Ana Elisa Osorio: «La tragedia es que hay una parálisis»

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Héctor Bujanda – contrapunto.com

– En la ya larga era de la telepolítica venezolana, resulta casi imposible olvidar las imágenes del documental La Revolución no será transmitida, donde aparece la ministra del Ambiente de entonces, Ana Elisa Osorio, con los ojos aguarapados por la inminente salida del presidente Chávez de Miraflores, aquella noche del 11 de abril de 2002.

Aún conmocionados por el golpe, la ministra sale del despacho del Jefe de Estado a explicar, a quienes la rodean, el mensaje que ha transmitido el Presidente, justo antes de aceptar su traslado, por exigencia del generalato, a Fuerte Tiuna. La voz de Ana Elisa es lo más parecido a un electrocardiograma, no se sostiene en un solo tono, se quiebra como un muro en escombros, a medida que va verbalizando la trágica circunstancia: “Chávez no ha renunciado, hay que dejar como evidencia que es un golpe de Estado. Que lo sepan todos los venezolanos, un golpe de Estado impune contra el pueblo que lo quiere”.

Aquellas palabras, que las cámaras recogieron dentro del Palacio, siguen siendo un testimonio vivo de las figuras que más cerca estuvieron de Hugo Chávez cuando cayó en desgracia y, sobre todo, cuando logró renacer como un Ave Fénix, 48 horas después, impregnado de un poder inaudito, marcado por el aura de una gloria inconmensurable que le sirvió de combustible, de pulsión, para ganar todas las batallas humanas y terrestres, menos la de la muerte.

Sin Chávez desde 2013, el chavismo se busca en su épica del pasado, en los discursos que se repiten una y otra vez, en las ceremonias que intentan mantener vivo el legado, pero aún así la ausencia definitiva del líder sigue produciendo desacomodos. Hombres y mujeres que ayer fueron considerados la legión más leal al comandante, hoy están de facto desplazados. La diputada del Parlatino, Ana Elisa Osorio, podría pertenecer a esa lista “negra” que encabezan Jorge Giordani y Héctor Navarro. Acaba de salir de la Dirección Nacional del PSUV, sin que esa decisión fuera discutida ante el congreso del partido. Inevitable sospechar que ese desplazamiento se debe a la manera como Ana Elisa Osorio ha venido defendiendo las polémicas posturas que el exministro Giordani ha hecho pública contra el Gobierno del presidente Maduro.

—¿Le pareció correcta la manera cómo se eligió la nueva Dirección Nacional del PSUV?

—El cambio de directiva era necesario, estábamos en el puesto desde el año 2008, cuando fuimos elegidos en unos comicios de segundo grado. En principio fuimos postulados por un Congreso Extraordinario, el presidente Chávez hizo una cooptación para reducir la lista de candidatos y quedamos cerca de 70. Allí fuimos a una elección por patrullas y mediante ese método quedé electa. Por eso era necesario renovar la Dirección Nacional. En ese sentido, es absolutamente legítima la medida. Lo que sí me sorprende es el método, el presidente Maduro había hablado de elecciones primarias. Sin embargo, los estatutos dicen que es válida la cooptación para nombrar la directiva. Yo creo que le hubiera dado mayor legitimidad a la elección si el propio Congreso hubiera debatido la lista de candidatos que se llevó. Desde el punto de vista legal, repito, es legítima la manera como se hizo.

—¿Y desde el punto de vista político?

—Bueno, yo creo que probablemente el presidente Maduro pensó que la situación política no daba para realizar unas elecciones primarias.

—¿Cuál es esa situación política, según Ana Elisa Osorio?

—Es un momento complejo. Estamos sometidos a muchas amenazas. Está la guerra económica, que puede tener otros componentes, pero es una guerra real. Hay desabastecimiento programado, hay incitación a desórdenes. La propia declaración del presidente de Cencoex es elocuente: hemos consumido en 15 días lo que tendríamos que haber consumido en tres meses. Eso manifiesta que, por una parte, hay nerviosismo para las compras, pero por otro que hay desabastecimiento programado a través del bachaqueo y el contrabando. Es una situación compleja y es necesario tomar decisiones a tiempo para frenar la situación de deterioro o una situación como la que pretende Estados Unidos, que la ha anunciado y la pronostica. Más que un pronóstico, es un plan. Y eso es muy peligroso.

