Un fantasma recorre el mundo: ¡Acostúmbrense!

25

Mario Silva

El 19 de febrero de 1942, luego del ataque a Pearl Harbor y declarada la guerra contra Japón, el presidente Roosevelt, aprobaría la orden ejecutiva 9066 por la que todo japonés étnico que viviese en EEUU debía vender sus propiedades en menos de una semana y ser internado en un campo de concentración.

Esta orden se extendió como exigencia o «colaboración» a otros países del hemisferio (Bolivia, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Puerto Rico, Nicaragua, Panamá y Venezuela). Solo Argentina, Paraguay y Chile rechazaron esta exigencia.Resultado de imagen para Roosevelt, aprobaría la orden ejecutiva 9066

Así comenzó uno más de los tantos períodos oscuros y humillantes en el que se sometieron por razones políticas, económicas y sociales a grupos étnicos que el gobierno norteamericano decretaba como «enemigo» en el marco de una supuesta “defensa y seguridad del pueblo norteamericano”.

Más de 170 mil ciudadanos estadounidenses de origen japonés, familias de trabajadores, algunas de dos o tres generaciones en suelo gringo, tuvieron que mal vender todo lo que tenían y trasladarse «voluntariamente» a los campos de concentración que habían habilitado y construido para ellos. Su estatus, según el gobierno norteamericano, era de «enemigos potenciales» y fueron tratados como tales.

Esto no era nuevo para la clase dominante norteamericana. Igual pasó con los pueblos originarios y el avance de los colonos en la conquista de su territorio. Los pocos que sobrevivieron al genocidio, terminaron arrinconados en Reservas para Indios, tierras desérticas y de muy baja calidad, inservibles para la siembra, alcohólicos muchos o exhibidos en ferias y abandonados a su suerte, otros fungiendo de guías para el ejército o reclutados como guardias represores de su propio pueblo en caso de transgredir los límites de la cárcel territorial que le impusieron.

Imagen relacionadaVale también recordar la cruzada anticomunista ejecutada por el gobierno norteamericano, con el senador Joseph McCarthy a la cabeza, quien a partir de 1953 reactivó el Comité de Actividades Antiestadounidenses e inició la pública y humillante cacería de brujas que le arruinaría la vida a connotados intelectuales, actores y directores afamados del cine y la literatura, sólo por ser sospechosos de simpatizar con el comunismo.

Tendríamos que hacer un análisis extensivo de la sanguinaria esclavitud a que fueron sometidos los más de 700 mil africanos que fueron llevados a la fuerza, encadenados como animales, a partir del siglo XVI. Esta historia, que aún no culmina, recrudecería a mediados del siglo XX en los años 60 con la lucha por conquistar sus derechos civiles, el asesinato de Martin Luther King o Malcon X o el encarcelamiento de luchadores sociales como Angela Davis. Hoy, para nadie es un secreto y al más puro estilo estilo de las reservas indias, mantienen aisladas a las comunidades afroamericanas en ghetos, con altos índices de pobreza, drogadicción, deserción escolar y un sistema de salud inexistente.

Ni que mencionar a los millones de inmigrantes latinoamericanos que han enriquecido con su mano de obra barata a trasnacionales de alimentos y productores de alimentos que se han enriquecido a costa de los espaldas mojadas; sin olvidar que otros son utilizados para los trabajos más denigrantes y mal pagados.Resultado de imagen para torres gemelas

A partir del ataque a las torres gemelas en Nueva York en 2001, ataque por cierto muy cuestionado y posiblemente de autoría propia, todo aquel que tenga rasgos árabes o profese la religión musulmana es potencialmente un terrorista. No importa si nació en EEUU, si viste con sombrero y botas de cowboy; tampoco importa si se cambió el nombre de Alí a John; mucho menos importa si es de la cuarta generación de procedencia árabe y no sabe diferenciar entre Arabia Saudita y los Emiratos. La lógica norteamericana es aplastante: Sospechoso de Terrorismo.

En la España de Franco, se persiguió y se ejecutó a rojos por ser comunistas, por ser republicanos o por sospecha de serlo, incluso por venganzas personales. Bastaba una acusación al voleo por una opinión medio liberal o porque me caía mal el vecino. Hasta la iglesia liberó el secreto de confesión y los curas participaron de la tragedia genocida.

