Tupamaro: toda crisis puede ser transformada en una crisis revolucionaria

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Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario Tupamaro

Venezuela, en el marco de la actual crisis orgánica, por su importancia geopolítica y geoestratégica es un territorio fundamental en la definición de ese Nuevo Orden Mundial frente al cual nos encontramos, señala la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario Tupamaro, en un amplio documento sobre la coyuntura mundial y nacional:

Esto no es nada nuevo, ya en los tiempos de las luchas libradas contra la corona española, fue Venezuela, con nuestro libertador Simón Bolívar a la cabeza, la gran protagonista en la lucha contra el colonialismo y promotor de la integración de Nuestra América. Asimismo durante la Segunda Guerra Mundial Venezuela, como proveedor de recursos energéticos, fue el mayor exportador de petróleo del planeta. Más de 3 millones de barriles diarios fueron enviados a las fuerzas aliadas que enfrentaban a la Alemania Nazi.

Hoy, Venezuela con el estandarte de la Revolución Bolivariana, con su carácter antiimperialista y en su condición de potencia energética mundial, nos hemos convertido en un factor clave en la batalla por el Nueva Hegemonía de Poder planteada para el mundo. No en balde, desde que el camarada Hugo Chávez asumió la máxima magistratura del país, a Venezuela le ha tocado sortear múltiples ataques que van desde las operaciones sicológicas para sembrar el caos, el odio y la desesperanza en el pueblo venezolano, hasta llegar al golpe de Estado que sacó del poder al líder histórico de la Revolución Bolivariana por 47 horas en abril del 2002. Todas estas embestidas fueron sorteadas gracias al gran liderazgo del Comandante Eterno y a la determinación de un pueblo que a pesar de las presiones se negó y se niega a revivir la era del puntofijismo.

Ahora bien, ante la prematura desaparición física del comandante Chávez, la burguesía nacional e internacional, en vista de las debilidades lógica de liderazgo que este hecho trajo como consecuencia, han visto en este, el momento propicio para derrocar a la Revolución Bolivariana del poder político.

Sin embargo, en su desesperada acción, dos fuertes golpes recibió la contrarrevolución durante el año 2013, primero, la victoria popular del camarada Nicolás Maduro en abril, y luego, el arrollador triunfo obtenido (en medio de un ambiente hostil y reaccionario) por la alianza revolucionaria en las elecciones municipales efectuadas en diciembre pasado.

Luego de estas victorias populares, muchos en su buena fe, llegaron a creer ilusamente que estas derrotas asestadas a la ultra derecha ayudarían a calmar el ambiente de confrontación que desde hace mucho tiempo viene afectando al pueblo venezolano. Camaradas, algo debe quedarnos bien claro: así como el capital recorre el globo terráqueo las 24 horas del día, igualmente opera la gran burguesía contra los pueblos que defienden el derecho soberano de la autodeterminación, sin tregua y con el solo fin de garantizar la permanencia del decadente Bloque Histórico Burgués.

Operaciones psicológicas, guerra económica, infiltración apátrida en las estructuras del Estado y la violencia desatada por poderosos grupos paramilitares que hoy dirigen el crimen organizado, este ha sido el guion que a diario nos toca convivir al pueblo venezolano. Es bueno recordar que fue en febrero de 2014 cuando ocurrió la primera gran asonada contra el gobierno revolucionario que preside el camarada Nicolás Maduro, la cual logró ser desmantelado gracias a la acción de un grupo de patriotas que no se prestaron al juego de los traidores, que no cesan en su deseo de entregar las riquezas de nuestro país a grupos económicos extranjeros y llevarnos nuevamente al abismo neoliberal. El mismo abismo que sumió en la miseria más terrible al 85% de los venezolanos a finales de la década de 1990.

