Armas de fuego: ¿protección o riesgo?

107

MARÍA MOSEGUE | Distintos estudios han señalado que tener un arma para protegerse aumenta en 5 veces o más los riesgos de ser lesionado o muerto en caso de un asalto”. Las armas en manos de civiles como medio de protección producen lo contrario a lo que se busca: aumentan las probabilidades de riesgo a la integridad personal, familiar y comunitaria.

María Mosegue – Comisión Desarme de Venezuela

Uno de los grandes generadores de la violencia en nuestro país está relacionado con el uso y circulación de armas de fuego y municiones. De hecho, el uso y disposición de armas es un factor que contribuye significativamente a la inseguridad, tanto para quienes las portan, como para el resto de la sociedad.

Ante esta situación, surge la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme; instancia que tiene como misión el diseño e implementación de una política pública integral para la ejecución de procesos de control, regulación y desarme que garanticen la construcción de una cultura de paz y la recuperación de espacios para la convivencia ciudadana.

Por ello, es necesario desmontar el mito de que “estar armado es estar seguro”. Datos contundentes revelan que la tenencia y porte de armas de fuego, lejos de disminuir la violencia, quebranta la resolución pacífica de los conflictos que se presentan en espacios de la vida cotidiana. Por ejemplo, estudios científicos señalan que portar un arma expone a las personas a una situación de morir violentamente.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece:

Artículo 3. El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.

En un trabajo realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el año 2009, titulado Desarmar la Violencia, mostró que en El Salvador las armas eran vistas por un segmento importante de la población, aunque no mayoritario, como el instrumento adecuado para la defensa personal. Algo más del 40% de la población, sobre todo hombres y campesinos, afirmaron desear tener armas de fuego con propósitos de defensa personal y protección.

Sin embargo, en criterio de Reynaldo Hidalgo, coordinador de Aspectos Jurídicos y Medidas Especiales de la Comisión Presidencial, la hipótesis de tener un arma de fuego como mecanismo de protección es una idea totalmente errada. “El arma de fuego actúa de dos maneras frente a un hecho de riesgo: en primer lugar, como un objeto deseado en sí mismo, es decir, el portar un arma puede ser el detonante para que te agredan o atraquen. En segundo lugar, existe una teoría general que indica que, ante la presencia de armas de fuego, hay mayor probabilidad de generar un comportamiento violento en la contra parte”, explicó.

Adicionalmente, Andrés Antillano, profesor de la Universidad Central de Venezuela y otro especialista en la Comisión Presidencial, advierte que “distintos estudios muestran que tener un arma para protegerse aumenta en 5 veces o más los riesgos de ser lesionado o muerto en caso de un asalto”.

El estudio denominado Armas de Fuego y Violencia, realizado en El Salvador y  publicado por el PNUD en el año 2003, indicó que los peligros de utilizar un arma para intentar defenderse de un robo a mano armada es muy alto. De acuerdo con la investigación, las personas que intentaron usar un arma de fuego para defenderse de un asalto o robo a mano armada murieron en una relación 48 veces más alta que quienes no intentaron defenderse del asalto. De todas las veces que se usaron armas para defenderse, en más del 65% de los casos la víctima resultó herida o muerta.

Para el profesor Antillano, “debe desestimularse el acceso y la tenencia de armas en general, a través de políticas que brinden seguridad, que vacíen las armas de este contenido simbólico que las hace atractivas y, en el caso de aquellos que ya poseen armas y no quieran deshacerse de ellas, recomendar espacios especiales para su resguardo, particularmente en el hogar”.

Precisamente, esta es una de las labores que adelanta la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme: poder formar una conciencia ciudadana acerca del riesgo que representa el uso de armas de fuego para la seguridad personal, familiar, comunitaria, con el propósito de desmitificar el uso de las armas como un medio que genera protección y seguridad a las venezolanas y los venezolanos.

Desde la Comisión Presidencial se busca transformar la percepción de las armas de fuego a través de procesos culturales y la construcción de discursos que deslegitimen la violencia, como la única vía para desarmar un país.

En este sentido, el profesor Hidalgo insiste: “en Venezuela hay que desestimular el uso de las armas en la población como medio para resolver los conflictos, defenderse, ganar prestigio, poder, o reivindicar masculinidades, es decir, hay que convencer a la gente de que ninguno de esos mitos que recaen sobre las armas son ciertos. Hay que desmitificar el valor de las armas frente a la población, a través de una construcción de nuevos discursos que tienen que venir de autoridades técnicas, científicas, políticas, artísticas y deportivas. Hay que tener una visión de país”.

Fuente: http://comisionpresidencialdesarme.gob.ve/noticiasreportajes/reportajes/66-armas-de-fuego-iproteccion-o-riesgo