Sí, ¡cómo no!

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Jose Manuel Rodriguez Rodriguez

Hinterlaces le preguntó, a 1.200 entrevistados, sobre el modelo económico que creen se está aplicando en nuestro país. Y les señaló tres: 1º, modelo mixto, -entiendo que no se está refiriendo a la inversión conjunta del capital estatal y el privado sino a una mezcla sui generis de capitalismo y socialismo-; 2º, modelo capitalista y 3º, modelo socialista. Los resultados fueron estos: 69% mixto, 19% socialista, 9% capitalista, 3% no contestó. Tales apreciaciones no muestran ninguna contradicción con los resultados que arrojan la otra pregunta realizada: ¿Con cuál estaría usted de acuerdo? Aquí los encuestados respondieron: 45% el mixto, 26% el socialista, 24% el capitalista y 5% no contestó.

Sin embargo, el asunto no es así de fácil. Si se le preguntara a esa misma gente que definiera el modo de producción socialista -pues el capitalista todo el mundo lo tiene claro- seguramente oiremos a una buena parte de ellos decir que la economía es socialista cuando opera bajo control del Estado, no del mercado. Otra parte diría que es socialista cuando las empresas son del Estado y no privadas. Y un tercer grupo -mucho más pequeño-, diría que es socialista cuando los medios de producción son colectivos.
Mantener esa ambigüedad es parte de la esencialidad del tutelaje. El gobierno y, en consecuencia, el Partido, asumen que siendo ellos socialistas todo lo que hagan llevará ese adjetivo. Tal cosa convierte en engañosa parábola el asunto de la propiedad colectiva de los medios de producción: “si el Estado es dueño de los medios de producción, ellos son de todos sus ciudadanos”. ¡Si, como no! Basta con recordar lo que hizo Rafael Ramírez y su tribu con “la PDVSA de todos”.      
Seguramente los técnicos de Hinterlaces no tienen por qué conocer la doble esencialidad socialista que señalaba Marx. La primera: acabar con el trabajo enajenado, donde el producto del trabajo no pertenece al trabajador… La segunda: para lograr el desarrollo del trabajo sin explotación es indispensable sustituir la competencia individual por el esfuerzo colectivo…
Más grave es que el gobierno de Maduro tampoco lo entienda, o peor, que no lo quiera entender.