Argentina: buena decision presidencial, pero un complejo futuro

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JUAN GUAHÁN | El miércoles pasado la Presidenta volvió para señalar algunas nuevas decisiones y tomar contacto con la militancia que la sigue, respeta y quiere. Cristina Fernández anunció una muy buena medida para una franja importante de los jóvenes en 18 y 24 años. El acto se realizó en la Casa Rosada y también asistieron dirigentes oficialistas, representantes de iglesias y de organismos de derechos humanos.  De ese acto podemos sacar algunas conclusiones.

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Lo primero y fundamental es que hizo anuncios positivos, en favor de los jóvenes que tienen entre 18 y 24 años que no estudien, estén desocupados o tengan un trabajo precario (ingreso menor de $3.600). Éstos recibirán $ 600 mensuales debiendo, como contraprestación, realizar estudios debidamente comprobados, realizar alguna capacitación laboral (en instituciones educativas o sindicatos, con supervisión del Ministerio de Trabajo) y someterse a periódicos exámenes médicos.

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Se estima que un millón y medio de jóvenes integran el universo que podría llegar a beneficiarse con este programa denominado Progresar, con un costo algo superior a los 900 millones de pesos mensuales que saldrán del Tesoro Nacional. Uno de los objetivos del Programa tiene que ver con una prevención en el tema drogas.

La Presidenta, acertadamente, convocó a la sociedad para que ayude a resolver los problemas. Pero, lamentablemente, al criticar a la oposición usó la misma ironía que provoca escozor en vastos sectores medios y se constituye en una barrera con esas franjas, tan volubles, de la sociedad argentina.De todas maneras la presencia y el discurso de la Presidenta revelan que siegue siendo la misma de siempre y que los problemas médicos que tuvo no han afectado su voluntad y modo de actuar.

Por último, si bien tiene razón el Jefe de Gabinete cuando dice que “la Presidenta en un discurso no puede hablar de todos los temas», es una pena que no haya aprovechado el esperado discurso del miércoles para reflejar las propuestas presidenciales sobre algunos temas candentes como, por ejemplo, la inflación o la cuestión energética. Es cierto que la Presidenta tampoco abordó cuestiones positivas como el récord del turismo doméstico que estamos viviendo.

De todas maneras la semana que culmina estuvo sacudida por la evolución de algunas variables económicas que merecerían una consideración especial. En ese sentido resulta muy llamativa la devaluación padecida por el peso respecto del dólar, particularmente si se tiene en cuenta que hace un año atrás la propia Presidenta había manifestado «Que esperen otro gobierno quienes quieren ganar plata con una devaluación». Por cierto que la devaluación operada durante el curso de estos días, si bien seguramente tendrá sus efectos en un incremento inflacionario, ella indudablemente mejora la situación de todos los sectores exportadores, tira una soga a algunas economías regionales, facilita el ingreso de las tan reticentes divisas que nuestro país necesita y debería servir para mejorar la política de sustitución de importaciones.

De esta forma se podría contener la actual y recurrente reducción de reservas e iniciar un camino de recomposición de las mismas. Habrá que ver si, con la apertura del cepo, se logran estabilizar -por algún tiempo- las variables que provocaron el terremoto de esta semana. Hay que tener presente que esta apertura del cepo es para las personas físicas y según los valores que la AFIP reglamente, de acuerdo a los montos de dinero declarados ante ese organismo.

La calma en la escalada devaluatoria del peso y del precio del dólar, del día viernes, augura un período de calma y observación, por parte del gobierno y demás actores económicos.

La  “cumbre» sindical

El gastronómico Luis Barrionuevo, titular de la CGT Azul y Blanca y el camionero Hugo Moyano, de la CGT Azopardo acordaron realizar una “cumbre” político-sindical en Mar del Plata. Aspiraban a reunir a todo el arco peronista no kircherista. Imaginaban que a partir de ese hecho el sindicalismo podría recuperar protagonismo político. Los “políticos peronistas” invitados (Daniel Scioli, Sergio Massa y José Manuel de la Sota) no aparecieron. Moyano miró para el costado y no dijo nada al respecto. Barrionuevo -en cambio- claro y rotundo, sostuvo: «Si no tienen huevos para venir, que no vengan».

Hubo unos 500 asistentes de 105 gremios. Bajo el título “Este país lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie” prestado por Juan Perón, se aprobó un documento de fuerte tono opositor. La mayoría de los participantes reivindicaron su enfrentamiento con la dictadura militar y criticaron las políticas del actual gobierno.

