones fueron diversas. Veamos.
La FIFA se lavó las manos, y dijo que no podía intervenir en la política migratoria de un país anfitrión. Pero podría haber reasignado al árbitro a partidos que se jugaran en los otros países sede. De hecho, Canadá se ofreció, diciendo que no tenía ningún problema en recibir a Artan. ¿Por qué no lo hizo la FIFA? Aquí hay mucho más que solo desorganización o desidia.
Los otros árbitros no dijeron nada, ni una reacción, ni una palabra. No existe una organización internacional que agrupe a los árbitros, como sí existen en la Argentina: SADRA (Sindicato de Árbitros Deportivos de la República Argentina) y AAA (Asociación Argentina de Árbitros). Ninguna de las dos agrupaciones emitió ni un comunicado. Mucho menos los árbitros argentinos que están dirigiendo en la Copa del Mundo: Facundo Tello, Yael Falcón Pérez y Darío Herrera. Yo sé que es difícil ponerse contra el poder… pero una palabrita, un poco de dignidad, siguiendo el ejemplo que nos dejó ya sabemos quién…
El periodismo, bueno, el periodismo… Ya sabemos cómo es el periodismo. Trataron el tema desde lo anecdótico, sin conocimiento, y lo peor, sin querer conocer, que debería ser la esencia del periodismo. O bien como algo de color, o, el más osado, haciendo una tímida crítica a la administración Trump, pero siempre abordando las consecuencias de los hechos, nunca las causas.
Resultado, para el común de la gente, los hinchas y el público en general, fue, a lo sumo, una más de las locuras de Trump. Un pensamiento que se va generalizando, la mala imagen del presidente estadounidense, pero desde el reduccionismo de que es un loco y nada más.
Jugada geopolítica de Netanyahu y Trump
La realidad está muy alejada de una simple locura o una expresión más de la xenofobia y el racismo estadounidense. Si hubiera sido solo eso, las autoridades de Estados Unidos le habrían denegado con anticipación la visa al árbitro somalí. Se hubieran ahorrado el papelón internacional. Pero es que, justamente, lo que buscaron esas autoridades fue el escándalo mediático, porque forma parte de una movida en el ajedrez de la geopolítica de Medio Oriente.
Los responsables que tomaron la decisión nunca dieron una explicación oficial, pero se encargaron de lanzar sospechas difusas, hablando de «gente peligrosa». En realidad, sin decirlo, se refieren al grupo yihadista Al Shabaab, una franquicia de Al Qaeda en el Cuerno de África. Pero resulta que, justamente, esos terroristas luchan permanentemente contra el gobierno central de Somalia, y el árbitro Artan está relacionado con el gobierno, le dieron un pasaporte diplomático, y a su vuelta en la capital, Mogadiscio, el propio gobierno lo condecoró y le organizó una recepción apoteótica, con una cancha de fútbol llena para aclamarlo como héroe. La versión velada estadounidense de sus vínculos con Al Shabaab no cierra por ningún lado.
Lo que subyace detrás de toda esta novela es una jugada de Donald Trump y quien en los últimos meses parece ser su jefe, el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu.

Resulta que, en 1991, la parte norte de Somalia declaró unilateralmente su independencia, tomando el nombre de Somalilandia. Desde ese momento, Somalilandia funciona de facto como un Estado independiente con su propio gobierno, moneda y ejército. Pero para el gobierno de Somalia, Somalilandia sigue siendo parte integral de su territorio y rechaza cualquier intento de secesión.
En esta novela hay un hito importante, hace menos de seis meses, a fines de diciembre pasado, el Estado de Israel reconoció formalmente a Somalilandia, transformándose en el primer y único país del mundo en hacerlo. ¿Por qué? Por una razón geopolítica muy importante: Somalilandia, o más bien, la parte norte de Somalia, está justo enfrente a Yemen (Península Arábiga) y en el Estrecho de Bab al Mandeb, que es el paso del Océano Índico y el Mar Arábigo al Mar Rojo.
Por ahí pasa el 30 por ciento de los contenedores a nivel mundial y el 12 por ciento del comercio de petróleo. Los barcos buscan, a través del Mar Rojo, el Canal de Suez para, luego, pasar al Mar Mediterráneo. Es decir, tiene una importancia geoestratégica mayúscula, complementando la que tiene el Estrecho de Ormuz, clave para entender el actual triunfo iraní en la guerra contra Israel y Estados Unidos.
Pasando en limpio, Israel reconoció hace 6 meses la «independencia» de Somalilandia para extender su influencia geopolítica, e incluso militar, ahí y poder enfrentar directamente a los hutíes de Yemen.

En este marco, también Estados Unidos movió sus fichas. Sin llegar al reconocimiento pleno, Donald Trump lo que hizo es actuar como lo que es, más un empresario que un estadista. Le prometió al gobierno de Somalilandia que también reconocería su soberanía si ellos aceptaban recibir a los dos millones de palestinos de la Franja de Gaza. Ante el genocidio cometido por Israel en Gaza, recordemos que lo más brillante que se le ocurrió a Trump fue transformar a Gaza en la «Riviera de Medio Oriente», con una explosión de juego, prostitución y otros vicios .
Lo dijo claramente: «Voy a tomar el control de Gaza». Claro, para eso haría falta una limpieza étnica. Y también lo dijo claramente proponiendo que los palestinos de la franja se vayan de ahí. ¿Y adonde? Justamente en Somalilandia.
Por todo esto, la expulsión del árbitro somalí no es solo un papelón, producto de una locura. Es verdaderamente una jugada geopolítica de Israel, Estados Unidos y la FIFA.
*Periodista, magister en Relaciones Internacionales.