Cuba, en otra hora difícil

Marcos Salgado

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En los últimos días todas las miradas de América y más allá estuvieron puestas en Cuba, luego de las protestas de hace una semana, que derivaron en opiniones destempladas, monumentales campañas de desinformación, y operaciones políticas, mediáticas y en redes, que hacen muy difícil hacerse una idea lo suficientemente precisa de lo que pasó y pasa. 

Veamos entonces algunos hechos: 

  • El domingo 11 de julio se registraron varias manifestaciones de protesta contra el gobierno, algunas de centenares, otras de miles, en varios puntos de Cuba. Algunas se tornaron violentas. 
  • Las protestas activaron inmediatamente una gigantesca campaña en redes sociales, con el objetivo de amplificarlas, sin importar la veracidad de los datos, fotografías y videos que se utilizaron. 
  • El gobierno reaccionó rápido. El presidente Díaz-Canel se presentó en uno de los lugares de protestas más numerosas, San Antonio de los Baños, cerca de La Habana. Esa misma tarde, en la televisión, Díaz-Canel presentó los hechos partiendo de reconocer la gravedad de la situación económica de la isla, y la preocupación ciudadana por el avance de la pandemia de la COVID-19. 
  • El gobierno cubano no le restó gravedad a la situación y llamó a defender la revolución en las calles. Una respuesta que fue creciendo y culminó una semana después con una concentración multitudinaria en el malecón en La Habana y en varias ciudades de la isla. 
  • Todo esto mientras desde Estados Unidos y la mediática internacional adscripta se le otorgaba al momento una trascendencia de cambio de época en la isla.

En la concentración del sábado último en el malecón, el presidente Díaz-Canel denunció “un odio desbordado en las redes sociales”, y aseguró que “lo que está viendo el mundo de Cuba es una mentira”, Diaz-Canel dijo que el cubano “no es un gobierno que reprime a su pueblo” pero enseguida agregó que “ninguna mentira se ha levantado por casualidad o por error, todo está fríamente calculado en un manual de guerra no convencional”. 

El presidente también dijo que lo sucedido en la última semana “se revisará a la luz de los posibles errores que pudieron cometerse, sobre todo en los dos últimos años de presiones intensas”, cuando Estados Unidos multiplicó las sanciones económicas sobre Cuba en medio de la pandemia de coronavirus.

El gobierno de Biden no cambió la política de su antecesor, Donald Trump, que hecho por tierra la apertura tardía que había promovido antes Barack Obama. Y al menos hasta antes de los incidentes del 11 de julio, no parecía demasiado apurado en atender el tema. 

Además de todo lo que significa estructuralmente un bloqueo de 60 años, en los últimos tres se sintió especialmente el corte de la entrada de divisas por remesas familiares, una medida de Trump-Biden, y por la pandemia, la caída total de ingresos por el turismo. Es decir, que tan bloqueada como siempre, Cuba se quedó sin sus dos principales ingresos de divisas. Y su principal aliado cercano, Venezuela, tampoco la pasa bien.

Y además arrecia la COVID-19, que aunque con cifras proporcionalmente mucho más bajas que en la mayoría de los países de América Latina, no deja de preocupar a la población que ve cómo se tensa el sistema de salud. Las vacunas, recordemos que Cuba es el único país del continente fuera de Estados Unidos que ha desarrollado las propias, son solución a mediano plazo, no en esta hora de urgencias. 

En ese contexto, las apelaciones propagandísticas sobre un pueblo que se alza “contra la tiranía” no tiene ningún fundamento, son oportunismo puro. La revolución cubana pasa uno de sus momentos más difíciles y el conjunto social con lógicas contradicciones y claroscuros, se resiente y tensiona. Del otro lado,  las apelaciones a la victoria segura de la Revolución desde una izquierda un poco voluntarista no alcanzan a llenar el conjunto y mucho menos a explicar las tensiones. 

Porque las acechanzas son grandes, y la envergadura de la operación política y comunicacional contra la isla que se vio esta semana se va a repetir y ampliar, de eso no se puede tener dudas. 

Cuba está, de nuevo, en el centro de una batalla que la excede. Los poderes que buscan arrasar con el único ejemplo vivo de socialismo latinoamericano están envalentonados y calentando motores.  

*Periodista argentino del equipo fundacional de Telesur. Corresponsal de HispanTv en Venezuela, editor de questiondigital.com. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)