La UE ratifica la condición cada vez más política del Nobel

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HORACIO RAÑA | Pocas dudas quedan ya que un premio como el Nobel de la Paz, que nació con la loable intención de distinguir a personalidades casi indiscutibles, se transformó en una moneda de cambio política que se distancia cada vez mas de sus loables orígenes. Y que hoy escribió un nuevo capítulo al galardonar a la Unión Europea.

  Télam

¿Se premia por historia o por presente? En todo caso se debe tener en cuenta la trayectoria, que es muy diferente a sostenerse con forceps para destacar la «contribución a la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en los últimos 70 años» de la UE, olvidando lo que ella misma está generando en la actualidad.

«Es una broma pesada», dijo hoy sin medias tintas el presidente de República Checa, Vaclav Klaus. Y su responsable de Comunicación y Cultura, Petr Hajek, fue más lejos aún sostener que la actual UE es una comunidad «casi ilegítima donde la democracia y libertad se arrugan en un rincón».

República Checa es uno de los 27 miembros de la UE desde 2004 y su presidente, si bien es un euroescéptico, no es precisamente un hombre de extrema izquierda de quien se podría esperar una afirmación de ese tenor.

No es la primera ocasión en que el Comité Nobel se ve envuelto en duros cuestionamientos por su decisiones. Los últimos fueron hace tres años por haberle puesto la cocarda al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, asumido apenas nueve meses antes, y en 2007 al ex vicepresidente del mismo país, Al Gore.

¿Qué méritos en su trabajo por la paz podía tener entonces Obama para, por ejemplo, ser considerado por encima de las Abuelas de Plaza de Mayo que desde hace décadas logran en silencio devolver identidades sustraídas? Esa pregunta debe hacerse también hoy, cuando la entidad presidida por Estela de Carlotto volvió a ser relegada pese a estar nominada.

«Este es un mensaje a Europa para que haga todo lo posible para asegurar lo que ha logrado y siga adelante», subrayó el presidente del comité, Thorbjoern Jagland, al anunciar su decisión en Oslo.

La pregunta sería para asegurar qué cosas, ya que los países de la UE están envueltos en una crisis económica y social que se profundizó aún más con las recetas de ajuste sobre ajuste, ya probadas como inútiles políticas neoliberales, que generan desempleo, rebajas salariales y descontento general.

Los movimientos de indignados de España, Grecia, Portugal, Italia y Francia, por citar sólo algunos ejemplos, dan testimonio de lo que piensa el grueso de las sociedades sobre la política impulsada por la alemana Angela Merkel y avalada por la UE en su totalidad.

El Nobel de la Paz, que entre otras cosas premia la «contribución a los derechos humanos», desconoce las violaciones que se están produciendo en Europa al cercenarse beneficios sociales, destruirse fuentes de trabajo, dejar familias enteras en la calle y disparar índices desconocidos de suicidios.

Pero la crisis económica no fue lo único que el Comité Nobel no tuvo en cuenta con esta premiación, ya que también optó por taparse los ojos frente a las crecientes políticas xeófobas y discriminatorias para con los extranjeros que viven en territorios de la UE.

Los africanos que buscan escapar de la indigencia y de las guerras son tratados como animales, puestos en campamentos infrahumanos y retornados sin miramientos al infierno desde donde escaparon. La UE, lejos de preocuparse, refuerza las fronteras de España e Italia para colaborar en esa «caza de ilegales».

Y la etnia gitana no va en zaga, aunque con un agravante: siendo residentes en países como Francia, República Checa, Bulgaria, Italia o Grecia, por ejemplo, son víctimas de campañas nacionales y regionales (es decir, avaladas por la UE) bajo acusaciones tan xenófobas como que «no se adaptan» socialmente.

De ahí a su expulsión del país sin reconocimiento de derechos, un solo paso. La UE no muestra reacción (ni voluntad) para intervenir, como sí la tuvo cuando aprobó la intervención militar a Libia.

Cuando Alfred Nobel creó el premio argumentando que se otorgaba «a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz», seguramente pensaba en algo distinto de lo que vemos hoy.