—El bachaqueo y el contrabando no son fenómenos nuevos, lo que sí es nuevo es la escasez, la sensación de que faltan los dólares y no se toman decisiones en el campo económico.

—La peor decisión es la que no se toma. Eso es, en buena medida, lo que está ocurriendo. El presidente Maduro anuncia que va a anunciar las medidas extraordinarias y dice que va a mantener el dólar a 6,30. Lo dice de buena fe, lo dice para proteger al pueblo. Pero lo que está ocurriendo es que el 6,30 no está protegiendo al pueblo. Eso es parte de lo que se ha denunciado cuando hablamos de fuga de divisas por la entrega de ese dólar a empresarios inescrupulosos que no terminan comprando lo que dicen comprar, o compran una parte y otra la venden al paralelo.

Hay que tomar medidas drásticas. El propio Giordani habla de tomar medidas draconianas. ¿Qué significa eso? Bueno, para mí eso significa tomar el control del comercio exterior. Estamos en un momento de comprar lo que necesitamos, no podemos comprar cosas suntuarias. Al menos en este momento, después se puede estabilizar, pero por ahora usar las divisas para producir alimentos y poner al Estado, que ha crecido de forma desmesurada, al servicio del país. El Estado debe asumir que los dólares que produce, que son casi el 100% de lo que ingresa, deben ser controlados por el Estado para todos los venezolanos. No puede ser que se siga diciendo que se fugaron 200 mil millones de dólares, que se fugaron 5 mil millones. ¿Dónde están los presos? ¿Dónde están los responsables? Hay empresarios pero también funcionarios que aprobaron esos dólares, que fiscalizaron y están metidos en el negocio.

—Si se fugaron 22.500 millones de dólares en empresas de maletín en 2013, si el Estado que gestiona lo dólares los reparte mal, allí hay un problema. El Gobierno pide lealtad.

—Habría que definir la lealtad y para quién es esa lealtad. Yo no creo en la lealtad a las personas, sino a las ideas. Por ejemplo, yo me declaro leal al presidente Chávez, independientemente de que haya cometido errores, uno puede santificar a la gente así, pero creo que fue un líder importante, que nos abrió un camino que uno pretende seguir. El chavismo para mí es una concepción de vida. Antes de Chávez, me declaraba socialista. La lealtad tiene que estar en función de los principios. Si Chávez nos hubiera vendido a los Estados Unidos, yo no habría podido ser leal al presidente Chávez.

Sigo siendo chavista porque cuando uno hace la balanza entiende que Hugo Chávez abrió el camino para la transformación, a pesar de las dificultades que pudieron haber existido. Hoy en día, la tragedia es que hay una parálisis, las indecisiones son terribles, porque cuando no decides, otro decidirá por ti. Así la historia te llevará por delante.

—¿Se refiere al aumento de la gasolina?

—Por ejemplo. Como estamos en un año electoral, la oposición dice que no está de acuerdo con el aumento. Pero hace un año sí lo estaba. El año pasado era el año para subir el precio de la gasolina. Había un ambiente favorable, no había la situación de inflación que hay hoy. Estamos atrasados, habríamos tenido un año con ingresos extraordinarios que son sumamente necesarios, por lo menos para garantizar un flujo de divisas para Pdvsa, para que la industria invierta en la propia industria. Pdvsa está produciendo menos de la cuota que nos corresponde y eso tiene que ver con el mantenimiento de la industria.

Vamos a ser un país rentista por mucho tiempo y esto que digo no es una sentencia, pero no se está haciendo absolutamente nada para cambiar al país rentista. Para avanzar hacia el socialismo tenemos que desprendernos del rentismo. Eso no se va a lograr de un año para otro. Hay que sembrar las bases productivas para que, efectivamente, podamos desarrollar los mecanismos de una economía diversificada bajo control obrero. No se trata de que sigamos avanzando por el capitalismo de Estado.

—Las empresas del Estado han funcionado poco.

—Yo no creo en el Estado empresario. Nosotros tenemos que darle habilidades y formación a los trabajadores para que asuman el control de las empresas, incluso las del Estado. ¿Cuántas empresas hemos creado o nacionalizado que están prácticamente quebradas? El Estado no puede administrar eso. Tiene que administrarlas el pueblo organizado.

—El chavismo se sintió acompañado por un líder y por un Estado que lo protegía y le daba empleo. Ahora ese mismo chavismo está huérfano, sin debate, sin participación. En el tema económico, las ideas las ponen los neoliberales, por ejemplo.

