A Cuba llegan los que confían
Ikay Romay
Mientras los grandes medios internacionales llenan sus titulares con “éxodo de inversiones” y “fuga de empresas”, pasa ésto. Y no lo dicen. Porque no les conviene: El gobierno cubano acaba de autorizar la entrada de nuevas empresas extranjeras en la isla . No es un rumor. No es especulación. Está publicado en la Gaceta Oficial de Cuba.
¿Y quiénes son los que llegan?
1. Dietampa S.L. (España) – Una firma con sede en La Coruña, Galicia, autorizada a comercializar productos de alta tecnología industrial. Hablamos de reactores nucleares, calderas, máquinas, aparatos y artefactos mecánicos, así como equipos eléctricos, transformadores, motores y componentes electrónicos . O sea, nada de pymes de barrio. Tecnología de punta.
2. Hydro Difusión S.L. (España) – Enfocada en soluciones con plástico para proyectos industriales, con sede en Terrassa (Barcelona) .
3. Gilmar Project Finance Establishment (Liechtenstein/Chipre) – Una firma de intermediación inversionista y financiera que ya había operado con Cuba anteriormente .
4. Sunye Industry & Trading (República Dominicana) – Dedicada a la comercialización de maquinaria, herramientas y accesorios para vehículos .
No pueden hacer de todo. Tienen límites importantes. Ninguna de estas compañías podrá importar o distribuir mercancías directamente dentro de Cuba . Solo podrán operar como intermediarias comerciales, gestionando contratos y representando marcas. Pero el hecho de que vengan ya es un mensaje.
Pese a las amenazas…
Las empresas que se van no se van porque Cuba sea mal negocio. Se van porque el imperio las amenaza. Iberostar, Meliá, Blue Diamond… todas huyeron despavoridas por miedo a las sanciones secundarias de Trump. El banco extranjero que rompió con Fincimex no lo hizo porque Cuba fuera “riesgosa”. Lo hizo porque le dio miedo aparecer en la lista negra.
Pero las que llegan, llegan con los ojos abiertos. Saben del bloqueo. Saben de las amenazas. Saben que la orden ejecutiva 14404 está ahí, dispuesta a castigar a cualquiera que haga negocios con la Isla. Pero aun así, vienen. ¿Por qué?
Porque ven lo que los otros no quieren ver: que Cuba es un país que resiste. Que Cuba tiene potencial estratégico en sectores como la energía y la tecnología industrial. Que Cuba no se va a rendir, por mucho que el imperio apriete.
En los últimos meses, se han aprobado también autorizaciones para empresas de Italia (Grupo F.A.G.), Rusia (Samara Export), China (Xuzhou Six & Nine, Huawei Siray Technologies), y también se autorizó una nueva oficina de representación para el turismo (Cubalia Tours) .
Nestlé acaba de invertir 55 millones de dólares en una nueva fábrica en la Zona Especial de Desarrollo Mariel . Unilever-Suchel constituyó una empresa mixta en el mismo enclave . Y más de 400 compañías han manifestado interés en invertir allí .
Cuba está girando la mirada hacia nuestros aliados estratégicos: los BRICS, la Unión Económica Euroasiática, los países que no se arrodillan ante el imperio.
¿Confianza o desesperación?
Ni lo uno ni lo otro. Es resistencia inteligente. El gobierno cubano lo ha dicho claro: no nos quedamos de brazos cruzados esperando a que el imperio decida nuestro destino. Si las cadenas hoteleras se van por miedo, buscamos inversiones en sectores estratégicos como la energía y la tecnología industrial. Si los bancos extranjeros rompen contratos por las amenazas de Trump, abrimos la puerta a nuevos socios de países que no nos temen.
El bloqueo es real. Las sanciones duelen. La crisis es profunda. Pero Cuba no es un país que se rinde con más medidas coercitivas. Cuba es un país que se reinventa. Que busca nuevos socios cuando los viejos se van. Que encuentra nuevas rutas cuando las viejas se cierran.
Colofón
Que no nos vendan la película de que Cuba no está aislada. Que no nos hagan creer que el mundo nos ha abandonado. No lo ha hecho. El imperio puede cerrar puertas. Pero no puede cerrarlas todas. Mientras ellos aprietan, otros se acercan. Mientras ellos huyen, otros llegan. Mientras ellos tienen miedo, otros tienen convicción. Esa es la diferencia. Y no es pequeña.
Con la voz en alto, desde la Isla que no se rinde, para los que se van y para los que llegan.