A partir de ese momento, hemos sido testigos de cómo el fascismo ha desatado toda una ofensiva conspirativa, nacional e internacional, que incluye una devastadora guerra económica y la propagación de la violencia a efectos de mantenernos en zozobra para debilitar la base de apoyo al proceso de cambios.

Comparativamente hablando, la actual guerra económica en sus distintos estamentos (contrabando, desmantelamiento del sistema productivo nacional, acaparamiento, especulación, robo de divisas, guerra de precios contra el petróleo) representa un impacto estructural contra nuestro país, mucho más terrible a los vividos durante el Paro Petrolero (diciembre 2002-marzo 2003). Ante esta realidad, la actual conspiración requiere de una respuesta mucho más amplia que la sola recuperación de nuestra capacidad de extracción de hidrocarburos o la recuperación en el precio del petróleo. No, lo que se impone es la necesidad de concretar un plan estratégico que destruya desde su núcleo a las mafias que amenazan la estabilidad del gobierno revolucionario.

Para revertir esta situación hemos planteado en distintos escenarios:

A corto plazo: a) iniciar un proceso de reingeniería fiscal que implique el aumento de la tasa de impuesto para los grandes capitales, a los efectos de obligar que lo dueños de esos recursos mantengan un proceso de reinversión permanente en el país; reducir drásticamente el flujo de recursos del Estado en la banca privada para disminuir las nocivas tendencias del dinero electrónico usado para los procesos de presión contra el dólar y la creación de empresas fantasmas;

b) creación de un equipo de inteligencia financiera para detectar manejos dudosos de capitales integrado por un equipo multidisciplinario con expertos de distintas especialidades, informática, matemáticas, economía y finanzas, etc.;

c) para reducir las distorsiones en materia macroeconómica, hemos dicho que debe ajustarse a precio de costo la gasolina, aplicando un plan progresivo de tres años para los vehículos particulares y a cinco años para el sistema de transporte; d) fortalecer la red de suministro del Estado (Mercal, Pdval, etc.) haciendo una distribución equitativa de los productos de primera necesidad para el pueblo a bajo costo; continuar con las políticas de integración y solidaridad internacional como frente de lucha a las prácticas injerencistas de Washington.

A mediano plazo: hemos planteado la centralización de las operaciones de comercialización, que con bases en una economía planificada nos permitan establecer las reales necesidades de consumo del país, para así derrotar a las mafias especulativas que han operado en el desangre de nuestras divisas.

A largo plazo:

a) hemos propuesto la creación de zonas especiales de desarrollo en las áreas industrial, agroindustrial y de alta tecnología para el logro de la Venezuela productiva;

b) en relación a nuestras industrias básicas, hemos planteado la necesidad inmediata de desarrollarlas aguas abajo para desconcentrar el exceso de personal y el burocratismo que afectan la funcionalidad de las mismas; igualmente aplaudimos la iniciativa asumida por el camarada Maduro en lo que corresponde con la reducción del burocratismo dentro del Estado, tarea asignada al compañero Dante Rivas, a lo cual le damos nuestro total apoyo.

En lo relacionado a la violencia, desde 2007 hemos venimos denunciando la penetración paramilitar en territorio nacional, asimismo hemos indicado que el hampa común ha desaparecido de manera sistemática para dar paso a toda una red de crimen organizado muy al estilo de Colombia y México, donde actúa coordinadamente tanto el paramilitarismo, el narcotráfico, elementos infiltrados en los cuerpos de seguridad, e incluso miembros del sistema judicial. Todo lo cual, configura una estructura mercenaria que en esta nueva fase conspirativa, viene operando sobre objetivos políticos, asesinando líderes populares, escolta de personalidades, funcionarios del Estado, lo que unido a la lista de asesinatos que a diario muestran los medios de comunicación, crean un clima de tensión y terror en el pueblo, propicio para que el complejo mediático desarrolle sus operaciones sicológica mostrando a Venezuela como un Estado Fallido.