Sintetizaron sus ideas y propuestas en 8 puntos. Entre los mismos se destacan la exigencia de “paritarias libres, sin techos y anticipadas”; sostienen la necesidad de una lucha contra la inflación y la reciente devaluación; piden la eliminación del impuesto al trabajo y la erradicación del narcotráfico y la inseguridad. Señalaron que estos han sido y son los reclamos que permanentemente vienen planteando, sin tener respuestas de las autoridades del gobierno. Al final del documento reivindican la necesidad de un reencuentro del sindicalismo con la lucha de a justicia social, reconocen viejos errores que les impiden “levantar vuelo” y señalan la necesidad de una mayor trasparencia en la vida política y gremial.

La «guerra a la droga»arg drogadiccion-en-jovenes

Desde hace un par de semanas se viene desarrollando un debate, en el seno del propio oficialismo, en torno al modo de combatir el flagelo de la droga y el narcotráfico. Vinieron voces a favor de redefinir el rol de las fuerzas armadas para permitir su intervención en esta cuestión. Inmediatamente le siguieron las respuestas, desde altos niveles del gobierno, desechando esa posibilidad.
Hasta aquí el eje de un debate que empieza a tomar cuerpo en diversos sectores de la sociedad. Eso es bueno y esta discusión habría que alejarla de los problemas de la coyuntura política, tanto en su versión vinculadas a las internas del oficialismo, como a las relaciones entre gobierno y oposición.

Resulta obvio que la mayor parte de la sociedad aplaude las campañas y acciones orientadas a poner fin a este flagelo. Las diferencias se manifiestan en el modo de hacerlo.

Quienes alientan la presencia de las Fuerzas Armadas alegan que fuerzas de seguridad (policías, gendarmería, prefectura) ya no son suficientes. Sostienen que el poder de los narcotraficantes las supera. La capacidad económica que genera el tráfico le da fuerzas para un adecuado equipamiento militar y una mayor penetración en los diferentes estamentos de las fuerzas de seguridad. Su capacidad de corrupción es prácticamente ilimitada.

Consideran que, ante tamaño poderío, tampoco las estructuras del Estado son inmunes a esta penetración. Ante esta situación suponen que el último baluarte son las Fuerzas Armadas.
Quienes se oponen a la intervención de las Fuerzas Armadas fundamentan su posición en el hecho que las fuerzas de seguridad del Estado son suficientes para esta confrontación. Agregan que la experiencia reciente de intervención de las Fuerzas Armadas, como es el caso de México, ésta no solo no resolvió el problema sino que lo agrandó.

El camino seguido en Méjico fue bastante claro y aleccionador. Primero el Estado no le dio mayor importancia al fenómeno del narcotráfico. Éste fue penetrando al Estado y sus instituciones, cuando las fuerzas de seguridad se manifestaban impotentes fueron convocadas las Fuerzas Armadas. Ante el cansancio de pueblos enteros aparecieron los grupos de autodefensa. Algunos creen que el Estado “ayudó” a su construcción o, por lo menos, “dejó hacer”. El nuevo fenómeno creció y enfrentó abiertamente a los “narcos” con críticas al Estado y avanzando en su independencia respecto del mismo. En el caso mejicano, nadie sabe el destino de estos enfrentamientos que ya costaron decenas de miles de muertos y desaparecidos.

El Secretario de Estado de los Estados Unidos  está “preocupado” por el avance de estas “autodefensas”. Una veintena de municipios de Michoacán están controlados por estas auto-organizadas “policías comunitarios”, integradas por campesinos, comerciantes, trabajadores y estudiantes.

Grupos semejantes se despliegan por Chiapas, Guerrero, con manifestaciones en poblaciones de otras vastas zonas del país. Son miles de personas con armamentos de guerra, el enfrentamiento los incorpora a una “guerra contra la droga” en cuya necesidad todos coinciden aunque difieran en las formas de hacerlo.
Ahora el enfrentamiento tiene tres actores: las tropas estatales, los narcos y las autodefensas.

Este es el símbolo de una realidad alarmante: El Estado se diluye y la diferencia entre lo legal e ilegal se vuelve difícil de determinar. Con un aditamento que lo hace más grave. Este negocio del narcotráfico y la droga aparece como el fenómeno cultural de un nuevo poder. Este no solo alimenta la imaginación de miles de jóvenes –casi niños- que actúan como “soldaditos” del sistema, recibiendo por ello una paga superior a la de sus padres y hermanos. La seducción del nuevo poder se desparrama por la sociedad. Aparece como una de las formas más rápidas, sencillas y cautivantes de ascenso a la fama. Reinas de belleza, artistas y modelos son absorbidas por este nuevo encanto. Las experiencias de Colombia y Méjico están llenas de estos ejemplos. Recientes sucesos de Argentina parecen corresponderse a la misma tendencia.

Estos son aspectos a tener presente en el debate que comienza a instalarse en Argentina. Para los críticos a esta decisión de meter a las Fuerzas Armadas en el combate al narcotráfico, el destino de las fuerzas armadas deja de ser el eje de la defensa nacional para involucrarse en tareas policiales. De esta manera estarían en línea a lo que demanda, desde años, la política estadounidense.