“Perú vota con el estómago vacío y la cabeza sitiada”

52

Héctor Béjar

El Perú no vota “mal”. El Perú vota como vive .Y lo que vive —aunque incomode a los opinólogos de televisión— es un país fracturado, precarizado y cansado de que lo gobiernen como si fuera una hoja de Excel… o un botín.

En 2026, con 35 candidatos y ninguno capaz de entusiasmar siquiera a una quinta parte del país, el mensaje es brutal: no hay representación, hay sobrevivencia electoral. La primera vuelta no ha sido una fiesta democrática, ha sido una feria de desconfianzas.

Y ahí están, otra vez, los mismos fantasmas disputándose el poder: Keiko Fujimori encabezando con voto duro, Rafael López Aliaga cabalgando el miedo, intentando recoger los pedazos de un país que no se resigna a seguir siendo colonia interna. Pero cuidado: esto no es una pelea de candidatos. Es una pelea de país.

La gran mentira: “el Perú gira a la derecha”

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez

No. El Perú no gira a la derecha. El Perú oscila como un péndulo enfermo porque nadie resuelve lo esencial.
Miremos la historia reciente:
•    2001: caída del fujimorismo → ilusión democrática
•    2006: miedo al cambio → retorno conservador
•    2011: promesa nacionalista → giro popular
•    2016: restauración tecnocrática → continuidad neoliberal
•    2021: rebelión rural → irrupción plebeya
•    2026: fragmentación total → crisis de representación

¿Conclusión? no hay hegemonía, ¿hay empate histórico?

Un empate entre un país que exige dignidad y otro que exige orden. Entre el hambre y el miedo. Entre el abandono y la represión.

Los cinco últimos (breves) presidentes

Mientras los candidatos gritan “seguridad” y “mano dura”, el Perú real sigue funcionando así: Más del 70% de la economía es informal, casi 3 de cada 10 peruanos son pobres, en el mundo rural, la informalidad roza el 85%, esto no es una estadística, es una sentencia.

La mayoría del país vive fuera del Estado, pero vota dentro de él.  Y entonces ocurre lo inevitable: el voto deja de ser ideológico y se vuelve existencial, el que vive del día a día, vota por quien le prometa sobrevivir mañana, el que teme perder lo poco que tiene vota por quien le prometa orden hoy, eso explica por qué el mismo pueblo puede votar por un maestro rural un año… y por un candidato de mano dura al siguiente.; no es incoherencia. Es lucha de clases sin conciencia organizada.

Derecha: el negocio del miedo, Izquierda: verdad sin poder

La derecha —en todas sus versiones— ha entendido algo mejor que nadie: el miedo es más rentable que la esperanza, por eso la campaña no habló de desarrollo, ni de modelo económico, ni de redistribución, habló de crimen, de caos, de castigo, y claro, en un país donde te pueden extorsionar por trabajar, la promesa de “orden” suena tentadora… aunque venga envuelta en autoritarismo.

Pero aquí está la trampa: ofrecen mano dura sin tocar las causas del desorden. No dicen nada de economía ilegal, desigualdad territorial, abandono estatal, informalidad estructural, es decir, ofrecen apagar el incendio… sin dejar de echar gasolina.

Pobladas exigieron el cierre del Congreso

La izquierda, por su parte, sigue diciendo verdades incómodas, que el modelo excluye, que el país está fracturado y que la riqueza no se redistribuye . Pero no logra convertir esas verdades en hegemonía política.

¿Por qué? Porque llega tarde, dividida, sin estructura territorial sólida en todos los niveles, y muchas veces desconectada del miedo cotidiano de la gente, Mientras la derecha grita “te van a robar”, la izquierda responde “cambiemos la Constitución”, uno habla al instinto, el otro, a la razón y en un país en crisis… gana el instinto.

El Perú profundo no es de izquierda ni de derecha, es otra cosa. Es un Perú desconfiado del Estado, golpeado por la pobreza, atravesado por racismo y centralismo y acostumbrado a sobrevivir sin nadie. Ese Perú vota, pero no cree, participa, pero no se siente representado, elige, pero no se siente parte, por eso cada elección parece una ruleta rusa.

La verdad incómoda: ¿Y ahora qué?

El problema del Perú no es Keiko.  No es López Aliaga. El problema es que el modelo necesita pobres, lero los pobres ya no quieren seguir siéndolo, y cuando esa contradicción no se resuelve… explota políticamente.

A veces como protesta, a veces como castigo y a veces como miedo organizado.

Si en la segunda vuelta pasan dos derechas, no será porque el país “eligió eso libremente”. Será porque la izquierda no logró construir alternativa sólida, el sistema bloqueó cambios estructurales y el miedo ganó la batalla cultural.Pero ojo, eso no resuelve nada, solo posterga el conflicto. Porque el Perú real —el que no sale en la televisión— sigue ahí, trabajando en informalidad, viviendo al límite, esperando algo más que promesas.

Se debe ver el voto como síntoma. El voto peruano no es la causa de la crisis, es su síntoma. y mientras no se transforme la base material del país —la desigualdad, la informalidad, el centralismo, la exclusión— seguiremos en lo mismo:  un país que vota cada cinco años… pero no decide nunca su destino”

*Abogado, sociólogo, escritor y artista plástico peruano además de catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fue guerrillero del Ejército de Liberación Nacional en los años 1960. Sirvió brevemente como ministro de Relaciones Exteriores entre el 29 de julio y 17 de agosto del 2021, durante el gobierno de Pedro Castillo.