A China y México les separan más que kilómetros

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EMILIO GODOY | «Estamos absolutamente ‘hechos bolas’ (confundidos) con China». La frase de Enrique Dussel, director del Centro de Estudios China-México, refleja a la perfección el estado de las relaciones entre estos dos países, que están en horas bajas.

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«No existe una política hacia China. No existe una estrategia que haga justicia a la importancia de China a nivel global y mucho menos a nuestro segundo socio comercial. Pareciera que tocamos fondo en el tema, es difícil que la relación económica y comercial pueda empeorar más», criticó el académico en entrevista con IPS.

China es el segundo socio comercial, detrás de Estados Unidos, de México, que no se ha esforzado en modificar una balanza bilateral altamente deficitaria ni en atraer inversión extranjera directa del gigante asiático, actualmente insignificante.

El símbolo del distanciamiento lo representa la polémica construcción del complejo comercial Dragon Mart, planificado por inversores locales y chinos en los alrededores del sudoriental Puerto Morelos, a 1.634 kilómetros al sur de Ciudad de México.

El proyecto, anunciado en 2011, se extenderá por 192 hectáreas e incluirá áreas de exposición, de almacenamiento de mercancías y de viviendas de lujo, con una inversión de unos 1.500 millones de dólares y la generación de unos 6.000 empleos directos e indirectos, según la prensa mexicana y el diario oficial China Daily.

La serpenteante infraestructura está llamada a ser la plataforma comercial desde la que se suministrarán productos chinos a toda América Latina y creará un enclave de ese país en un área de gran atractivo turístico, a 34 kilómetros de la ciudad balnearia de Cancún, en el estado de Quintana Roo.

La obra ha concitado en la segunda economía latinoamericana el rechazo de las principales asociaciones empresariales, de académicos y de ambientalistas, ante el temor de que el complejo fomente el contrabando, la competencia desleal, el comercio de productos pirata, además del daño ecológico al área de su emplazamiento.

Ricardo Samaniego, director del Centro de Economía Aplicada y Políticas Públicas, fue tajante al asegurar a IPS que «Dragon Mart debe quedar suspendido hasta que no se evalúen sus costos ambientales y socioeconómicos».

«El proyecto es parte de una estrategia de China para procurarse recursos naturales y energía. La inserción de China en proyectos comerciales está apoyada en subsidios estatales a sus empresas», argumentó.

A eso se une, a su juicio, que «las quejas contra las prácticas comerciales chinas se han incrementado en el mundo y el proyecto crea externalidades económicas negativas».

México debe esperar un trato más recíproco antes de hacer algunas concesiones. Y eso tiene que ver con la política general hacia China», señaló el experto.

Dragon Mart, en el principal puerto de Quintana Roo, replica y amplifica el imponente complejo establecido en 2004 por China en la isla de Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos.

Los temores y críticas que ha despertado alimentan, paralelamente, las dudas de China a invertir en México, y explican la dificultad en las relaciones económicas y comerciales entre los dos países, pese a que sus relaciones diplomáticas son plenas desde 1972.

La balanza comercial con China es altamente deficitaria para México, como evidencia el hecho de que las compras mexicanas al país asiático sumasen 52.000 millones de dólares en 2011, mientras que las ventas apenas totalizasen 2.000 millones.

La inversión extranjera directa (IED) China en México es igualmente desalentadora, en un indicador sobre el que los dos países ofrecen cifras discrepantes. La Secretaría (ministerio) de Economía cifró el capital chino en México en 157 millones de dólares en 2011, mientras que Beijing elevó el monto a 614 millones de dólares.

Ambos gobiernos coinciden en que el capital mexicano en China apenas sobrepasó ese año los 100 millones de dólares.

Lo menguado de la inversión china en México lo resalta el hecho de que ese año la IED del segundo exportador de capital del mundo hacia la región superó los 8.000 millones de dólares y el año anterior alcanzó los 15.000 millones, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La propuesta «Agenda estratégica México-China», coordinada por Dussel y con aportes de unos 100 académicos, políticos y empresarios, señala que la ausencia de un plan «para el corto, mediano y largo plazo con respecto a China afecta la relación económico-comercial».

La agenda fue entregada en diciembre al presidente de México, Enrique Peña Nieto, tras su asunción el primer día de ese mes, y llama la atención la importancia de priorizar esa estrategia con Bejing, dada «la destacada participación del sector público chino en el comercio y la inversión».

Asegura, además que «mientras el diálogo político-estratégico binacional no mejore, difícilmente se solucionarán y negociarán otros pendientes en la agenda binacional».

El texto, que explora aspectos económicos, comerciales, ambientales, educativos y culturales, cita que China no invierte en México por inseguridad generalizada, ausencia de facilidades para el comercio por parte del gobierno local y falta de apoyo a las coinversiones con capital chino.

Los roces alrededor del proyecto de Dragon Mart, en el cual participa la estatal Chinamex Middle East Investment & Trade Promotion Center, añaden tensión a un vínculo calificado como disfuncional por los expertos consultados, quienes añaden que ese problema traspasa terrenos fuera de lo económico.

En octubre, el gobierno de entonces de Felipe Calderón (2006-2012) presentó una demanda ante la Organización Mundial del Comercio en contra de China, a la que se acusó de otorgar subsidios indebidos en las industrias textiles y del vestido, un rubro en el cual ambos compiten por el mercado de Estados Unidos.

A comienzos de este mes, una de las primeras medidas de Peña Nieto fue prorrogar para 2014 una rebaja arancelaria de 25 a 20 por ciento para textiles y calzado chino, una exigencia del sector local.

La distancia Bejing-Ciudad de México crea problemas como el fracaso en 2011 de la candidatura azteca de Agustín Carstens a dirigir el Fondo Monetario Internacional, a a que China dio la espalda.

«Las posturas entre sectores mexicanos son contradictorias, pues unos quieren profundizar la relación y otros no quieren saber nada de China», resaltó Dussel, del centro de estudios binacional de la pública Universidad Autónoma de México.

En noviembre, cuando era presidente electo, Peña Nieto se reunió con una delegación del estatal Banco Industrial y de Comercio de China (ICBC, en inglés), uno de los más importantes del país asiático.

Pero su gobierno no ha dado aún pistas sobre la ruta del vínculo bilateral.

La Agenda Estratégica aconseja para 2013 la creación de un programa de crédito de 50 millones de dólares para fomentar las exportaciones a China y la institución del Fondo de Atracción de Inversión China, con 40 millones de dólares anuales, para atraer capitales de Beijing.

«Las prácticas comerciales chinas no han sido muy transparentes. México debe poner atención a estas prácticas. La postura del gobierno en el caso Dragon Mart ha sido de alejamiento», expuso Samaniego.

Alrededor de Dragon Mart se ha creado una corriente de opinión negativa, y en Beijing saben leer, y mejor interpretar, esas noticias, dicen los especialistas.

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