Planificación/Diseño (P/D) de los mensajes políticos liberadores

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Enrique Vila Planes

Razones de este trabajo

Decimos que vivimos en la época de los llamados ‘fakenews’. Pero éstos existen desde que los seres humanos desarrollamos el lenguaje y la conciencia. Desde que se estableció la sociedad con sus jerarquías y poderes (e invención del Estado), se diseñaron y construyeron sistemas de creencias para apuntalar los señoríos y dominios que se impusieron en cada sociedad.

Se establecieron en cada caso los mecanismos de comunicación de masas más apropiados, no sólo para informar y transmitir noticias, órdenes, disposiciones, etc., sino además para justificar el sistema de organización de cada sociedad-Estado. No se trata de creer en la Teoría de la Conspiración, pero el libro de Susan George, El pensamiento secuestrado, es un compendio espeluznante de la galaxia(término de ella) de conjuras, maquinaciones, intrigas, connivencia, enredos, maniobras, arreglos, componendas, ocultación deliberada, amaños…

Incluso traiciones, desde los 70 hasta la primera década del 2000, por parte de la derecha extrema (neocón) de EEUU, tanto laica como religiosa, en contra de su democracia, y a favor de las grandes empresas: el Sistema del capital en su articulación ‘post-verdad’ más descarada.

Entonces, no se trata de que ahora la comunicación (sobre todo de noticias y ‘opiniones’) está sustentada más en la falsedad que en la veracidad. Sino, más bien, buscar un mecanismo que ayude a diferenciar de partida la ‘comunicación honesta y transparente de mensajes’ (aunque sea políticamente radical, pero que permita detectar los errores y/o las discrepancias en el debate), de aquellos otros que simplemente, o son consignas ad nauseam, o son producto de muy poco cuidado descriptivo/explicativo en su elaboración. Tenemos que salir y superar ese izquierdismo superficial.

Se trata de construir, a través de esta muy sintética presentación, unas mínimas reglas de comunicación pública, sobre todo cuando el propósito es profundizar la democracia políticamente liberadora. Ningún mensaje manifiesto es trivial. Nada de lo que se dice en público es ‘gratuito’, ‘irrelevante’ o ‘sin importancia’. La estupidez manifiesta —y su tolerancia/enaltecimiento— termina por confundir; basado en la falacia de que ‘hay que tolerar lo dicho’ porque ‘hay que tolerar a quién lo dijo’.

Esta distinción es crucial; porque, al menos en la cultura hispanoamericana, está presente que el cuestionar una idea, un argumento, un planteamiento, o una posición de alguien, se está juzgando a la persona en sí. Aceptar esta confusión, que no se puede cuestionar lo que dice una autoridad, por ejemplo, porque se está cuestionando tanto a la condición de autoridad como a la persona que la ejerce, lleva a la (auto)censura y, quien sabe, a la solapada complicidad.

Una cosa es lo dicho, otra quién lo ha dicho y, en última instancia, desde dónde lo ha dicho y a quién. Si la persona es honorable o no, no viene al caso del cuestionamiento que se haga de lo dicho, del mensaje. Hay que rescatar el debate sobre ideas y contenidos; y, luego, si viene al caso, quién lo dijo y bajo cuáles circunstancias.

En los medios como la radio y la TV en los que el ‘tiempo’ del programa es una limitante (¿equivalente al espacio de un periódico o revista?), en aquellos que supuestamente cumplen una función de ‘crear conciencia’, o ‘ser democráticos en cuanto a tener participantes de diversas tendencias’, la velocidad en el hablar, así como en pretender incorporar la mayor cantidad de noticias e información para ‘mantener la atención de la audiencia’, se termina aplanando todo ante la falaz igualdad democrática temporal, convirtiendo ese todo en masa indigesta e irreflexiva, donde una trivialidad al borde de la estupidez es tan ‘equitativamente temporalizada’, como si fuera de igual importancia social, cultural, política, economía, humanística, artística, tecnológica, científica…

Se atosiga para evitar pensar y reflexionar. Se banaliza todo para demostrar que ‘se es democrático’ al haber dado igualdad de tiempo (de ‘oportunidad’) a lo fútil y, a la vez, a lo culminante. Lo urgente o efímero sustituye o pospone, lo sustancial y primordial. Ya ni siquiera se plantea ‘qué es y no es sustancial o primordial’ y… para quién, para qué y por qué. Pareciera que, dada la velocidad y los intereses detrás de los medios, se ha vuelto peligroso incluso plantearlo y debatirlo.

El llamado ‘conocimiento tácito’ de los medios masivos de información y ¿comunicación?, va llevando a lxs ‘comunicadorxs sociales’ a autolimitarse cada vez más, dado que en ese conocimiento tácito ya ‘todxs saben que hay cosas que no se dicen o mensajean’.

Este trabajo busca una ruptura paradigmática sobre el diseño de mensajes políticos que contribuyan a la liberación de los pueblos dominados, oprimidos, sojuzgados, tutorados… sobre todo por las fuerzas, cada vez más implacables y homogeneizadoras, es decir, entrópicas, del capital-imperial; por ahora liderizado por EEUU y su satélites complacientes.

De lo que aquí se trata, es de estimular responsable y conscientemente la neguentropía comunicacional; concretamente, en el diseño de la mensajería política liberadora de los pueblos y naciones dominadas (neocolonizadas, subdesarrolladas y dependientes) del mundo, tomando como referencia y experiencia a Venezuela y su lucha actual antimperialista y anticapitalista.

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Diseño de mensajes políticos liberadores