c) En tal sentido, apoyamos la iniciativa del gobierno nacional, en lo relacionado al importante proceso de reorganización de los cuerpos de seguridad. Debemos recordar que durante el golpe de Estado de abril de 2002, tanto el Cicpc y en aquel entonces la Disip, eran parte activa del plan golpista. No obstante, dicho proceso de revisión no tendrá éxito si en el mismo no se involucra al Poder Popular, ya que es justamente el pueblo organizado el llamado a asumir el planteamiento de Defensa de Todo el Pueblo.

d) De igual manera, dicho proceso de restructuración quedará a medio camino, si no se hace una evaluación descarnada sobre nuestro sistema judicial, el cual requiere de una profunda revisión para colocarlo a tono con los objetivos trazados en el combate al crimen organizado, en el fortalecimiento institucional del gobierno nacional y la desarticulación de las motivaciones insurreccionales que se mueven detrás de la violencia que opera en nuestro territorio.

En el plano investigativo, es importante detectar las fuentes de financiamiento interno del paramilitarismo, para ello proponemos e) profundizar el trabajo de inteligencia para desarticular la red de prestamistas a pago diario, así como revisar las adquisiciones de fincas y empresas hechas recientemente por personas extranjeras o recientemente nacionalizadas.

En líneas generales, observamos que la acción desarrollada por la contrarrevolución en Venezuela, trabaja en dos líneas de acción claramente delimitadas. La primera de ellas, fortaleciendo el proceso de infiltración, incorporando y captando gente para el debilitamiento y desgaste estructural del gobierno revolucionario, fomentando un consecuente proceso de ingobernabilidad, que deje al Estado sin capacidad de respuesta ante la crisis inducida que afecta a Venezuela. La segunda, se corresponde a un plan se asedio permanente en términos económicos, políticos y mediáticos. Donde la guerra económica y la violencia, actúan sistemáticamente para anular la capacidad de respuesta del gobierno y de las fuerzas populares que le apoyan. El plan apunta a desarticular cualquier capacidad de respuesta ante un golpe de Estado al modo tradicional, o a debilitar la alianza revolucionaria rumbo a las elecciones parlamentarias, con objeto de que la contrarrevolución logre una mayoría que le permita dar un golpe institucional al estilo Honduras o Paraguay.

Desde Tupamaro, estamos convencidos de que toda crisis puede ser transformada en una crisis revolucionaria, lo cual implica estudiar y entender las oportunidades táctico-estratégicas que surgen en medio de una determinada coyuntura, para actuar con claridad en un plan de acción que siendo analizado científicamente nos conduzca por el sendero del éxito.

En este sentido, la militancia del MRT lejos de desesperarse por las contradicciones que hoy se expresan en Venezuela ve, por el contrario, que esta se convierte en un momento oportuno para reimpulsar y radicalizar el proceso venezolano.

Fue gracias al análisis permanente de la realidad y la comprensión de la naturaleza de los ataque que sufrimos, como logramos este año transformar todo la embestida mediática desarrollada nacional e internacionalmente contra nosotros en un trampolín para dar un gran salto adelante en el conocimiento de quienes somos realmente los tupamaros, nuestra visión de mundo, nuestro programa de lucha, aparte de demostrar una férrea disciplina militante y nuestra capacidad para adaptarnos a distintos escenarios, para actuar de manera decididas sobre ellos.

Es importante señalar que, dentro de todo el avance conspirativo desarrollado en Venezuela, Tupamaro no quedó exento del proceso de infiltración, el cual, gracias a un eficiente trabajo de contrainteligencia, pudimos detectar a tiempo y cortar de raíz de manera efectiva. Ciertamente, el plan que buscada dividir a Tupamaro fue muy bien orquestado, de no haber sido detectado a tiempo pudo haber creado una fractura importante de nuestra organización. Sin embargo, lejos de ocurrir eso, hemos salido fortalecidos en la acumulación de fuerzas, sobre todo en las regiones donde estos grupos infiltrados operaron con mayor diligencia, en especial en el occidente del país.

