¿Se desvanece el acuerdo entre Washington y Caracas?

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Leopoldo Puchi

Washington viene de tomar decisiones que impactarán directamente en la economía y en la evolución de los acontecimientos políticos de Venezuela. La OFAC ha decretado el cese de todas las transacciones entre entidades estadounidenses y la empresa Minerven. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado ha anunciado que, en abril, revocará la flexibilización de las sanciones en el sector petrolero y gas, a menos que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela modifique su sentencia que ratifica la inhabilitación de María Corina Machado.

La flexibilización de las sanciones estadounidenses comenzó en noviembre de 2022 con una licencia especial a Chevron y posteriormente se amplió con la Licencia General 44 de 2023, que proporciona un alivio extenso al sector de petróleo y gas.
Reimposición
Este cambio de políticas hizo pensar que la Casa Blanca comenzaba a abandonar su enfoque anterior y mostraba disposición para emprender un proceso de normalización de las relaciones bilaterales. Esta evolución planteaba incluso la posibilidad de establecer un nuevo marco más sólido de cooperación petrolera, basado en beneficios mutuos y respeto recíproco. Sin embargo, estas perspectivas parecen desvanecerse a la luz de los eventos más recientes.

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La reimposición de sanciones refleja la persistencia de elementos característicos de la política hacia Venezuela durante la administración Trump: el intento de un Estado de imponer su voluntad a otro y el uso de sanciones como instrumento de fuerza destinado a dañar las capacidades económicas del país y desmantelar parte de su estructura productiva.

Ingresos
Según un reciente informe del Servicio de Investigaciones del Congreso de Estados Unidos, la imposición de sanciones a Venezuela ha contribuido a desencadenar “una crisis económica en el país que ha impulsado a 7,7 millones de venezolanos a huir”. Si las licencias petroleras se retiran en abril, esta crisis se agravará, ya que los ingresos disminuirán una vez más.
Los objetivos de la reimposición de sanciones petroleras incluyen la restricción al máximo de la recaudación de ingresos por la exportación de crudo, dificultar nuevas inversiones en energía y aumentar los riesgos de escasez interna de combustible. Además, con el retorno de la estrategia de ‘máxima presión’, se busca evitar la concreción de escenarios favorables de crecimiento económico.
Sullivan
La visita de Jake Sullivan, un nuevo gesto de acercamiento en la tirante  relación con Estados UnidosCon este movimiento de piezas, se pone de manifiesto que Washington no ha logrado liberarse de las viejas premisas, a pesar de las decisiones de la administración Biden para abrirse a Venezuela y del enfoque pragmático de Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Sullivan ha presentado para el escenario global un renovado diseño de política exterior más realista para la interacción con las naciones que han optado por no alinearse con Estados Unidos.
En esta perspectiva, se enfatiza la necesidad de respetar la soberanía y el derecho de cada nación a tomar decisiones según sus propios intereses. Sin embargo, implementar esta visión ha resultado difícil, como lo evidencia el reciente retroceso en relación con Venezuela.

Simulación
En las declaraciones del Departamento de Estado se menciona el 18 de abril como el momento para retomar la política de “máxima presión”, de manera que todavía hay una ventana de tiempo para que Washington reconsidere su decisión.
Desde el principio, la autorización concedida a Minerven causó extrañeza y fue interpretada por varios analistas como una ficha estratégica en la lista de licencias, susceptible de ser utilizada en el momento adecuado para simular firmeza al ser revocada y satisfacer así a los sectores más radicales. Si esto resulta cierto, estaríamos en una situación en la que “la sangre no llegará al río” y lo que observamos sería simplemente un juego de sombras.
A tiempo
La verdadera motivación detrás de la estrategia de sanciones de Trump residía en lograr la reinserción de Venezuela en la órbita estadounidense. A pesar de que Sullivan ha rediseñado la política exterior de manera más pragmática, dicho objetivo no ha sido abandonado por completo. Sin embargo, es necesario tener en cuenta las nuevas realidades geopolíticas, como las guerras en Ucrania y el Medio Oriente, que podrían redefinir los objetivos y configurar nuevos escenarios de cooperación. Todavía existe la oportunidad de evitar que se retroceda hacia una política de sanciones que ha sido infructuosa y ha ocasionado inmensos daños.