Aumenta la preocupación por el estado de salud mental de Trump
Peter Baker
El comportamiento imprevisible y los comentarios extremos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de 79 años, en los últimos días han acelerado la discusión sobre si solo es errático o si tiene temas de salud más serios y han aumentado las preocupaciones sobre su salud mental Su comportamiento imprevisible y sus comentarios extremos en las últimas semanas han acelerado el debate sobre si solo es errático o si tiene problemas de desequilibrio, una discusión que lo ha acompañado durante una década en el escenario político nacional.

Una serie de declaraciones deshilvanadas, difíciles de seguir y, a veces, absurdas, que tuvieron su punto culminante la semana pasada con su amenaza de “toda una civilización morirá esta noche” sobre destruir a Irán y su ataque al papa el domingo por la noche, “dèbil contra el crimen y terrible para la política exterior”, han dejado a muchas personas con la impresión de un autócrata trastornado y con delirio de poder.
“A medida que Trump envejece —viajando menos, usando zapatos más cómodos y pareciendo cabecear durante las reuniones— su edad ya no recibe el mismo escrutinio”, destacó un artículo publicado el lunes en la revista estadounidense The Atlantic titulado ‘Un tipo diferente de presidente en decadencia’. El informe señaló que, de cara a la entrada de Donald Trump en su 80.º año de vida el próximo mes, el comportamiento reciente de Trump genera aún más preguntas de lo habitual sobre “su estabilidad, juicio y agudeza mental”.
“Entre los puntos de preocupación se encuentran: una tormenta nocturna en redes sociales hace unos días con más de 50 mensajes, muchos de ellos plagados de desinformación peligrosa o sin sentido, que siguió a un ataque similar de Truth Social semanas antes; una amenaza apocalíptica de aniquilar una civilización; insultos cada vez más frecuentes (‘desagradable’, ‘estúpido’, ‘feo’, ‘traidor’) dirigidos a periodistas; el hecho de que parezca quedarse dormido en público, a veces dos veces en una semana; profundos moretones en las manos, cubiertos de maquillaje y acompañados de explicaciones confusas; y largas y extrañas digresiones en sus discursos, que parecen más largas y extrañas de lo habitual”, detalló.

Una encuesta de Reuters/Ipsos de febrero reveló que el 61 por ciento de los estadounidenses cree que Trump se ha vuelto más errático con la edad y solo el 45 por ciento afirma que es “mentalmente agudo y capaz de afrontar los desafíos”, en comparación con el 54 por ciento de 2023. Casi la mitad de los estadounidenses, el 49 por ciento, consideraron que Trump era demasiado grande para ser presidente
Marjorie Taylor Greene, la representante republicana por Georgia que rompió vínculos recientemente con Trump, abogó por usar la Vigesimoquinta Enmienda y argumentó en la cadena CNN que amenazar con destruir la civilización iraní no era “retórica severa, es locura”. Candace Owens, la personalidad de pódcasts de extrema derecha, lo llamó “lunático genocida”. Alex Jones, el teórico de la conspiración y fundador de Infowars, dijo que Trump “balbucea y parece que al cerebro no le está yendo muy bien”.
En su primer mandato Trump se describió a sí mismo como “un genio muy estable” y se ha jactado con regularidad de superar pruebas cognitivas para detectar la demencia. Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, afirmó en un correo electrónico: “La agudeza del presidente Trump, su inigualable energía y su accesibilidad histórica contrastan con lo que vimos en los últimos cuatro años”. Argumentó que Biden había decaído física y mentalmente en ese tiempo y que The New York Times y otros medios de comunicación lo habían encubierto.

Para los defensores del presidente, lo que los críticos llaman psicosis, ellos lo llaman estrategia. “Trump sabe exactamente lo que hace”, escribió Liz Peek, columnista de The Hill y colaboradora de Fox News. “Trump seguirá utilizando una presión militar y diplomática maximalista (y a veces escandalosa) en su campaña para librar a Medio Oriente de la campaña de casi 50 años de terror de Irán”.
Incluso antes de la publicación sobre eliminar a una civilización, Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en el primer mandato de Trump, dijo al periodista Jim Acosta que el presidente es “un hombre que está claramente delirante” y que su reciente cadena de publicaciones beligerantes en las redes sociales a medianoche “reflejan el nivel de su locura”. Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de Trump en la Casa Blanca, escribió en internet la semana pasada que “está claro que no está bien”.
El New York Times señaló que los demócratas han insistido en este tema en los días más recientes. Trump es “una persona extremadamente enfema” (senador Chuck Schumer, por Nueva York), está “desquiciado” y “fuera de control” (representante Hakeem Jeffries, por Nueva York) o, más rotundamente, “loco de atar” (representante Ted Lieu, por California). El representante por Maryland Jamie Raskin, escribió al médico de la Casa Blanca para solicitar una evaluación, y señaló “signos consistentes con demencia y deterioro cognitivo” y rabietas “cada vez más incoherentes, volátiles, profanas, desquiciadas y amenazadoras”.
Trump contraatacó en una larga y airada publicación en las redes sociales que no irradiaba estabilidad serena precisamente. “Tienen una cosa en común: un bajo coeficiente intelectual”, escribió Trump sobre Owens, Jones, Megyn Kelly y Tucker Carlson. “Son personas estúpidas, ellos lo saben, sus familias lo saben y todo el mundo lo sabe”. Y les regresó la acusación sobre la locura: “Son locos, problemáticos y dirán lo que sea necesario por algo de publicidad ‘gratis’ y barata”.

Ante dicha condición, el comportamiento de Trump ha reavivado los llamados de los demócratas a invocar la vigésimo quinta enmienda para destituir al presidente por incapacidad para ejercer sus funciones. Los resultados de una encuesta publicada la semana pasada revelaron que el 59 % de los estadounidenses cree que Trump no tiene la agudeza mental necesaria para liderar el país. En los últimos meses, la salud mental de Trump es objeto de intenso debate y preocupación, con informes que sugieren un presunto deterioro cognitivo acelerado, comportamiento errático y signos de inestabilidad psicológica.
Los demócratas hicieron una nueva serie de llamamientos para invocar la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución y remover del poder al presidente por incapacidad. Pero no se trata solo de una inquietud expresada por partidarios de izquierda, comediantes de televisión o profesionales de la salud mental, que hacen diagnósticos a distancia. Ahora, también puede escucharse de generales retirados, diplomáticos y funcionarios extranjeros. Y, lo que es más sorprendente, puede oírse incluso en la derecha, entre antiguos aliados del presidente.
*Corresponsal jefe del NewY ork Times ante la Casa Blanca,