Esta práctica no fue invención del fascismo, de Hitler, de Mussolini o de Franco. Esta práctica le dio resultado a los imperios que a lo largo de la historia se gestaron bajo la sombra del terror, que necesitaban internalizar el miedo en los pueblos conquistados y que, para colmo, estuvieran agradecidos de ser conquistados. La historia de la humanidad está repleta de muertos por sospecha, de inocentes sospechosos y también de “culpables”, de muchos que seguimos declarándonos culpables.

Resultado de imagen para las matanzas de francoEsta práctica no era de uso exclusivo de aquel que presidía el imperio; más bien se fue extendiendo de arriba hacia abajo como respuesta a la razón. La carencia de argumentos embrutece y despierta lo más terrible que pueda anidar el ser humano y, en consecuencia, termina por minarlo de tal manera que asistiría a su propia destrucción con tal de prevalecer en ese infame mundo de las miserias.

A partir del año 1998 con la llegada del Comandante Hugo Chávez al poder, todo lo que estaba bajo tierra en el alma de un sector acostumbrado a manejarse en el barrial de la adulancia, la corrupción y los beneficios que generó la colonia hasta nuestros tiempos, se sintió amenazado e interpelado por un sujeto social llamado Pueblo. Al principio trataron de domar al recién llegado y no tardaron en comprender que la amenaza era real. Golpe de estado en 2002, guarimbas, ataque a la moneda, ataque a la economía, intento de magnicidio, nuevo intento de golpe y un profundo odio desatado en contra de todo lo que huela a chavismo. Es historia sabida, no es especulación. Allí están los hechos.

No es un secreto que tuvimos y seguimos teniendo detractores en el mundo apoyados por los medios de comunicación. Sin embargo, hasta la elección de Donald Trump como presidente de los EEUU, muchos de esos detractores trataban o, por lo menos no querían salir en la fotografía de los xenofóbicos, del anticomunismo furibundo, de las cruzadas de la edad media sedientas de sangre chavista. Sin embargo, en plena administración Trump, desde presidentes y actores fascistas para abajo, se ha desatado una irracional respuesta de deseo genocida sin precedentes.

En Bolivia, por ejemplo, sin reparo ni rubor alguno han manifestado su odio encarnizado contra los indígenas que son la mayoría en ese país. Impresiona ver como esgrimen a Cristo en sus prédicas de salvación y muerte a los comunistas.

Bolsonaro en Brasil, Manini Ríos en Uruguay, Duque en Colombia, Macri en Argentina, Lenin Moreno en Ecuador, todos esgrimen el mismo discurso anticomunista feroz que anuncia encarcelamiento, ejecuciones, represión y muerte. En Venezuela la entrega de nuestra nación sin importar los muertos que cuesten, se ha convertido en ruego lloroso y plegaria de maldiciones de pequeños sectores de las clases medias. La apuesta por ver el desembarco de los gringos por La Guaira se ha convertido en un sueño morboso y repetitivo. Superman, Batman, los héroes de Marvel, pero que lleguen exterminando a los chavistas.

No hay nada más poderoso que un argumento lógico. Los tiempos desde 1998 hasta hoy han cambiado drásticamente. El “héroe gringo” está entrampado en su propia vorágine del capital y ya no es el único actor en el escenario mundial. Desde Bush hasta Trump, ha surgido un Iran con Soleimani y un Chávez con BolíResultado de imagen para el fantasma de chavezvar al frente. La respuesta irracional de Trump se convirtió en espejo de quienes se acostumbraron a humillar a los pueblos.

Sin embargo, detrás de toda esa rabia y odio que pareciera crecer e inyectarles los ojos de sangre, sólo hay miedo, ¡pánico!, ante la posibilidad cierta de enfrentar la inmensa moral que nos acompaña. La gran diferencia entre ellos y nosotros es que no tenemos nada que perder y ellos sí tienen que perder. Van a perder sus privilegios, van a perder su poder, van a perder esa capacidad de seguir escondiéndose detrás de su propio miedo, de la cobardía que siempre los ha acompañado.

Cito para aquellos que juegan al miedo una frase de (el cacique) Guaicaipuro: ANA KARINA ROTE AUNICON PAPAROTO MANTORO ITOTO MANTO

Acostúmbrense: Un fantasma recorre el mundo. Es Hugo Chávez y nada ni nadie lo podrá detener.

*Conductor del programa televisivo La Hojilla, Venezolana de Televisión

You might also like