De “héroe” a “puto loco”: la grietas de la relación entre Trump y Netanyahu
Emilia G. Morales
Los ataques de Israel a Qatar en septiembre de 2025, así como la insistencia de Netanyahu de alargar la guerra en Líbano e Irán, parece haber impactado en la férrea alianza entre EEUU e Israel.
De “héroe” a “puto loco”, de “un líder estupendo” a no tener “ningún jodido criterio”. Así ha evolucionado en los últimos meses la manera en la que Donald Trump, presidente de EEUU, se refiere a su aliado en Oriente Medio, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Dos ataques han quebrado el apoyo incondicional de Washington a Tel Aviv.

El primero tuvo lugar en septiembre de 2025, cuando Israel lanzó una oleada de misiles contra un edificio de Doha (Qatar), aliada de EEUU, en el que se refugiaban los líderes de Hamás que debían negociar la paz en la Franja de Gaza. El segundo ataque ocurrió el pasado 14 de junio y también fue lanzado por Israel. Esta vez, la agresión iba dirigida a un líder de Hezbolá en Beirut (Líbano).
Si el ataque a Qatar puso en peligro la alianza entre EEUU y la monarquía qatarí, el segundo ha estado a punto de hacer saltar por los aires las negociaciones de paz entre EEUU e Irán. En ambos casos, las intenciones de Netanyahu no se vieron completamente satisfechas. Según Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Contemporáneos (CEARC), esto es algo a lo que el mandatario israelí está poco acostumbrado: “Durante años, Netanyahu se ha permitido actuar por encima de algunos presidentes de EEUU”.
Cuando lo ha hecho con Joe Biden, Barak Obama u otros mandatarios demócratas -Bill Clinton dijo a sus asesores en 1996 que “quién coño se creía” el líder israelí-, Netanyahu “se ha podido presentar ante la ciudadanía israelí como el tipo duro que planta cara a los presidentes demócratas blandos”. Sin embargo, apunta Amirah Fernández, “no puede utilizar esta narrativa contra Trump” porque esto le dejaría sin apoyos en Washington. De acuerdo al análisis del experto, Israel no puede exponerse a este riesgo, ya que “es muy consciente de que la dependencia de EEUU es total. No tienen ni la superficie ni la población suficiente como para imponerse por sí solos en la región”.

Esto significa dos cosas. Por un lado, que existen grietas bajo la aparentemente imperturbable relación entre Trump y Netanyahu. Por otro, que estas no son, de momento, lo suficientemente hondas para provocar un punto de no retorno entre ambos. Más bien, considera Amirah Fernández, esta relación se encuentra ante un posible proceso de “normalización”, en el que el apoyo de EEUU a Israel “no ponga en peligro otras alianzas ni sus propios intereses”.
Los ataques a Qatar y el “alto el fuego” en Gaza
El 9 de septiembre del pasado año, varios cazas de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) lanzaron 10 misiles contra el complejo residencial propiedad del gobierno qatarí en el que se alojaba parte de la cúpula de Hamás, acabando con la vida de dos militantes de Hamás. Junto a ellos, fueron asesinados tres guardaespaldas de los palestinos y un militar qatarí.
De acuerdo a las informaciones publicadas por la televisión israelí Channel 12 recogidas por Times of Israel, los daños colaterales de la misión no compensaron los logros, ya que toda la cúpula de Hamás y su equipo negociador sobrevivió. Además, el ataque costó a Netanyahu un enfrentamiento con Trump y con otros líderes mundiales, a los que el primer ministro de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, instaba a “no contar con dobles estándares”.
Qatar alberga la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio, lo que ha convertido al país arábigo en uno de los principales aliados de la OTAN, pese a no formar parte de la Alianza. Además, Washington y Doha mantienen una fructuosa relación comercial en el que juegan un papel fundamental empresas energéticas estadounidenses como ExxonMobil y ConocoPhillips.
A la familia Trump también le ha resultado rentable el mercado qatarí en lo personal. Cinco meses antes del ataque de Israel, la Trump Organization, empresa de los hijos del presidente de EEUU, alcanzó un acuerdo para desarrollar un complejo de lujo en el país árabe. También el yerno de Trump, Jared Kushner, mantiene importantes inversiones en Qatar.
Cuando Israel trató de acabar con la cúpula de Hamás en Qatar, los beligerantes estaban embarcados en la enésima negociación de paz después de casi dos años de genocidio en la Franja de Gaza. El interés de Tel Aviv por llegar a algún acuerdo era casi nulo, confirma Amirah Fernández. El ataque parecía haber sepultado la esperanza de que se alcanzara una tregua. En cambio, “Trump obligó a Netanyahu a llamar a Al Thani para pedirle perdón”. Semanas después, ambos mandatarios hicieron público un acuerdo de paz para Gaza, en la que no habían participado los palestinos.
El plan no llevó la paz al enclave palestino, que continúa siendo bombardeado por Israel. Además, premió la conducta genocida de Israel al permitirle mantener su dominación sobre la población gazatí. Sin embargo, el experto apunta a que, si no hubiera sido por la intervención de Trump, Netanyahu hubiera continuado escalando los ataques a la Franja de Gaza.

