Avatares del diálogo

Maryclen Stelling

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El largo y lento proceso de diálogo en el país ha devenido en una suerte de calvario tanto por factores inherentes al propio proceso, como por aquellos de carácter contextual o situacional que afectan su desarrollo, credibilidad y legitimidad.

Idealmente el diálogo debe ser un proceso que goce de permanencia y continuidad con miras a escucharnos, entendernos, construir confianza entre las partes y sentar bases para el entendimiento y abordaje del problema. Condiciones difíciles, por cuanto persiste un ambiente de desconfianza, enfrentamiento y conflictividad política que impide se desarrolle una perspectiva sostenible a largo plazo. Más que espacios de intercambio real, ha prevalecido la intención de legitimación de rumbos de acción defendidos por ambas fuerzas políticas, inherentes a la confrontación interna que prevalece en el país. Las relaciones de poder entre los diversos actores participantes en el diálogo, han marcado el rumbo y reforzado los conflictos subyacentes, que, dada la complejidad de la crisis, son de carácter multidimensional. Por su parte, la situación interna de la oposición le resta unidad y legitimidad a su representación. Proceso traumático y frustrante, al que sin embargo debemos seguir apostando.

Por tales razones internas, hasta el momento ha sido difícil sentar bases sólidas para el entendimiento entre las partes. A ello se suman factores situacionales o contextuales que inciden igualmente en el dialogo.

Está en curso un nuevo intento de diálogo con la mediación del reino de Noruega. Entre los elementos contextuales que inciden positivamente destacan la nueva estrategia de EEUU-UE-Canadá y la presencia en el país de la Misión Europea que se ha reunido con Cancillería, CNE y AN, al igual que con factores de la oposición.

Sin embargo, no hay que menospreciar los efectos que tendrán sobre el dialogo recientes eventos internos y regionales. El asesinato del Presidente de Haití, la participación de la industria de mercenarios y la empresa contratada, perteneciente aparentemente a un activista de Guaidó. Los sucesos de la Cota 905, la presencia de paramilitares, supuestas complicidades y acusaciones del Gobierno a la oposición sobre “vínculos con paramilitares”, detenciones y/o persecuciones.

¿Saldrá indemne el dialogo?