La mentira no desaparece con el mentiroso. Eso es lo malo de Trump
Timothy Snyder-NYT
Cuando Donald Trump se presentó ante sus seguidores el 6 de enero y los exhortó a dirigirse al Capitolio de Estados Unidos, estaba haciendo lo de siempre. Nunca se había tomado la democracia electoral en serio ni había aceptado su legitimidad en Estados Unidos. Incluso cuando ganó, en 2016, insistió en que las elecciones habían sido fraudulentas, en que su rival había recibido millones de votos falsos.
En 2020, consciente de que iba por detrás de Joseph R. Biden en las encuestas, pasó meses…