El pasado 15 de junio, el primer ministro de Pakistán y mediador en las conversaciones entre EEUU e Irán, Shehbaz Sharif, anunció que las partes habían alcanzado un memorándum de entendimiento. Esto es: un marco común dentro del cuál se comenzará construir un acuerdo de paz entre Washington y Teherán. El Gobierno de Benjamín Netanyahu ha tratado de hacer saltar por los aires el memorándum atacando a Beirut en la recta final de las conversaciones. Es en este momento en el que el presidente de EEUU aseguró que Netanyahu no tenía “ningún jodido criterio”.
El memorándum será formalizado por Trump, su vicepresidente JD Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el próximo 19 de junio en Bürgenstock (Suiza), al finalizar la cumbre del G7. A partir de ese día, los beligerantes se dan 60 días para alcanzar un acuerdo de paz.
Según el análisis hecho por el director del CEARC, Amirah Fernández, a los elementos más reaccionarios del Gobierno y la sociedad israelí les escama que el presidente estadounidense trate “de tú a tú” a los ayatolás. “Está reconociendo que ambos son actores con cartas, que ninguno se ha podido imponer [en la guerra] y que, por tanto, tiene que negociar”, abunda el politólogo. La tendencia de Trump de acercarse a los líderes que considera fuertes le ha llevado a estrechar la mano de enemigos de Israel, como Recep Tayyip Erdogán, presidente de Turquía.
Donald Trump: “Sin EEUU (…) Israel no existiría”
Es muy poco lo que se sabe del memorándum, ya que el texto aún no ha sido publicado, salvo unas pocas filtraciones y anuncios. Entre ellas, afirmó Shehbaz Sharif, se encuentra la condición de que Israel ponga fin a su operación en Líbano. Actualmente, el ejército de Israel ocupa alrededor del 6% del territorio libanés y, de acuerdo a las declaraciones realizadas el pasado 15 de junio por Israel Katz, ministro de Defensa israelí, no piensan moverse de allí. Esto pone de nuevo en un aprieto el alto el fuego entre EEUU e Irán.
Sin embargo, a lo largo del 16 de junio, la confusión sobre si Líbano sería incluido en el acuerdo de paz entre EEUU-Irán ha ido en aumento. Trump ha contribuido a ello diciendo que este frente es “un problema menor” y que no entorpece el acuerdo con Teherán, para posteriormente afirmar que Netanyahu “debería ser más responsable” en Líbano y que la guerra ya ha dejado a “muchos muertos”. De paso, Trump ha recordado al mundo que “sin EEUU (…) Israel no existiría”. Para Amirah Fernández, esta inexactitud acerca de la cuestión en Líbano es una estrategia para “no torpedear el acuerdo” que tanto esfuerzo a costado a Washington y Teherán.
De acuerdo a los analistas, nada sería más contraproducente para Trump que hacer caer la paz con Irán. A raíz de la guerra con los ayatolás, el apoyo de los votantes del republicano a su gestión ha caído en picado, como muestras numerosas encuestas. “Gente que aupó a Trump en otras campañas ha comenzado a decir que el apoyo incondicional a Netanyahu es contrario al América First“, explica el director de CEARC, quien señala que esta cuestión no es algo marginal, sino que “está en el centro del debate” público en EEUU.