—Si hay chavistas que proponen ideas.

—¿Quién?

—El profesor Giordani.

—Pero él ya estuvo allí.

—Estuvo allí, pero eso no significa que no pueda proponer. Está Héctor Navarro. David Parivisini, que es chavista. Está Víctor Álvarez.

—A Víctor Álvarez no le han comprado una sola idea.

—El tema no es que el Gobierno le pare a Jorge Giordani o a Víctor Álvarez. Hay que separar los temas: yo creo que el chavismo tiene que abrir el debate, lo primero es no caer en la trampa de que la alternativa es la derecha. Ya eso lo vivimos y durante 40 años hubo desnutrición, niños de la calle. A veces nos angustia volver a ver personas en situación de calle, pero no se trata de lo que teníamos hace 15 años. En materia económica hay una propuesta clara de nacionalizar el comercio exterior porque esas divisas son del Estado. Tiene que haber una discusión pedagógica sobre el aumento de la gasolina. Si te suben la gasolina a un bolívar, el tanque lo llenarás con 50 bolívares. Un taxista te cobra por cada carrera 200, ese tanque no repercute en la estructura de costos. Hay que tomar decisiones. Si la subes mil por ciento, a un bolívar el litro, eso no tiene ningún impacto. Hoy en día la regalamos. ¿Dónde está el gas que tanto hemos ofrecido? ¿Existe o no existe? ¿Hay gas o no hay gas? El gas es más barato, es más ecológico. Esa es la salida perfecta al problema.

—¿Por qué no lo sabe Ana Elisa Osorio, que ha sido ministra y directiva nacional del PSUV?

—Porque últimamente estoy creyendo que lo que nos dijo Pdvsa en algún momento es mentira.

—¿Es la única mentira de Pdvsa?

—Probablemente no, y por eso hay más de un preso hoy día. El presidente Maduro tiene que ser muy exigente con su equipo más cercano de colaboradores, aquí no se puede seguir promoviendo la ineficacia y la corrupción. Tiene que haber un castigo ejemplar. Lo hizo Fidel con Ochoa: era de su cuadro de honor, de la cúpula. ¿Qué hizo? Lo fusiló. Yo no estoy pidiendo fusilamiento, porque eso no está en nuestra Constitución. Pero si a un general lo encuentras en actos graves de corrupción, hay que meterlo preso y degradarlo.

—¿No le estará pidiendo demasiado al Presidente? A Chávez le sobraba el capital político pero nunca encaró la corrupción, allí están los casos de Rafael Isea y Alejandro Andrade.

—Que ahora tienen aviones.

—Ellos fueron el anillo de Chávez durante muchos años.

—Sí, pero yo no creo que eso sea responsabilidad del presidente Chávez. Quizá tuvo algunas debilidades con los militares, con sus compañeros de promoción. Son su familia, tal vez tuvo debilidades con algunos de sus pupilos. En todo caso, creo que debe haber sido muy doloroso para él, pero no tiene mucho sentido volver atrás, hay que mirar hacia adelante.

—Pero sin el capital político de Chávez, ahora se le pide a Maduro enfrentar los monstruos de la llamada boliburguesía.

—Hay cosas de las que no hablo porque no lo sé. El profesor Navarro habló del proyecto de ley contra la corrupción. Esa es una voz que tenemos que levantar para que la Asamblea Nacional la apruebe, esa ley va contra el nepotismo, que ése es otro mal que tenemos. Tiene que haber castigo ejemplarizante. Mientras exista impunidad, no podremos resolver nada.

—Figuras e instituciones que fueron consagradas por años como símbolo de lo rojo rojito empiezan a representar la corrupción o la traición. ¿Es peligrosa la situación?

—Creo que todavía hay mucha gente roja rojita, pero lamentablemente hay desviaciones. Las desviaciones siempre han existido en todos los procesos. Por eso yo creo que una manera de elevar el capital político en estos momentos es luchar contra la impunidad, promulgar una ley contra la corrupción que permita castigar ejemplarmente a los corruptos. Al Gobierno no puede temblarle el pulso para combatir la impunidad. Eso lo haría crecer, consolidaría el liderazgo del Presidente. La gente lo que quiere es que se hagan correctivos. Entre 2002 y 2003 tuvimos un problema más difícil que el de ahora y la gente digería mejor la situación porque había un líder que daba la cara, un líder que hablaba, que decía las cosas tal como estaban pasando. Hay que afrontar la situación y las dificultades.

