Venezuela, la invasión y la reconfiguración

(Xinhua/Marcos Salgado)
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Valeria Duarte Galleguillos – Diario Red

Sin duda, el 3 de enero de 2026, Latinoamérica vivió uno de los amaneceres más duros de su historia reciente. Después de casi treinta años, Estados Unidos invadió un país de la región sin ningún tipo de impunidad y, peor aún, lo hizo bombardeando una de las capitales más significativas del siglo XXI: la gran Caracas.

No fue solo eso. El gobierno de Donald Trump osó secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores bajo la justificación de que el mandatario era líder del Cartel de los Soles, un señalamiento que luego sería desmentido por el propio Departamento de Estado de Estados Unidos.

A ello se suman las declaraciones previas de Trump sobre el petróleo venezolano, antes de la invasión y también antes del ataque a Irán, en las que recalcaba que se veían en la “obligación” de recuperar su petróleo.

La región entendió entonces una lección amarga, si bien en la actualidad se disputa la construcción de un mundo multipolar, Latinoamérica no representa uno de los jugadores principales, sino que sigue siendo una zona de control para el hegemón que busca mantener su poder a toda costa.

El sistema internacional parece ya no sostener los principios básicos del derecho internacional, sino la lógica del más fuerte. Las reglas del juego cambian a cada minuto y la Doctrina Monroe, o su versión actualizada, la Doctrina Donroe se impone en el tablero geopolítico y geoeconómico.

Venezuela: el tiempo acelerado

En Venezuela, el tiempo pasa de manera acelerada. Todas las acciones, así como las omisiones, resultan imprescindibles para la construcción de su futuro. Cada acuerdo, como cada acto traza la secuencia de los hechos. Acercamiento a petroleras, la modificación de la Ley de hidrocarburos, las visitas diplomáticas entre ambos países son solo algunas de las más relevantes.

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Asimismo, con el reciente reconocimiento del país del norte a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, la oposición venezolana, que en muchos casos llamaba a la intervención militar, queda fuera de juego. Con ello se consolida que el mando aún le pertenece al bloque chavista.

Estados Unidos cae en cuenta de que, para sus intereses económicos, en especial los petroleros y mineros, prefiere sostener a un gobierno que está al mando de la organización antes que reordenar el país. Sin duda, esa posición es todo lo contrario a lo que en ciencia política podría llamarse el “juego de suma cero”.

El gobierno de Maduro y, ahora, de Rodríguez, muestra cohesión y capacidad de negociación después de la invasión. La lógica de descabezar para desordenar parece no haber tenido grandes resultados. La línea de mando se mantiene y los poderes fácticos continúan en acción.

El chavismo y el intento de reconfigurar el Estado

Si bien el chavismo, tanto como gobierno y como movimiento, tiene grandes retos, sobre todo con la aprobación de cierto sector de la población que vive una situación de crisis desde hace diez años por las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) impuestas por Estados Unidos, y por más de veinte años de gobierno, es innegable que aún sigue representando la única fuerza política organizada con capacidad de gestión, movilización y politización.

Los lugares bombardeados y donde murieron personas hoy están totalmente reparados y exhiben símbolos que recuerdan que la invasión ocurrió. El discurso antiimperialista y soberanista continúa siendo una de las banderas que sostiene al gobierno y a sus representantes.

Por otro lado, él sábado 8 de marzo de 2026 se llevó a cabo la séptima Consulta Popular para la elección de proyectos comunales y la primera de Delcy Rodríguez como presidenta. La propuesta y el reto de este mecanismo es que los recursos económicos que antes eran ejecutados por las alcaldías y el gobierno central puedan ser administrados por las y los vecinos a partir de los quince años, a través de las Comunas, que además votan por la prioridad de su territorio.

Hablamos de un sistema democrático sumamente participativo. Es la población quien elige directamente qué hacer con el dinero estatal. Hasta el momento, de acuerdo al Ministerio de Comunas, se ejecutaron más de 38 mil proyectos desde 2024 a la fecha.

Las revoluciones populares del siglo XXI enfrentan retos nuevos, en principio defender lo conquistado y, a la vez, profundizar los cambios

Este ejercicio democrático de base implica una nueva lógica de organización estatal que busca descentralizar el poder de decisión y ejecución, llevando al sistema democrático un paso más adelante. El desafío, como en toda democracia, será lograr la participación real de la población, que al menos en el último tiempo ha demostrado cierta desidia frente a la política institucional.

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Construcción de Estado ante la sombra de Estados Unidos

Decía Lenin que la revolución triunfante es la que logra constituir un nuevo tipo de Estado, un tipo de control que permita el dominio colectivo sobre los medios de producción y los recursos. Si bien Latinoamérica se encuentra aún lejos de eso, el hecho de que se propongan otro tipo de organización con participación ciudadana directa que se encargue de la administración del dinero, como sucede en Venezuela, da luces de lo posible.

Hay quienes sostienen que si la población (todos y todas) interviene en la dirección del Estado, el capitalismo ya no podrá sostenerse. Lastimosamente, la construcción de los Estados – Nación en América Latina y el Caribe, desde sus independencias, ha estado atravesada por la relación política y económica con Estados Unidos.

En algunas ocasiones como imposición, en otras como elección, pero casi siempre ligada al rol que cada país juega ante el imperio y al papel de su clase política, en la mayoría de los casos copada por intereses externos y en las excepciones, soberana.

La invasión del 3 de enero no logró su cometido. No porque el imperio haya sido derrotado militarmente, sino porque encontró en frente a un pueblo que ha demostrado que todavía es posible construir poder desde las bases

Las revoluciones populares del siglo XXI enfrentan retos nuevos, en principio defender lo conquistado y, a la vez, profundizar los cambios. El dilema es cómo sostener sin estancarse y avanzar sin desbordarse, en un tablero donde la injerencia externa aún mueve las piezas. La clave será convertir la participación ciudadana en verdadero poder de decisión colectiva, para allanar el camino hacia él control total del Estado.

Entre bombas y comunas: la resistencia

Lo que tiene algo de cierto es que Venezuela se mueve en otros tiempos, que no pueden entenderse de la misma forma en que se entiende la región. El frío del Ávila, con la sal del mar, de manera simultánea dejan claro que la construcción de ese país respira a un ritmo distinto: el de la resistencia y el de la certeza de que, pese a las bombas y los bloqueos, la soberanía aún se defiende.

La invasión del 3 de enero no logró su cometido. No porque el imperio haya sido derrotado militarmente, sino porque encontró en frente a un pueblo que, incluso en la adversidad, ha demostrado que todavía es posible construir poder desde las bases, que las comunas resisten a los misiles y que el legado bolivariano aún sigue siendo línea de ruta para quienes buscan construir otro Estado, otra democracia.

Venezuela sigue en pie. Herida, bombardeada, asfixiada, pero en pie. Y en su resistencia, América Latina encuentra un espejo incómodo pero necesario: o se pliega a los designios del hegemón, o aprende de Venezuela que hasta los amaneceres más duros pueden parir un nuevo tiempo.