Stelling: Un país inasible/ Haddad: Democracia «on line»

17

 

Un país inasible
Maryclen Stelling|
Cuando pensamos a Venezuela, nos topamos con un país efímero, pasajero, temporal, en situación de hiperflexibilidad y en estado de transitoriedad permanente. Un país bajo el imperio de la imprevisibilidad que se sostiene en la provisionalidad de lo aleatorio.

El país de la brevedad y de la caducidad; de la improvisación ante la emergencia y urgencia de las coyunturas político-económicas. Un país que baila al ritmo de tambores de guerra y se mueve al compás de la confrontación; donde nada es permanente, a excepción de la batalla política.

El cambio, la sorpresa, lo impensable, la fragilidad y lo fugaz pasan a ser la cotidianidad. Impera el eterno recomenzar, reconstruir, rescatar consolidándose una suerte de dinámica de la transitoriedad. Tal sentido de transición permanente, compartido por todos los protagonistas, se ha instituido como normalidad institucional. La preocupación por el corto plazo y la gobernabilidad, en alianza con el síndrome fundacional, condicionan y sacrifican el sentido del largo plazo. Un país “prêt-à-porter” a la medida de las circunstancias.

El país de la candelita, del “por allá fumea”, del “yo no fui”; el país del peloteo de la culpa y la responsabilidad. Un país que se diluye jugando a policías y ladrones, a malos y buenos, a culpables e inocentes… Un país en permanente tensión que parece caminar en la cuerda floja o al borde del precipicio.

Resultado de imagen para yo no fui
Crisis y transición fracturan las estructuras, alimentan la anomia, fragmentan los vínculos que generan procesos de sentido, significaciones y certezas. Factores que permean y pervierten silenciosamente el tejido social y, “sin querer queriendo”, nos invade un sinsentido de sociedad colapsada… Condición alimentada por quienes apuestan por el desaliento y las utopías negativas, en tanto estrategia política dirigida al debilitamiento del adversario.

Un país de ciudadanos que, atravesados por la crisis y ante la carencia de un lugar en “la sociedad colapsada”, se recluyen en sus espacios privados, en la escucha cómplice para significar el sinsentido, en su verdad política, en las redes sociales… viviendo y alimentando el divorcio político y olvidando que, de una u otra forma, todas y todos estamos traspasados por la misma realidad.

Un país que reta al diálogo y a cualquier gestión para lograr la pacífica y democrática convivencia.

La democracia “on line”
Resultado de imagen para democracia on lineBeltran Haddad Haddad| Es sorprendente el crecimiento de Internet como crecientes las posibilidades de accesibilidad. En principio, uno lo ve como el espacio donde la participación ciudadana alcanza el amplio sentido de globalización y de sociedad universal de la comunicación arborizada, de todos e ilimitada. Sería una verdadera democracia electrónica, “on line”, si existiera una ética.

Esa democracia virtual no es como muchos piensan porque la ética desapareció de la red y, detrás de la tecnología, la indecencia y el anonimato, llegaron como amenazas reales contra todos. Es la democracia convertida en libertinaje electrónico, con sus estafas en subastas y ventas engañosas, la pornografía, la apología al delito y los atentados al honor y la reputación de las personas. Es una democracia que vive amenazada por virus, programas espías, correos “basura” y chivatos que roban la información. Alguien dijo que la historia humana se convierte cada vez más en una carrera entre la comunicación y la catástrofe.

Pero veamos la cara positiva de esa “democracia on line”. En estos días me encontré con unas interesantes reflexiones sobre las nuevas tecnologías y los derechos fundamentales, escritas por el catedrático español Francisco Javier Díaz Revorio; él se refiere, entre otras cosas, al referirse a Internet, igualdad y democracia, a las posibilidades de las nuevas tecnologías de facilitar el ejercicio de los derechos de participación en la vida política y social, y la necesidad que hoy se siente de poder ejercer ese acceso, esa participación de todos en la vida política y ¿por qué no el voto electrónico? Por supuesto, el concepto de democracia electrónica no puede reducirse al ejercicio del sufragio a través de la red, sino que su amplio sentido debe abarcar la utilización de Internet para el ejercicio de otros derechos y manifestaciones ciudadanas en la vida política, económica, social y cultural de un país.

Es como profundizar la democracia. Nosotros tenemos el “voto electrónico” que se ejerce en las mesas electorales, lo ideal sería ejercerlo por Internet desde terminales propios del usuario, como la casa en que vivimos. Lo que necesitamos -dice Díaz Revorio- son mecanismos de seguridad que impidan el fraude o la posibilidad de votar dos veces, o la de votar por otra persona. Sería una gran ventaja y una comodidad excepcional votar desde la casa en democracia “on line” y no hacer “colas”.