Con nuestra efectiva respuesta, hemos enviado un mensaje claro a nuestros enemigos: Tupamaro es una organización de conducta revolucionaria, donde existe una permanente vigilancia revolucionaria de nuestros cuadros, bien sea para evitar desvíos en su conducta, o, cuando la situación lo amerite, para depurar y seguir adelante.

En el quehacer, Tupamaro ha definido una hoja de ruta en la coyuntura actual, la cual detallamos a continuación.

-Avanzar con nuestro proceso de expansión y crecimiento de la militancia, para lograr una efectiva acumulación de fuerzas en la suma de voluntades al proyecto Tupamaro, así como en la formación de nuestros cuadros y en la acción permanente de calle.

-Dar continuidad y fortalecer el trabajo de formación y capacitación de la militancia y en especial de nuestra juventud, tanto en lo académico y lo político.

-Seguir desarrollando nuestra campaña de agitación e información, fortaleciendo los medios de difusión propios para contrarrestar la compaña infame de la canalla mediática.

-Continuar con el desarrollo de los bloques políticos de la organización, para incrementar nuestra dinámica de trabajo, aumentar los niveles de solidaridad y hermandad de nuestros cuadros, y nivelar los procesos de desarrollo de la organización.

Siendo consecuentes con el planteamiento de que Tupamaro debe prefigurar a lo interno la sociedad que quiere construir, hemos asumido como meta lograr nuevos niveles de organización, orientado hacia consolidar territorios controlados por el partido, masificando de manera militante el trabajo productivo ya emprendido por la organización en combate a la guerra económica; nos planteamos usar nuestras áreas de trabajo productivo como experiencias consejistas en el desarrollo del poder autónomo; avanzar en el proceso de autogestión financiera, tanto para el partido, como de la militancia. Los nuevos niveles de organización deben servir para impulsar la construcción del poder dual, base fundamental para la transformación revolucionaria del Estado burgués en Poder Comunal.

Queremos ratificar que para Tupamaro la lucha por el poder existente en Venezuela es una oportunidad única para comprender las dimensiones reales del enemigo al que nos enfrentamos, pues no son los lacayos nacionales quienes realmente dirigen el plan conspirativo que a muchos agobia, son poderosos sectores de la burguesía internacional, los mismos que han logrado sembrar el caos en Irak y Siria creando el Estado Islámico, los mismos que demolieron a Libia, los mismos que derrocaron el gobierno en Ucrania para instalar el fascismo más cruel en su versión neonazi más pura. En fin, son las mismas mentes macabras que son capaces de ordenar asesinatos masivos de niños bombardeando Palestina, matar de sed y hambre a criaturas indefensas en África, y lanzar guerras biológicas (Ébola, VIH, H1N1, etc.), solamente para subir las acciones de una determinada empresa farmacéutica. El imperialismo como fase superior del capitalismo, ese es nuestro enemigo fundamental.

Estamos en tiempos donde la comprensión de las contradicciones es clave para poder asumir con convicción, la unidad revolucionaria. Desde nuestra trinchera, daremos nuestros humildes aportes para lograrla, involucrándonos cada día más en los distintos ámbitos de acción política, bien sea obrera, campesina, estudiantil, comunal, etc.

De ninguna manera vamos a aceptar que la contrarrevolución nos intimide con su práctica de inculcar al pueblo la angustia e impotencia mediante el uso del terrorismo. Como vanguardia revolucionaria debemos aprovechar la actual crisis para tomar de ella la fuerza necesaria para vencer. Esta fuerza que mencionamos debe estar fundada en una inquebrantable unidad antiimperialista basada, en primer término, en una alianza revolucionaria consolidada mediante el debate y la conjugación de ideas, donde lo estratégico siempre esté por encima de lo meramente táctico.

