Tres terremotos
Luis Britto García
1.-Terremoto, resolución repentina de las tensiones que la tierra acumula. Según la Dialéctica de la naturaleza de Federico Engels y la contemporánea teoría de las catástrofes, fuerzas contrapuestas se van oponiendo cuantitativamente hasta que su contradicción rompe el aparente equilibrio y genera un salto cualitativo.
La cordillera de los Andes y la de la Costa son sistemas jóvenes, que emergen fracturando estratos arcaicos, desgastados por los elementos y las eras. Nuestras efímeras existencias son sacudidas por estos paroxismos planetarios, que por cierto en los últimos días se han repetido insistentemente en Chile, Japón, el oriente de Estados Unidos, el Occidente de Venezuela y ahora en Caracas y el estado La Guaira. Son un recuerdo de nuestra pequeñez y oportunidad para comprenderla. “Oh, terremoto mental/ sentí una vez en mi cráneo/ como el caer subitáneo/ de una Babel de cristal”, testimonia Rubén Darío.
2.-El valle de Caracas es zona sísmica y, según viajeros coloniales, la urbe edificada en él tenía por ello casas de un solo piso. La historia de sus sismos sería infinita, refirámonos a tres de los más recientes. En la pequeña ciudad se había declarado la independencia el 19 de abril de 1810, quizá sin clara conciencia de las pruebas que toda afirmación acarrea. Los partidarios del imperio eran numerosos y poderosos; los republicanos débiles y a veces incompetentes.
La naturaleza quizá no tiene propósitos; a cada uno de sus fenómenos asignan los hombres una interpretación que favorezca sus intereses. El 26 de marzo de 1812 Caracas es sacudida por un temblor que arrasa por igual moradas de seglares y de religiosos, entre estas últimas el convento de San Jacinto. Sobre sus ruinas los franciscanos predican que el sismo es castigo de Dios por la rebelión contra el poder imperial. En el sitio el joven Simón Bolívar los desautoriza con palabras que desatan un sismo intelectual: “Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca”. El hombre no es sujeto pasivo de fuerzas inconmensurables, sino autor de su propio destino y del de su sociedad.
3.- El necio es sorprendido por los acontecimientos; el sabio aprende de ellos. Bolívar no dejará de reflexionar sobre los efectos del destructivo temblor. Mientras prepara intelectualmente la Campaña Admirable, el 15 de diciembre del mismo año consigna, en el Manifiesto de Cartagena: “La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares y ciudades subalternas, y en la introducción de los enemigos en el país; abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los promotores de la guerra civil.
Sin embargo, debemos confesar ingenuamente, que estos traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente se les acusa porque la impunidad de los delitos era absoluta; la cual hallaba en el Congreso un escandaloso abrigo; llegando a tal punto esta injusticia que de la insurrección de la ciudad de Valencia, que costó su pacificación cerca de mil hombres, no se dio a la vindicta de las leyes un solo rebelde; quedando todos con vida y, los más, con sus bienes”. Tan importante como la catástrofe es el manejo de quienes abusan ante ella, y el propósito de corregirla.
4.- Más adelante, el jovencito que luego será Libertador añade: “El terremoto de 26 de marzo trastornó ciertamente, tanto lo físico como lo moral; y puede llamarse propiamente la causa inmediata de la ruina de Venezuela; mas este mismo suceso habría tenido lugar, sin producir tan mortales efectos, si Caracas se hubiera gobernado entonces por una sola autoridad, que obrando con rapidez y vigor hubiese puesto remedio a los daños sin trabas, ni competencias que retardando el efecto de las providencias, dejaban tomar al mal un incremento tan grande que lo hizo incurable”.
5.- Y voy con la segunda de las catástrofes. El 25 de julio de 1967, aniversario del cuatricentenario de la fundación de Caracas, corregía yo el manuscrito de mi primera novela en una buhardilla del segundo piso de la casa de la familia en
Sordo a Tablitas, cuando el mundo empezó a bailar a mi alrededor. Corrí, escuchando una catarata que después supe que era la biblioteca de pared que se derrumbaba a mis espaldas. Al salir a la calle vi desplomarse la casa del frente; entre la polvareda emergió un joven con una toalla en las caderas, sorprendido en la ducha. El sismo arrasó centenares de vidas y edificios en la capital y el litoral. La voz popular atribuyó la catástrofe al exceso de eventos conmemorativos.
La pitonisa italiana Alda Marotta había profetizado grandes males para una ciudad “a la que hacían muchas fiestas”. Pedro León Zapata la caricaturizó aplastada por un lienzo de pared de su propia profecía. Por esos días Jacobo Borges estrenaba su magistral Imagen de Caracas, expresión cinematográfica suprema de integración de las artes. La hecatombe fue prolífica en obras maestras, pero no en prohibiciones de construir sobre fallas tectónicas, estudios de materiales o diseños de arquitectura antisísmica como la del indestructible Hotel Imperial construido por Frank Lloyd Wright en Tokio.
El terremoto geológico apenas sirvió de prólogo al sismo socioeconómico del viernes negro de 1983.
6.- Y así llegamos a la catástrofe brutal que nos golpea. Costó centenares de vidas e incalculables riquezas. Reflexionemos sobre ella. ¿Atendimos las advertencias sobre su inminencia? ¿Adoptamos las medidas para precaverla? ¿Construimos edificaciones o instituciones fuertes para resistirla? ¿Utilizamos materiales y estructuras firmes? ¿Diseñamos arquitecturas con cimientos certeros y resistentes? ¿Evitamos fundaciones vacuas sobre terrenos movedizos?
¿Desechamos parapetos ornamentales frágiles y diseños sin función? ¿Confiamos la obra a constructores laboriosos, o a especuladores ávidos de destruirla desde adentro? Y sobre todo: ¿si la catástrofe se opone, nos resignaremos a que nuestra vida siga siendo ruina perpetuamente saqueada, o lucharemos contra ella y expulsaremos a los saqueadores para construir otra existencia más perfecta, más pura, más inexpugnable, indestructible y nuestra?