¿Será que algo estamos haciendo mal?

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TOBY VALDERRAMA | Si revisamos el paisaje político encontraremos muchos desajustes. No los nombremos para no correr el riesgo de que se nos interprete mal, estos son días de mucho cuidado, el viento no está a favor, el cretinismo se desespera frente a las dificultades y busca, cómodo, culpables para evitar ir al fondo.

DSC_0138El Arado y El Mar

Estamos bajo fuego oligarca internacional, los de aquí son simples marionetas. La expulsión de los agentes gringos ilustra bien la situación, el imperio desarrolla una fina estrategia contra la Revolución, los agentes expulsados son sólo una pequeña muestra de la operación, quizá la menos importante, quizá un señuelo, una clara señal del apoyo de los gringos, una invitación, una orden a seguir conspirando sobre seguro… ¡Los gringos apoyan la conspiración!

Frente al complot tomamos medidas, pero la sedición sigue. Amenazamos y todos los días aparecen nuevos ataques. El plan de la contrarrevolución avanza y parece que no podemos detenerlo, no terminamos de derrotarlo. Nuevas maneras de obstaculizarnos aparecen todos los días. Se va configurando una imagen de debilidad, de impotencia, el enemigo se difumina, aparece en el radar, pero, incomprensiblemente, se esfuma. Un día lo acusamos, y a las horas lo reivindicamos, pedimos su colaboración, parece una guerra sin enemigo, sin límites, sin líneas de combate. La masa confundida se aquieta, busca salidas personales, grupales, se pierde la noción de sociedad. Aquí surge una pregunta: ¿Qué estamos haciendo mal?

La hora es difícil, y previo a cualquier medida, a cualquiera acción, exige reflexión, revisar la teoría que guía la acción, es necesario afinar la idea, fortalecerla, ella determinará el destino de la Revolución. Recordemos que una Revolución derrotada siempre lo ha sido previamente en la idea. Martí decía que una idea justa desde el fondo de una cueva podía derrotar a un ejército. Destacaba así la importancia de la teoría, de la idea, del pensamiento, se enfrentaba al pragmatismo, a la acción sin rumbo, al ardilleo sin propósito. Podemos deducir que sin idea, hasta un numeroso y bien equipado ejército, un pueblo, será desgastado, derrotado.

Debemos aceptar que algo anda mal: ¿Por qué los gringos para concretar su ofensiva fueron a Guayana, la tierra del control obrero? ¿Por qué SIDOR, en esta hora aciaga, se empeña en paros desproporcionados? Debemos concluir que algo está fallando en la organización social. ¿Por qué todos los días hay varios conflictos de baja intensidad, pequeños saqueos, cierre de vías? Se puede adelantar que algo no funciona en la organización del poder popular, en la conciencia colectiva, en el sistema de valores ¿Por qué no terminamos de atacar a los conspiradores de aquí adentro, a sus intereses? Si los gringos merecen expulsión por conspiradores, ¿por qué perdonar a sus contrapartes nacionales? Algo nos frena.

No se trata de buscar culpables, de cambiar personas, de ensayar nuevas estructuras, allí no está la solución. Debemos repensar primero la teoría que guía la acción, buscar la idea justa que nos hará invencibles.

¿No será que lo que llamamos «pueblo» necesita a sus dirigentes?, ¿que si dejamos la masa a merced del espontaneísmo, ésta reproducirá la lógica capitalista, el egoísmo, actuará de acuerdo a sus intereses individuales, se enfrentará a los intereses de la sociedad toda, al Socialismo, y debilitará el gobierno revolucionario?

¿No será que hemos descuidado la espiritualidad revolucionaria, la sustitución cultural, que hemos sido víctimas de los estímulos materiales que hundieron a otras revoluciones? ¿No será que la compensación material sola, sin elevación de la conciencia, está generando en el pueblo a sus propios verdugos? Sin duda hemos olvidado que la compensación material sola, aislada de la espiritualidad, siempre, inevitablemente, será reaccionaria.

Debemos discutir con urgencia… Rectificar lo que la realidad indica.

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