Tal ha sido la preocupación histórica de nuestra organización sobre el tema de la Unidad como elemento fundamental para el triunfo de la Revolución que en marzo de 2011, compilamos una síntesis de nuestros debates en un documento (de vigencia irrefutable) titulado Propuestas del Movimiento Revolucionario Tupamaro sobre la Unidad en el Polo Patriótico , donde definíamos:

“… proponemos que la política de alianzas que hoy debemos construir se consolide a través de la unidad, la fusión y la síntesis de las necesidades, reivindicaciones, aspiraciones e intereses de todos los sectores clasistas, oprimidos y explotados, no como una coyuntura de unificación electoral. Por el contrario, como un proceso estratégico, concebido a largo plazo, donde se construya mediante el consenso, un programa común de acción colectiva que enfrente y derrote las nefastas políticas neoliberales, la social democracia y el neoreformismo.”

A lo cual añadíamos:

“ En definitiva, en el MRT somos de la idea que la meta política trazada estratégicamente para la Alianza Revolucionaria debe ser convertirnos, como frente de lucha, en constructores de un modelo alternativo al capitalismo y generar desde la racionalidad comunicativa, un plan de acción común, donde el debate, las ideas, valores y relaciones en términos sociales tengan coherencia en lo colectivo y esté por encima de lo individual. Se oriente a unificar voluntades en torno a una estrategia de organización no burocrática […] De lo contrario, habremos dejado de asumir la función básica de una Alianza Revolucionaria, la cual, tiene que ver con la participación activa a favor de los oprimidos en la polémica existente entre burgueses y proletarios, siendo esta la contradicción antagónica fundamental del capitalismo.”

Como se puede evidenciar, la conjugación de ideas y planteamientos hechos por el intelectual colectivo de Tupamaro en torno a la política de alianzas, nos lleva directamente a reflexionar sobre quién es nuestro verdadero enemigo, sobre todo, en medio de la lucha por la redefinición de hegemonías que hoy existe en el sistema, donde potencias mundiales disputan zonas de influencia, en medio de una gigantesca depresión económica mundial, de cruentas operaciones militares imperialistas, de sangrientas guerras civiles inducidas, así como de masivas protestas anticapitalistas y antiimperialistas que sacuden el orbe.

Hace poco, el camarada José Tomas Pinto, Secretario General de nuestro Partido, expresó en una entrevista hecha por Vladimir Villegas: “Hoy en día, muchos revolucionarios no entienden la naturaleza de las contradicciones que se están expresando en Venezuela, por eso yerran en el análisis y se equivocan a la hora de definir quién es el verdadero enemigo de la Revolución Bolivariana.”

Efectivamente, en tiempos recientes, hemos sido testigo como desde algunos sectores enmarcados dentro de la revolución han desatado un ataque sistemático contra el gobierno revolucionario presidido por el camarada Nicolás Maduro, que a nuestro modo de ver sólo favorece a la contrarrevolución. Dichas críticas en muchos casos, aparte de no estar hechas con métodos y estilos revolucionarios, han sido formuladas en base al mero teoricismo abstracto, sin tomar en cuenta la realidad concreta y sin exponer propuestas viables, peor aún, sin mostrar experiencias tangibles del qué hacer .

Es verdad, la crítica y la autocrítica son armas fundamentales para que los revolucionarios erradiquemos las nefastas prácticas del grupismo y amiguismo, que son alimentadas cuando, en actitud liberal, surgen la complicidad, la conciliación y la condescendencia con los errores y desviaciones. Sin embargo, sólo cuando dicha crítica se hace con los métodos y estilos revolucionarios, es que esta permite generar una verdadera camaradería, solidaridad y unidad en la acción; del resto, sólo favorece al enemigo, al motivar el fraccionalismo, la dispersión en la lucha y en muchos casos hasta la desmovilización.

