Venezuela: Trump apoya a un gobierno que prometió aniquilar

Mirko C. Trudeau

Los analistas internacionales señalan  la paradoja de Donald Trump en Venezuela: el apoyo a un régimen al que prometió derrocar, mientras bloquea el regreso de la viajante opositora María Corina Machado (quien raramente está en su país) tras los terremotos y apoya la gestión de la presidenta interina Delcy Rodríguez.

“Las autoridades interinas han cumplido plenamente con acelerar esta masiva respuesta humanitaria”, sostuvo el departamento de Estado, pese a que la prensa occidental continúa con las duras críticas por obstáculos y demoras en las labores de rescate y la entrada de ayuda humanitaria.

Trump, terremotos y ¿después?

Seis meses después de la operación militar que bombardeó Caracas y secuestró al presidente a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, el pasado 3 de enero, y puso al frente de Venezuela a la entonces número dos, Delcy Rodríguez, Trump afronta una aparente paradoja: considera la intervención en el país sudamericano el gran éxito de su política exterior y un posible modelo para actuaciones futuras, incluido en Cuba, señala el diario español El País

Pero para apuntalar esa supuesta victoria, se ha alineado cada vez más firmemente con un gobierno chavista al que hostigó desde su primer mandato, mientras las grietas en sus vínculos con la líder del movimiento opositor que dice que ganó las elecciones de 2024 aunque ni siquiera fuera candidata, María Corina Machado, son cada vez más evidentes.

El diario español El País señala que lejos quedan los primeros días de la intervención, cuando Trump advertía a la líder interina de que, si no acataba al dedillo las órdenes de Washington, le esperaba un destino “aún peor” que el de Maduro, ahora a la espera de juicio en una cárcel de Nueva York. En seis meses el gobierno estadounidense y el propio Trump se han convencido de la disposición del régimen de plegarse a sus deseos para mantenerse en el poder y aceptar que Venezuela sea un Estado tutelado.

Es algo que habría parecido imposible en plena operación Lanza del Sur, cuando Estados Unidos hostigaba a Venezuela con bombardeos contra supuestas narcolanchas e instaba a Maduro a dejar el poder y exiliarse.

Lo cierto es que Venezuela ha quedado convertida en un “protectorado de facto”, afirma Francesca Emanuele, del think tank Center for Economic and Policy Research (CEPR). El sector petrolero, el motor económico del país, ha quedado bajo control de Washington, que tras apoderarse del aniado botín de las enormes reservas de hidrocarburos del país, gestiona las exportaciones a través de una cuenta bancaria en un banco estadounidense de Nueva York.

En diciembre de 2025, miles de venezolanos se movilizaron  para rechazar las amenazas de bloqueo naval anunciadas por  Trump, y expresar su compromiso  con la defensa de la soberanía nacional. (Xinhua/Marcos Salgado)

Trump no tiene freno: ahora dice que en Venezuela “la gente baila de alegría” en las zonas no afectadas por el terremoto, mientras fanfarronea públicamente de que con la parte que recibe de esas ventas, Estados Unidos ha amortizado ya varias veces el costo de la operación del 3 de enero.

Los datos oficiales de Venezuela indican que los ingresos por petróleo en el primer trimestre del año rondaron los 5.500 millones de dólares, algo más que en los últimos tiempos de Maduro, pero menos que antes de la era de sanciones estadounidenes, que fueron hundiendo a Venezuela.

Venezuela prepara la reestructuración de su gigantesca deuda soberana: unos 240.000 millones de dólares, la mayor desde la de Grecia en 2012, en plena crisis financiera. El análisis de sostenibilidad no está a cargo de los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI): el estudio lo elabora una firma estadounidense contratada como asesora, el banco Centerview Partners, algo que hace temer a los espertos que pueda dejar al país en una situación más vulnerable frente a sus acreedores internacionales.

Para Trump, Venezuela es el exponente más extremo de la llamada “doctrina Donroe” que ha abrazado el gobierno de Estados Unidos, (en alusión a la doctrina Monroe que justificó el intervencionismo estadounidense en su “patio

Delcy Rodríguez, en una reunión con expertos militares y el encargado de negocios de EE UU, John M. Barret

trasero”),  doctrina que declara a América como “su” continente y lo convierte en prioridad en política exterior; una región en la que los líderes y personalidades amigos resultan premiados y se amenaza con el uso de la fuerza militar a los que se ven como enemigos.

“El alineamiento de Trump con la nueva dictadora sigue la lógica de su filosofía de America First, que deja poco espacio para los valores democráticos. Después de todo, lo que le importa a Trump en el caso de Venezuela no es la liberación de los presos políticos ni una transición democrática, sino un Gobierno obediente que facilite proyectos petroleros y mineros controlados por empresas estadounidenses. En otras palabras, una fusión entre la Cámara de Comercio y el Comando Sur”, opina Benjamin Gedan, director para América Latina del Stimson Center y antiguo responsable de América del Sur en el Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama.

Estados Unidos ha querido volcarse con el país tras los dos terremotos del 24 de junio: ha enviado ayuda con rapidez y en cantidad y comprometió 300 millones de dólares en asistencia humanitaria. El despliegue del Departamento de Defensa suma unas 2.000 personas centradas en las tareas de rescate y de reparto de materiales de primera necesidad. La operación, según el jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, es posiblemente mayor que la organizada tras el paso del huracán Melissa en noviembre pasado por Jamaica, pero menor que tras el terremoto de 2010 en Haití

Tan elogiosa con el gobierno de Rodríguez, Washington es crítica con los intentos de  María Corina Machado por regresar a su país tras recibir en diciembre su premio Nobel de la Paz en Oslo. El Gobierno de Trump se opone a su regreso ahora. “Añadir cuestiones políticas sensibles a esta situación en estos momentos es contraproducente para nuestros esfuerzos de respuesta tras esta tragedia”, señaló un portavoz del Departamento de Estado.

“Trump está encantado de tratar con un Gobierno autoritario que accede a cada demanda y no tiene ningún interés en cambiar eso por lo impredecible de una transición política que probablemente condujese a una Venezuela más independiente”, apunta Phil Gunson, analista jefe para la región andina en Crisis Group y antiguo corresponsal en Caracas del Comando Sur de EEUU (desde antes del golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez).

El plan estadounidense para Venezuela tiene tres fases: estabilización; recuperación económica, y transición. Solo en la última se celebrarán elecciones supuestamente libres.

Según Gunson, la opinión en Venezuela es favorable a Estados Unidos. Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, son allí mucho más populares que Rodríguez, dice sin avergonzarse siquiera. “Por ahora, la percepción general de Estados Unidos y de sus trabajos de ayuda parece positiva, en contraste absoluto con el modo en que la gente ve la falta de respuesta del Gobierno venezolano».

*Politólogo y analista estadounidense, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)