Entre la ilusión y la desilusión

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Maryclen Stelling | 

En el panorama nacional comienza a vislumbrarse un proceso de desencanto en torno a la política. La polarización entre Gobierno y oposición convive con la polarización en torno a la ilusión y la esperanza, independientemente del espacio político; aun cuando se expresa con más fuerza en la oposición que en el polo Gobierno, donde tímidamente comienza a brotar.

Así, nos encontramos atrapados o entrampados entre la desilusión y la esperanza en tanto deterioro de la imagen de las y los políticos y de la política en general.  Tal fenómeno se encuentra relacionado con los efectos nocivos de la polarización, el desgaste de la credibilidad en el dialogo y el  descenso de la aprobación de las instituciones.

Destacan también la arbitrariedad, el uso indebido del poder y la corrupción;  al igual que la gestión tanto de la crisis multidimensional como de los “intereses personales”. Importante señalar que el rechazo a determinadas instituciones se asocia a una gestión fuertemente contaminada por la política y entrampada en la polarización.

Hay casos que expresan un claro rechazo a “la democracia tal como se practica en el país”,  exigiéndose “mano dura” y la ley para todos y todas sin excepción. Todo ello evidencia un deterioro de la relación del ciudadano con la política que, a su vez,  desemboca en  una crisis de representación  y un desinterés político.

Tal situación va incubando en la ciudadanía sentimientos de rechazo, frustración, desconfianza, distancia, apatía, más  desilusión y desafección hacia la política,  la praxis democrática y las instituciones de la democracia. Condiciones negativas que peligrosamente se retroalimentan entre sí.   Ello se resume en  una profunda desilusión de la política y un clima de anomia que se expresa en un fuerte desinterés en la participación. Un complejo reto, tanto para la estabilidad política como para  la democracia.

¿Cómo lograr que esa ciudadanía disidente recobre su interés en la política y en la participación? ¿Encuentre canales propicios para su participación? ¿Reivindique su capacidad de influir en las decisiones políticas?

¿Cómo conseguir que esa ciudadanía desencantada y apática supere la desilusión y recupere la esperanza?  ¿Cómo lograr que rescate su autoestima política?