Bastaría considerar el proceso histórico actual en su justa dimensión, para evidenciar las implicaciones reales de las contradicciones internas y externas que estremecen a Venezuela, Latinoamérica y al mundo y así distinguir con claridad quienes deben ser objeto de nuestros ataques.

Es cierto, que la Revolución Bolivariana ha venido a agudizar las contradicciones antagónicas existentes entre socialismo y capitalismo en nuestro país, pero, dentro del mundo globalizado en el cual vivimos, esta batalla que muchos creen únicamente nacional, en realidad forma parte fundamental de las relaciones y contradicciones internacionales que definirán el rumbo de la historia por muchos años.

Basándonos en lo antes expuesto, Tupamaro, como intelectual orgánico, ha decidido defender con todas nuestras fuerzas la permanencia de la Revolución Venezolana y al Gobierno Revolucionario en el poder, como única garantía para lograr:

En lo nacional: Defender el legado histórico del Comandante Chávez, la Revolución Bolivariana, como única vía posible para la consolidación del Poder Comunal, capaz de convertir los lugares naturales de los obreros, campesinos, estudiantes, etc. en espacios propicios para el surgimiento de las organizaciones autónomas de clase, que se consolidarán en un nuevo poder hegemónico enfrentadas al poder burgués: el llamado Bloque Social Revolucionario.

En lo internacional: Continuar siendo un faro de integración, impulsor de la multipolaridad como eje motor de un mundo, cuyos intereses globales se basen en el interés colectivo y no en el de un imperio genocida. Faro capaz de despertar la conciencia de los explotados en tanto que sí es posible construir una alternativa viable al capitalismo.

En lo táctico electoral, definitivamente después del receso vivido este año Venezuela va rumbo a un nuevo proceso trascendental: Las parlamentarias 2015, en el cual, se conjugarán los elementos tácticos y estratégicos que implican el derrocamiento de un gobierno antiimperialista o la reafirmación de un pueblo que ratifica su compromiso de seguir por la senda de la Revolución.

De por sí, Tupamaro siempre ha definido que lo electoral es un elemento meramente táctico para la Revolución, y que, tal como lo explicamos con anterioridad, la Alianza Revolucionaria debe transcender a los acuerdos electoralistas. Sin embargo, para 2015 vamos rumbo a un proceso electoral que implica que se pueda allanar el camino donde la contrarrevolución nos aseste un golpe de Estado institucional, muy al estilo del vivido por Manuel Zelaya en Honduras o por Fernando Lugo en Paraguay.

Sin temor a equivocarnos, la depresión económica global y voracidad del Imperio yanqui, harán que el contexto electoral parlamentario del próximo año en Venezuela transcurra en medio de un ambiente de confrontación de gran magnitud, lo cual implica que para superarlo, se requerirá del mayor esfuerzo unitario de los y las revolucionarias. En este sentido, a las fuerzas de la Revolución nos toca la gran tarea de unificar esfuerzos hasta lograr la articulación de una Alianza Perfecta donde quede expresada una verdadera Unidad en la Diversidad Revolucionaria , eso sí, con cuadros comprobados, leales al proyecto socialista, cuya moral y ética revolucionaria sea reconocida por el pueblo.

Dado que está en juego la continuidad del legado histórico del camarada Hugo Chávez, se hace necesario abrir un debate sincero, donde de manera honesta se evalúe uno a uno los cuadros que serán postulados por los partidos de la revolución. No puede haber allí, ni potenciales traidores, ni flojos, ni incapaces; sino mujeres y hombres leales, trabajadores y competentes.

Sólo de esta manera, podremos garantizar la continuidad de un proceso que inició de manera constituyente el comandante Hugo Chávez en aquella insurrección popular del 4 de febrero de 1992, donde, ahora como tributo, nos toca a los revolucionarios honrar su memoria con una gran victoria popular, una victoria donde resuene el rugido de un país que decidió ser libre y soberano: La República Bolivariana de Venezuela.