Colombia: el pacto histórico se juega su continuidad en el gobierno
Marcos Salgado
Este domingo 31 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales en Colombia, que son estratégicas para toda la región. Con matices, las encuestas coinciden en que el progresista Pacto Histórico, hoy en el gobierno con Gustavo Petro, se impondrá pero no por la diferencia suficiente para ganar en primera vuelta.
Colombia vuelve a los centros de votación luego de cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, y la posibilidad de continuidad en el gobierno con Iván Cepeda se dibuja como cierta, pero no parece a esta hora estar confirmada. Pero en el entorno del Pacto Histórico hay expectativa de una victoria en primera vuelta. Dicen manejar números que hablan de una consolidación creciente de Cepeda.

La campaña electoral de Cepeda buscó el contacto con sectores populares, planteando profundizar el proyecto del Pacto Histórico, con énfasis en equidad social, continuidad y ampliación de las reformas de Petro y una mayor intervención estatal para reducir desigualdades.
Aunque ser el candidato “oficialista” siempre es una apuesta difícil, Cepeda no cayó en la trampa de diferenciarse de su correligionario Petro y eligió la coherencia programática con el gobierno actual. Pero así también carga con el desgaste del gobierno saliente y una percepción en sectores medios y azuzada por medios cartelizados de mala gestión en temas como economía y salud.
De cualquier forma, la administración Petro no es rechazada por las mayorías, ni mucho menos. De hecho, en las elecciones parlamentarias del pasado 8 de marzo, el Pacto Histórico se consolidó como la principal fuerza en el Congreso, y fue partido más votado.
La derecha disolvente
En el segundo lugar, siempre según las encuestas, aparece Abelardo de la Espriella un outsider de derecha dura, con un discurso de mano firme, moral conservadora y un enfoque de “orden primero, todo lo demás después”, que se inspira en figuras como Bukele y Trump.

Apodado “El Tigre”, hizo campaña apelando también a una imagen similar a del presidente argentino Javier Milei, “El León”. También -como el argentino- es muy activo en redes sociales, especialmente en Tik Tok.
De la Espriella promete medidas de choque contra el crimen y las economías ilegales, recuperación rápida del control territorial, defensa agresiva de la libre empresa, desregulación para atraer inversión y una agenda de valores familiares conservadores.
La debilidad central es el riesgo percibido de autoritarismo, su falta de experiencia en gestión pública, la ambigüedad sobre los límites institucionales de sus planteos y el temor de que su estilo polarice aún más el país y erosione controles democráticos. Tampoco convence su alineamiento -presentado más como emocional que ideológico- con el ex presidente Álvaro Uribe.
¿Uribismo sin Uribe?
Pero Uribe respalda, al menos en primera vuelta, a la tercera en discordia, Paloma Valencia. Se presenta como la opción de “derecha institucional” y de un supuesto uribismo renovado, con promesas centradas en seguridad, fortalecimiento de la Fuerza Pública y reactivación económica a través de menor carga tributaria y un Estado más compacto.

Habla de un plan de crecimiento basado en confianza inversionista, reducción de tamaño del Estado, aumento del gasto en defensa, combate a economías ilegales y una agenda de orden institucional, con la que busca atraer al electorado de derecha y parte del centro, especialmente sectores medios temerosos de la crisis y sectores conservadores que rechazan a Petro.
Pero Valencia no puede desembarazarse del declinante legado uribista y se recorta patente la dificultad para convencer a sectores populares que temen recortes sociales y ven su agenda como distante de las demandas de justicia social.
La crisis de la salud
La campaña se desarrolló en medio de una crisis que se agrava del sistema de salud. Las asociaciones de pacientes, la Defensoría y la academia coinciden en que hay fallas crecientes en el acceso: más demoras en citas con especialistas, aplazamiento de cirugías y cierre o reducción de servicios, especialmente en zonas periféricas.
Se reporta también desabastecimiento y retrasos en entrega de medicamentos y un incremento del gasto de bolsillo de las familias para poder conseguir tratamientos o acudir a servicios privados.
El gobierno de Petro sostiene que la crisis se debe principalmente a fallas estructurales del modelo de aseguramiento privado creado por la Ley 100 de 1993, a las deudas y manejo de las Entidad Promotoras de Salud (EPS) y a la mercantilización de la salud. El gobierno subraya que las EPS acumularon deudas superiores a 32,9 billones de pesos con hospitales y clínicas, lo que ha comprometido la sostenibilidad de la red prestadora.

En campaña, Cepeda apoyó la visión del gobierno sobre la crisis de la salud, y propone seguir con la reforma estructural de Petro, hoy trabada en el Congreso. Paloma, por su parte, habla en términos generales de un plan de choque sin desmontar el modelo de las EPS. Mientras tanto, de la Espriella, en línea con su estructura discursiva más general, se centra en impacto visible: largas colas y cierre de servicios y promete un difuso “plan de choque”.
Los dilemas de la izquierda
Después de prominentes fracasos de las opciones progresistas en América Latina para mantenerse en el poder, el caso de Colombia es para prestar atención también en ese punto. En Argentina, el kichnerismo fracasó a la hora de sostenerse. Lo mismo sucedió con la Revolución Ciudadana en Ecuador. Más cerca en el tiempo, en Chile, el fracaso del gobierno de Boric dejó la mesa servida para el filonazismo de la ultraderecha.
El México de López Obrador comenzó a modificar con el histórico traspaso a Claudia Sheinbaum ese karma. La clave parece ser desembarazarse de los liderazgos exclusivos y apuntar a proyectos de mediano y largo plazo. Un rumbo que se pone a prueba de nuevo este domingo en Colombia.