Venezuela: Programar y preparar el 2024

El horizonte de las presidenciales de 2024 contemplaría una etapa relacionada con la institucionalización de los poderes públicos y no sólo con la ampliación de condiciones para la participación electoral.

Leopoldo Puchi

139

Venezuela ha comenzado a transitar desde la fase más aguda del conflicto hacia otra de mayor estabilidad en lo político. El capítulo correspondiente a la estrategia de “cambio gobierno”, que tuvo su expresión más elevada en 2019, cierra sus páginas y comienzan a desarrollarse nuevos episodios que pudieran estar marcados por la recomposición del abanico de fuerzas y la construcción de un esquema de convivencia pacífica en lo interno.

La estrategia que buscaba el derrocamiento del Gobierno no tuvo éxito, lo que condujo al debilitamiento y dispersión de quienes la siguieron. Muchos de los actores que la acompañaron ya no se reconocen en ella y hasta desconocen su compromiso. Y otros han comprendido que se trata de la derrota de una política, que no se puede obviar ni ocultar.

Un sector importante de la oposición se ha inclinado a favor de un viraje hacia la participación en los procesos electorales. En un primer momento, no eran tan numerosos quienes sostenían la idea de entendimientos parciales, pero con el paso del tiempo se han incorporado otros actores para construir acuerdos y retomar los convenios de República Dominicana. En un inicio, la mesa de diálogo, y posteriormente la incorporación de otro factor, el representado por Henrique Capriles.

Nueva fase

La continuidad y desarrollo de la nueva fase requiere cambios en cuanto a prioridades y a la percepción de los tiempos, para alejarse del inmediatismo. En este sentido, no tendría por qué plantearse una disyuntiva entre un acuerdo integral o la prosecución de conversaciones para acuerdos parciales, porque los acuerdos más complejos deben tejerse progresivamente.

En la nueva fase no tiene vigencia la demanda que guio la estrategia de derrocamiento, es decir, la salida de Nicolás Maduro de la presidencia antes de la finalización del período, y tampoco el desconocimiento de la Asamblea Nacional electa en 2020. Aquella fue una meta, errada, de otro momento, que no tiene cabida en la actualidad.

Presidencial 2024

Para este momento, el centro de la actividad política reside en la elección de gobernadores y en acuerdos entre el Gobierno y los sectores de la oposición que han decidido abandonar la estrategia de derrocamiento.

Posteriormente, luego de estas votaciones, deben iniciarse conversaciones para acuerdos de más largo plazo, que tendrían como eje la programación de manera conjunta de las elecciones presidenciales de 2024, un acuerdo al que seguramente se incorporarán otros grupos que no han dado todavía el paso hacia un esquema electoral.

También es importante en esta fase reforzar las políticas que permitan la recuperación de la producción, mejoren el funcionamiento de la economía y los ingresos de la población. Igualmente, es necesario un esfuerzo para que los organismos internacionales de ayuda humanitaria brinden soporte efectivo a Venezuela.

Pacificación

El horizonte de las presidenciales de 2024 contemplaría una etapa relacionada con la institucionalización de los poderes públicos y no sólo con la ampliación de condiciones para la participación electoral. La actualización del Tribunal Supremo, de la Contraloría, Defensoría y Fiscalía son oportunidades para avanzar en esta dirección.

También debe incluirse, luego de las elecciones de noviembre, un proceso de pacificación, que pudiera tener como referencia los antecedentes históricos venezolanos en los que se ha permitido la reinserción de fuerzas políticas que fueron ilegalizadas y se amnistió bajo diversas modalidades a quienes tomaron caminos distintos al electoral.

Aunque las circunstancias son diferentes, en esos procesos hay un espíritu vigente y también fórmulas prácticas que pueden ser aplicadas en la actualidad. Rehabilitación, excarcelación, amnistías administrativas para quienes abandonen la vieja estrategia.

Sanciones

La preparación del 2024 debe incluir no solo la dimensión interna del conflicto, sino también debe abordarse, en una negociación específica entre los dos Estados involucrados, el conflicto por medio del cual Washington busca reinsertar a Venezuela en su dispositivo geoestratégico. Este conflicto es determinante y su resolución es decisiva para una evolución positiva del conflicto interno.

No puede pensarse en estabilidad política y social en Venezuela, ni en auténticas elecciones libres en 2024, mientras perdure este conflicto y, por supuesto, mientras se mantengan las sanciones que son su expresión más visible.

*Polítólogo, analista político, fue dirigente del Movimiento Al Socialismo, ex ministro de Trabajo de Venezuela.