Latinoamérica y la guerra en Europa

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Leopoldo Puchi |

Numerosos países de la región han expresado que Estados Unidos y la Unión Europea han tenido una alta responsabilidad en el estallido de las hostilidades. Al evaluar la reacción de los países latinoamericanos ante la guerra en Europa puede decirse que, en una mayor o menor medida, han expresado su desacuerdo con la intervención de Rusia en Ucrania y en ninguna de las declaraciones oficiales se ha manifestado un respaldo a la decisión de Moscú.

En este sentido, se puede citar incluso la declaración de Cuba sobre el conflicto de Ucrania en la que reitera que “siempre se opondrá al uso o amenaza de la fuerza contra cualquier Estado”.

Sin embargo, numerosos países de la región han expresado que Estados Unidos y la Unión Europea han tenido una alta responsabilidad en el estallido de las hostilidades, en razón de la estrategia de expansión militar de la OTAN y por haber eludido la concreción de los acuerdos de Minsk.

Aunque esto no significa un apoyo a la actuación de Vladimir Putin, a Washington y a las capitales europeas no les agrada que se ventile esta realidad ni que se condenen las sanciones a Rusia, por lo que no están satisfechas con la posición asumida por un número importante de países latinoamericanos.
Bolsonaro

Un reporte de BBC que evalúa el comportamiento de la región, y en particular de México, Brasil y Argentina, advierte que “hay claroscuros en la supuesta condena generalizada a Moscú”.

A Jair Bolsonaro y a Alberto Fernández se les cuestiona por haber visitado Rusia poco antes de estallar el conflicto o por haber emitido declaraciones favorables a una solución negociada o resaltado los intereses particulares de carácter económico de sus países en su relación con Rusia.

López Obrador

Al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se le reprocha que se haya negado a imponer sanciones económicas a Rusia y se le crítica que exprese su voluntad de mantener buenas relaciones con “todos los gobiernos del mundo”. BBC apunta como algo pecaminoso que México sostenga “un intercambio comercial con Rusia que llegó a US$ 2.100 millones en 2019”.

También se reprueba al aspirante presidencial Gustavo Petro por haber opinado que Colombia tiene muchos problemas como para involucrarse en el conflicto europeo.

Las reglas

Por supuesto, es natural que esta conducta llame la atención, porque expresa de alguna manera una novedad, una nueva forma de entender las relaciones interamericanas que se aleja, de modo paulatino y en diferentes grados, de la subordinación automática a la visión, a la política y a los intereses propios de EEUU como potencia, que no siempre coinciden con los intereses de los otros países de la región.

Sin embargo, no se trata de pasar de un alineamiento con los intereses particulares de Washington para pasar a hacer parte de otro alineamiento, a una reubicación en otra orbita geopolítica, sino de ponerle fin al esquema según el cual unos países tienen una jerarquía superior y otros son sujetos de tutela, sin que se respeten las reglas que modulan el orden internacional vigente, que se basa en el principio de igualdad soberana de todos.

Petróleo

A consecuencia de la guerra en Europa, las sanciones y el plan de sustituir el petróleo y el gas de Rusia, Washington se acercó a Venezuela en función de incrementar el suministro de crudo en Occidente, lo que implica que se alivien las sanciones.

Sin embargo, por problemas internos en la dirigencia política estadounidense, ese alivio se ha complicado. Para contener las críticas de los sectores reticentes, la administración Biden ha insistido en atar las sanciones a un diálogo entre Gobierno y oposición. En función de este diálogo se impulsó el reinició del mecanismo de México y se acordó autorizar a Chevron para que se reuniera con Pdvsa.

Noruega

Ahora bien, se conoció que este empuje del diálogo se desaceleró por un nuevo elemento que surgió: el gobierno de Noruega, miembro de la OTAN, solicitó al gobierno venezolano que excluyera del diálogo a Rusia, que venía actuando junto a Holanda como país observador.

Por su parte, el ministerio de Exteriores de Rusia emitió un comunicado en el que puntualizaba que en el memorándum firmado en agosto de 2021 en la Ciudad de México había quedado “claramente registrado” el papel de Rusia en el proceso de diálogo. Desde el lado de Noruega se argumenta que la presencia de Rusia como observadora “nunca se formalizó”.

Este es una de las consecuencias negativas de intentar sobreponer el conflicto de Ucrania a la dinámica de la región. Y, sobre todo, del empeño en continuar considerando a los países latinoamericanos como parte de una “zona de influencia” a la que deben obediencia.