—¿El Presidente las está afrontando?

—Yo siento que no lo hace con la fortaleza y la entereza necesarias, no dice “tenemos que enfrentar este problema, hay que amarrarse el cinturón, hay que tomar correctivos, han robado pero vamos a ir contra ellos”. Eso es lo que tiene que hacer un líder. De ese modo la gente lo apoyaría, estoy absolutamente segura.

—Giordani dice que hay que tener una política de la verdad.

—Tiene que haber una política de la verdad y decir, como dijo el propio Presidente, “caiga quien caiga”. ¿Lo hará Maduro o no lo hará? Bueno, este es nuestro Presidente, lo respeto y ojalá lo haga. Pero está en juego la historia del país. ¿Seguimos hacia el futuro o volvemos al pasado?, ese pasado que será bueno para los empresarios, para la boliburguesía que se ha creado, pero no será bueno para el pueblo. Estamos aquí, vinimos aquí, para defender al pueblo que creyó en Chávez, que creyó en nosotros, que cree aún en el presidente Maduro, pero eso tiene que respaldarse con unas acciones y una política que se base en la verdad. Debe haber castigo para los que se desviaron y ponerse del lado del lado del pueblo.

—¿Aún se puede rectificar?

—Nunca es tarde para rectificar.

—¿Si el Gobierno se derrumba, la Revolución continúa?

—Si se cae el Gobierno, sería un golpe fuerte para la Revolución. Estar en el Gobierno es una herramienta para seguir avanzando. No necesariamente la Revolución se pierde, a lo mejor tendremos que pasar a la clandestinidad, pero el pueblo siempre seguirá rebelde ante las injusticias.

—¿El pueblo chavista está rebelde en este momento?

—No, porque el pueblo está dando un compás de espera. El pueblo ha sido paciente, este es un pueblo que ama el legado del comandante Chávez y ve a Nicolás Maduro como parte de ese legado. Pero sobre eso no se puede abusar, porque todas las cosas tienen un límite. El Presidente tiene que entender que el pueblo lo ha asumido como parte del legado, pero tiene que ser coherente y decirle la verdad a la gente.

—Héctor Navarro está invitando a una rebelión de las bases del PSUV porque percibe que las decisiones se toman muy arriba.

—Un ejemplo de ello fue la escogencia de la Dirección Nacional. Ni siquiera se consultó la lista ante el congreso del partido, por si había reservas con alguno de ellos. Yo no voy a decir nombres, pero entre los que entraron hay al menos dos que no deberían estar allí. Que tienen historias oscuras. Uno de los nuevos jamás hubiera estado en la época de Chávez. Ojalá se rectificara. La reincorporación de Rodrigo Cabezas y Jesús Farías en un acto posterior, por cierto, es una buena señal.

No podemos tenerle miedo a la discusión. Simplemente estamos pidiendo, exigiendo, que eso que dice nuestra Constitución, de que somos un país con una democracia participativa y protagónica, se siga poniendo en práctica. Eso no se puede quedar en letra muerta. Chávez hizo esfuerzos extraordinarios para que la democracia fuera letra viva, así que nosotros no podemos permitir perderla, no podemos volver a la democracia representativa y mucho menos a lo que está más atrás en nuestra historia. Tenemos que seguir avanzando, animar a las masas del PSUV y seguir discutiendo estos problemas que son fundamentales. Tenemos que discutir cómo es la transición al socialismo, cómo queremos que sea la transición al futuro.

—Parte de la calle se ha vuelto una cola de descontentos. ¿Vamos bien o vamos mal?

—Yo diría que no vamos bien, no podemos ir bien cuando los indicadores socioeconómicos nos están mostrando lo que nos están mostrando, cuando hay una desmovilización. Tampoco creo que la esté ganando la oposición, porque ella está bien fracturada, en peores condiciones que nosotros. Pero esto es preocupante, nuestro país había asumido una bandera política. Eso hay que retomarlo, nosotros, los que creemos en el legado de Chávez y en el socialismo, tenemos la tarea de incentivar el debate, la participación, la movilización. La crítica no puede estar estigmatizada, tiene que ser una crítica constructiva y justamente que no se oriente al pasado, que mire al futuro y nos ayude a salir de la parálisis.