La salida del corrupto Adorni ¿salva a Milei?
Álvaro Verzi Rangel
Desde España, el Presidente Javier Milei reiteró que las explicaciones de su jefe de gabinete le parecieron plausibles, que su única falta fue no declarar sus ingresos anteriores a su designación en el cargo, pero que si la Justicia lo considerara culpable, volaría a Manuel Adorni de una patada. La pregunta que no ha dejado de repetirse con la renuncia es por qué Milei sostuvo de ese modo a Adorni y a qué precio.
El cuarto jefe de la Administración Pública de los Llibertarios será el ministro del Interior, Diego Santilli. Pero lo que sorprende es que aun así, el gobierno sigue tratando al renunciante como «una persona íntegra, valiosa y muy querida», según la Secretaria General de la Presidencia (y hermana del Presidente) Karina Milei. El propio Adorni se colmó de alabanzas en la carta de despedida.
La agonía política de Adorni se extendió más de lo esperado. El presidente regresó este sábado de España y se puso al frente de la escena que construyó su hermana Karina para activar la transición. La urgencia por recuperar la iniciativa y terminar con 107 días de desgaste. Adorni eligió irse con una larga y melancólica carta que publicó en X, dirigida a Javier Milei, en la que de manera poco original se presentó como víctima de una persecución mediática y personal.
«Gracias por entender las razones y entenderme a mí: por primera vez desde aquel 10 de diciembre de 2023 estoy yendo en contra de sus deseos», escribió un melancólico Adorni. La frase buscó convencer de que no fue expulsado del gobierno por el escándalo de corrupción interminable al que lo sometió durante tres meses, sino una renuncia indeclinable.
«Querido Manuel, gracias por tu incansable trabajo durante todo este tiempo y por defender las ideas de la libertad con una pasión y un compromiso que pocas veces se ven. Sos una persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros. Sabemos del difícil –e inmerecido– momento que venís atravesando vos y tu familia desde hace meses, y acompañamos tu decisión con respeto, lamentando que las circunstancias hayan sido de este modo. Tu aporte a este proyecto político y de país dejó una marca enorme», escribió en sus redes Karina Milei.
Mientras, la vicepresidenta Victoria Villarruel, dijo que el jefe de Gabinete estaba en una zona gris, deambulando justo unos milímetros antes de la muerte política ya había sido anticipada por toda la prensa y sólo faltaba que los Milei lo aceptaran.

El 20 de junio pasado, durante el acto por el Día de la bandera, a la vicepresidenta le preguntaron por la presencia del entonces jefe de Gabinete en la celebración, que, en ese momento, fue visto como un nuevo apoyo de Javier Milei a su funcionario, y ella declaró: “Es un acto patrio, no un acto para apoyar a Adorni. No hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”. «Me parece una vergüenza su accionar y sus explicaciones”, había dicho anteriormente.
En su mal escrita renuncia, Adorni intentó victimizarse y sostuvo que sufrió «interminables ataques mediáticos» y que las operaciones no fueron solo contra él, sino también contra su mujer, sus hijos, sus amigos, su familia, sus vecinos y allegados. «Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas», agregó. Y era verdad.
Manuel Adorni siempre quiso ser famoso. En el año 2000 intentó ingresar a la primera edición de Gran Hermano, pero recién logró ganar notoriedad unos 15 años después por sus posteos en la red social X, donde conoció a Javier Milei, con quién compartía las ideas liberales y las críticas al populismo. En el último tramo de 2023 fue convocado por Milei y su hermana para sumarse a La Libertad Avanza. «Nunca estuvo en la campaña presidencial, recién lo vimos en un hotel antes de la asunción», criticaban los dirigentes que acompañaron a Milei en su salto a la política.
Para sorpresa general, Adorni incluyó una lista de supuestos delitos que exceden el caso que lo llevó a la renuncia y hasta ahora no se habían mencionado; «viajes que nunca existieron», «gastos astronómicos y suntuosos», «contratos inexistentes y falsos de mi mujer con el Estado o con empresas públicas», «mansiones y autos lujosos», «granjas cripto operadas en complicidad con la Custodia Presidencial», «nepotismo», «gastos personales pagados con fondos públicos», «sociedades en Uruguay» y «cirugías estéticas de miles de dólares», entre otros.
Adorni se defendió así de hechos que no estaban en el centro de la discusión pública. Sugestivo. El caso giraba sobre la inconsistencia entre su patrimonio y sus ingresos. Sin embargo, el funcionario sumó posibles delitos e irregularidades como contratos falsos, granjas cripto con custodia oficial, gastos personales pagados con fondos públicos, nepotismo, sociedades en Uruguay y pagos millonarios para comprar silencio.
Manuel Adorni dejó se ser un funcionario blindado y pasó como un fusible listo para saltar. Sacar a Adorni del Gabinete es un intento para salvar algo más importante que Adorni: salvar a Milei… y al plan de Milei. El Congreso lo blindó para permitirle a Milei administrar su retirada sin que la crisis arrastre al Presidente en una operación de control de daños. Adorni se va porque su permanencia empezó a volverse más costosa que su salida.
La caída de Adorni no es una muestra de fortaleza institucional, sino la confesión tardía de que el Gobierno no pudo sostener más a uno de sus propios símbolos. La salida de Adorni, lejos de desmentir la tesis del salvataje, la confirma. La casta primero lo salvó de la interpelación. Ahora puede ayudar a transformar su salida en una válvula de escape. Lo blindaron cuando la presión podía abrir una crisis parlamentaria mayor. Y ahora, cuando la crisis se volvió inocultable, preparan una retirada que no arrastre al Presidente, que no exponga el mecanismo completo y que no ponga en cuestión la gobernabilidad del ajuste, señala Fernando Rosso.
La gobernabilidad también se trata de ayudar al gobierno a procesar sus crisis, y salvar a Milei no siempre significa salvar a todos sus funcionarios. A veces significa entregar a uno para proteger al conjunto: dejar caer una pieza para que no caiga el tablero, transformar un escándalo político en un recambio administrativo.
Si Adorni sale del Gabinete sin una investigación a fondo, sin explicaciones públicas, sin apertura completa de sus declaraciones, sin responsabilidades políticas superiores y sin que el Congreso llegue hasta el final, entonces su salida será apenas un mecanismo de preservación del Gobierno.
El escándalo Adorni se dio en paralelo a la discusión sobre el Super Rigi que incluye la extranjerización de tierras , y la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El primero tuvo media sanción en Diputados; el segundo no. Mientras, la Corte Suprema dejó firme la cautelar que obliga al Estado nacional a aplicar los artículos 5° y 6° de la Ley de Financiamiento Universitario, vinculados con la actualización de salarios docentes y no docentes y el aumento de becas estudiantiles.
Obviamente, la crisis del Gobierno no se resuelve sola. Las denuncias no alcanzan. Los escándalos no voltean ministros si no hay una fuerza social y política que los empuje hasta el final. Y las salidas de gabinete, cuando se hacen desde arriba y para cerrar una crisis, pueden convertirse en una forma de impunidad política.No hay que mirar solo a Adorni o a Milei; hay que mirar a quienes lo sostienen, añade Rosso
*Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)