Presión polarizante y despolarizante

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Maryclen Stelling |

En Venezuela confluyen una serie de condiciones propias y ajenas que no nos dejarán indemnes. De allí que nos preguntamos si saldremos ilesas e ilesos, dado que en el camino hemos ido dejando afectos y amistades fundamentalmente en razón de la polarización política, sin despreciar el peso de la crisis multidimensional aunado a la tentación de buscar y señalar culpables.

La polarización no se limita a las élites políticas, económicas, mediáticas o intelectuales, ámbitos que “sin querer queriendo” continúan promoviéndola. Importante destacar que desde la propia ciudadanía han emergido fuerzas despolarizantes, producto de la confrontación con la crisis multidimensional, del consecuente desgaste y la imperante necesidad de organizarse. La polarización que ha penetrado la sociedad en general, se niega a morir y en ese juego político-afectivo, destaca el papel de la ciudadanía que ha plantado cara a la presión polarizante.

Aun cuando pareciera haber bajado tal presión, la resistencia a la misma se consolida y, en determinadas circunstancias y contextos, las sensibilidades políticas a flor de piel, sobreviven y se manifiestan. Lidiamos entonces con la polarización política al igual que con la afectiva, devenidas en una suerte de riesgosa autopolarización en tiempos de pandemia.

Importante destacar que la presión ejercida desde las RRSS contrasta con otros espacios, donde la propia ciudadanía gradualmente se ha reencontrado, perdonado y reconciliado. Así, la polarización debilitada ha ido cediendo y retrocediendo. Tendencia que contrasta con las RRSS devenidas en el espacio que, sin control, impulsa y promueve el etiquetaje, la estigmatización y la exclusión… Ámbito que aloja y promueve sentimientos de simpatía y/o rechazo hacia posiciones, partidos políticos, espacios y personas.

Fenómeno político-afectivo, claramente polarizante, tiene su caldo de cultivo y máxima expresión en las RRSS, donde abiertamente se persigue, descalifica y segrega. En la procura de muertes simbólicas y apoyos, sin tapujos se expresan sentimientos de rechazo hacia partidos políticos, personas, posiciones, análisis y declaraciones.

En este proceso ciertos espacios ciudadanos marcan la pauta y fungen de ámbitos dialogantes y despolarizantes.