La guerra impredecible

(Xinhua/Shadati)
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Telma Luzzani – Revista Acción

La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel con el brutal bombardeo a una escuela primaria de nenas en horario de clase, el 28 de febrero pasado, ha ido expandiéndose, escalando y derivando hacia escenarios inesperados.

En diez días, los agresores no solo destruyeron núcleos científicos y militares iraníes sino también hospitales, escuela y viviendas. Las cifras publicadas por el Ministerio de Salud iraní hasta el viernes pasado indican el asesinato de 1.200 personas (200 de ellas menores) y más de 10.000 heridos a lo largo de 24 provincias iraníes. Según la Media Luna Roja, las viviendas destruidas (casas y edificios) son 9.669.

Por su parte Irán demostró tener también poder de fuego y un plan de defensa bien diseñado, a pesar de que, en ese momento, se llevaban a cabo conversaciones de paz y no se esperaba una embestida.

A diferencia de la Guerra de los Doce Días (junio 2025), la respuesta de Teherán fue inmediata y con blancos muy precisos, como las bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar e incluso a algunos hoteles donde se escondían los soldados norteamericanos. Se sabe poco de las bajas israelíes o estadounidenses pero, al menos, seis féretros cubiertos con la bandera norteamericana llegaron esta semana a Washington. Se calcula que los caídos son muchos más.

El Comando Central del Pentágono (CentCom) admitió que está utilizando el territorio de los países vecinos (Kuwait, EAU, Baréin y Qatar) para desplegar los sistemas HIMARS contra Irán. Himars (High Mobility Artillery Rocket System) son múltiples lanzacohetes montados en blindados móviles.

Por eso, ante la protesta de varias monarquías de Golfo, el presidente iraní Masud Pezeshkian fue claro: «No tenemos intención de invadir países vecinos ni atacarlos si no somos atacados primero». Pidió a los jefes de esas naciones no ser «títeres del imperialismo» y reiteró: «La idea de que Irán se rendirá incondicionalmente (requisito que puso en principio Donald Trump para un cese del fuego) es un sueño que se llevarán a la tumba».

Lo que no sucedió

Esta resiliencia del pueblo iraní está siendo una de las armas más letales para EE.UU. e Israel. En el cálculo de estos dos países, los bombardeos feroces sobre las principales ciudades y puntos militares, la decapitación de la dirigencia (incluida la máxima autoridad, el ayatolá Alí Jameneí) y las arengas a la población para que se subleve y derroque al régimen islámico iba a dar como resultado una revolución de color que habilitaría la instalación de un Gobierno amigo de Washington y Tel Aviv.

Esto no sucedió. Por el contrario, la cohesión del pueblo iraní, la solidaridad de los musulmanes de otras naciones y las manifestaciones de grupos pacifistas en Europa y EE.UU. (sumado al genocidio de Gaza y la asfixia a Cuba) colocan a los ejércitos israelíes y estadounidenses en el podio de los grandes asesinos de la historia y dan fuerza moral a los iraníes para seguir adelante.

El nuevo líder

Una acción de alta repercusión emocional y simbólica –para Irán, para el mundo musulmán y para los enemigos en conflicto– fue la designación de Mojtaba Jameneí (56) como sucesor de su padre –el ayatolá Alí Jameneí– para el importantísimo rol de líder supremo.

Mojtaba sobrevivió al bombardeo aliado contra la residencia del líder supremo el pasado 28 de febrero. En el ataque murieron su padre (el ayatolá), su madre y su esposa. Mojtaba es un político de experiencia, de línea dura como su padre y estrecho colaborador de él. La agencia de noticias estadounidense AP divulgó que, en los mails de la embajada norteamericana en Teherán difundidos por Wikileaks, se lo nombraba como «el poder detrás de la túnica».

El líder supremo de Irán, el ayatola Ali Khamenei, asesinado por EE.UU e Israel. (Xinhua/Oficina del Líder Supremo en Irán)

El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa de Irán. Además de ser el jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, es quien controla el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, responsable de la seguridad interna del país.

El cargo no es hereditario, sino debatido y seleccionado por la Asamblea de Expertos (un órgano compuesto por 88 clérigos, elegidos por el voto popular cada 8 años). Sin embargo, esta vez, cuando el país se enfrenta al ejército más poderoso del mundo –el Pentágono– y a otro como el de Israel que tiene bombas nucleares, fue designado el segundo hijo del líder asesinado. Algunas versiones indican que hubo disidencias internas en la Asamblea ya que varios clérigos votaron por otro candidato.

La reacción de Trump a esa designación fue de ira. El nombramiento de Mojtaba fue entendido como una provocación. Trump ya había dicho que esperaba intervenir en la elección del sucesor para garantizarse que fuera de su agrado. Al no cumplirse este requisito, el presidente anunció que la guerra terminaría pronto (¿sugiriendo un ataque masivo letal?) y que iba a intervenir el Estrecho de Oman para ser él quien regule el paso crucial de los barcos que comercian petróleo.

El conflicto y el mercado

La disparada del precio del petróleo y el derrumbe de las bolsas a nivel mundial ha producido un alto grado de incertidumbre y el temor a una crisis inflacionaria global sin precedentes.

El lunes 9 fueron varios los mensajes de alerta que partieron del Occidente geoestratégico. La directora del FMI, Kristalina Georgieva, recomendó «prepararse para lo impensable» luego de admitir que la guerra contra Irán, el daño a las infraestructuras energéticas y la mengua de tráfico en el estrecho de Ormuz tienen efectos muy negativos.

En la misma línea de preocupación, Trump hizo una llamada telefónica a su par ruso, Vladímir Putin. Horas antes el líder del Kremlin había anunciado «el apoyo inquebrantable a Irán», un país que «enfrenta una agresión armada». Según trascendió, el ruso hizo diferentes propuestas a la Casa Blanca para terminar la guerra de manera dialogada y el norteamericano lo instó a terminar de inmediato el conflicto en Ucrania.

Es lógico. En esta guerra el tiempo favorece a Irán. Trump no solo no pudo mostrar un resultado rápido y contundente, sino que, en las próximas semanas, mientras continúe la beligerancia, afrontará situaciones complejas. Además de las elecciones en noviembre, la crisis interna y las manifestaciones locales, en abril tiene programada la primera alta cumbre con el presidente chino Xi Jinping en Beijing. Es poco probable que esto suceda.

Europa, por su parte, sigue desorientada y vacilante. Será la que pague más caro la crisis energética. (Deben extrañar el barato gas ruso del que disfrutaron hasta 2022). Salvo el presidente español Pedro Sánchez que, con su «No a la guerra», prohibió a los estadounidenses usar las bases militares en su territorio, el resto de los líderes europeos evitaron pronunciarse a favor o en contra.

En los próximos días es probable que los choques se agudicen. Trump (con sus clásicas contradicciones) anunció que la guerra está casi terminada, pero también que «no cederemos hasta la derrota total».

Irán, por su parte, informó que desde el 10 de marzo aumentaron la «longitud de onda de los lanzamientos y el nivel de las oleadas» y que «no lanzará misiles con ojivas menores a una tonelada». También que han ampliado la lista de objetivos al incluir importantes inversiones e intereses vitales estadounidenses e israelíes en toda la región. Tal vez la presión de los mercados y los grandes poderes económicos que ven perjudicados sus intereses sean los que obliguen a poner fin a una guerra que solo puede traer calamidades a la humanidad.