Yemen: renunció el premier y todo su gabinete

12

Telam

El presidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, dimitió tras estancarse las conversaciones que mantenía con rebeldes chiitas que controlan la capital y que lo tienen confinado en su casa desde hace dos días, en un duro golpe a los intereses de Estados Unidos en el país árabe con la rama de Al Qaeda más activa del mundo.

Asesores presidenciales dijeron que Hadi, un aliado de Washington en el combate a Al Qaeda, presentó su renuncia en una carta que mandó al Parlamento luego de ser «presionado» a hacer concesiones a los rebeldes hutíes, que se cree están apoyados por Irán, algo que ellos niegan.

Tras recibir la misiva, el presidente del Parlamento yemení, Yahia al Raie, convocó una sesión urgente de la Asamblea Legislativa para el próximo sábado para que los diputados voten si aceptan o no la renuncia del jefe de Estado, informó la agencia de noticias EFE.

Hadi, un musulmán sunnita, había anunciado ayer un acuerdo con los hutíes por el que les concedía mayor participación en el gobierno a cambio de retirar a sus combatientes del Palacio Presidencial y su residencia luego de días de combates, pero los insurgentes continuaron hoy desplegados en torno a ambos edificios.

Fuentes militares cercanas al presidente dijeron que Hadi renunció luego de que los hutíes lo conminaran a dar un discurso televisado para calmar a la población, informó la cadena CNN.

Las fuentes, que pidieron no ser identificadas, agregaron que los insurgentes exigieron a Hadi puestos en la Presidencia, en el Ministerio de Defensa y en las capitales provinciales, demandas que el mandatario rechazó.

En su carta de renuncia enviada al Parlamento, el político explicó que tomó su decisión tras estancarse sus conversaciones con los hutíes.

«Llegamos a un punto muerto», señaló Hadi en la misiva, según CNN.

«Encontramos que éramos incapaces de alcanzar la meta, por lo cual sentimos mucho dolor y decepción», añadió.

Hadi, quien se hizo cargo de la Presidencia del país el 25 de febrero de 2012 luego de la caída de su autocrático antecesor, Ali Abdullah Saleh, tras una ola de protestas en 2011 enmarcada en la llamada Primavera Arabe, lamentó sentirse «humillado» y haber pasado «grandes sufrimientos» durante su mandato.

El gobierno yemení presentó su renuncia horas antes que Hadi.

Al anunciar su dimisión y la de todos sus ministros en un comunicado, el primer ministro Jaled Bahah describió la crisis que vive el país estos días como un «laberinto político» que le impedía gobernar con «eficacia».

El gobierno tecnócrata de Bahah había asumido en noviembre pasado en virtud de otro acuerdo entre el gobierno y los hutíes alcanzado con la mediación de la ONU luego de que los rebeldes chiitas tomaran control de la capital del país del sur de la península Arábiga, Sanaá.

Ante la inexistencia de un vicepresidente y tal y como contempla la actual Carta Magna yemení, el poder quedará en manos de al Raie, presidente de la Cámara de los Diputados.

Al Raie, sin embargo, convocó una sesión urgente de la Asamblea Legislativa para el sábado en la que presentará a debate y votación la aceptación o el rechazo de la renuncia de Hadi, dijo una fuente del Parlamento a EFE.

La fuente detalló que el presidente de la Cámara de los Diputados «no tiene la potestad» de aceptar la dimisión, sino que esta debe ser votada por el Parlamento.

En virtud de un acuerdo alcanzado anoche con Hadi, los insurgentes hutíes se comprometieron a retirar sus combatientes de las afueras de las instalaciones estratégicas que fueron controladas después de enfrentamientos con la guardia presidencial, el domingo pasado.

Sin embargo, los rebeldes continuaron hoy apostados en las entradas del palacio presidencial, en el barrio sureño de Al Sabain, y en las afueras de la casa del Hadi, en la calle de Al Setin, en el oeste de la capital.

Un dirigente del grupo, Hamed al Bajiti, afirmó que su organización se comprometía a aplicar lo que le corresponde del acuerdo, si la presidencia cumplía con su parte.

Hadi, por su parte, había aceptado modificar la Constitución y otorgar a los hutíes un 50% de participación en los puestos de liderazgo del Estado.

Pero el acuerdo nunca despejó las dudas sobre quién gobierna realmente el empobrecido país árabe y cuánto poder retenía Hadi, a quien Estados Unidos presenta como un aliado clave en la lucha contra la rama local de Al Qaeda, que es de las más activas del mundo y reivindicó los atentados de este mes en Francia.

Washington dice que la rebelión hutí dificultará el combate a Al Qaeda, pese a que el grupo islamista sunnita es un acérrimo rival de los insurgentes chiitas, y ha manifestado su preocupación por las relaciones de los rebeldes con Irán, un país chiita enemigo de Estados Unidos y de Arabia Saudita, otro aliado de Hadi.

La relación es compleja: los hutíes ocupan la parte noroeste del país y no tenían apenas representación en el gobierno renunciante.

Están enfrentadas a los sunnitas, que controlan dos tercios de los puestos del gobierno y extensas áreas del país.

Los dos grupos luchan contra al Qaeda, pero el gobierno lo hace con apoyo logístico y financiero de Estados Unidos, mientras que no está claro que los hutíes vean a Washington como un potencial aliado. Estados Unidos ya ha enviado, vistas las revueltas, dos buques de guerra a las costas del país.

Los hutíes podrían enfrentar sanciones de la comunidad internacional, que ha manifestado su fuerte apoyo a Hadi.